Saleh al-Arouri era vicepresidente del buró político de Hamás y fundador de las Brigadas al Qassam, el brazo armado del grupo. También tuvo un papel clave en la expansión de Hamás en Cisjordania

Golpe a la cúpula de Hamás: un ataque aéreo israelí mata al número dos de la organización en Beirut

Un palestino sostiene banderas de Hamás
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photo_camera Un palestino sostiene banderas de Hamás - AFP/JOHN MACDOUGALL

La guerra entre Israel y Hamás sigue escalando y elevando las tensiones regionales tras el asesinato en Beirut de Saleh al-Arouri, el número dos del grupo islamista. Al-Arouri ha sido eliminado en un ataque israelí con drones junto con otros miembros de Hamás en el suburbio beirutí de Daniyeh, bastión de Hezbolá en la capital del Líbano. 

Al-Arouri era vicepresidente del buró político de Hamás y fundador de las Brigadas al Qassam, el brazo armado de la organización. El número dos de la organización, solo por detrás de Ismail Haniyeh, tuvo un papel clave en la expansión de Hamás en Cisjordania, donde orquestó numerosos ataques contra Israel. Al-Arouri, de 57 años, también tenía estrechos vínculos con Hezbolá y con la Guardia Revolucionaria iraní. 

Vivió en Damasco hasta 2011, cuando Hamás se posicionó al lado de la oposición al presidente Bashar Al-Assad durante la guerra civil. De Siria se mudó a Turquía, aunque tuvo que abandonar el país en 2018 después de que Ankara expulsase a varios miembros de Hamás con el fin de mejorar sus relaciones con Israel. Finalmente Al-Arouri se estableció en Beirut, donde trabajó para fortalecer las relaciones entre Hamás y Hezbolá, así como para reconciliarse con Al-Assad. 

Al-Arouri ha sido un objetivo para Israel desde hace años. No obstante, según señalan funcionarios israelíes a Axios, Jerusalén no quiso eliminarlo en Estambul y más tarde en Beirut para no dañar las relaciones con Turquía y evitar provocar a Hezbolá. 

Todo cambió tras el ataque del 7 de octubre, una masacre que ha sido considerada por los servicios de inteligencia israelíes como el Múnich de la época, haciendo referencia al ataque terrorista en los Juegos Olímpicos de 1972, cuando miembros del grupo Septiembre Negro mataron a casi una docena de atletas israelíes en la ciudad alemana. 

"En Gaza, en Cisjordania, en el Líbano, en Turquía, en Qatar, en todas partes. Nos llevará algunos años pero destruiremos a Hamás", aseguró el jefe de la agencia de inteligencia Shin Bet, Ronen Bar, el pasado mes de noviembre. También el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha ordenado al Mossad perseguir a los líderes de la organización islamita en todo el mundo. 

La muerte de Al-Arouri, uno de los arquitectos del 7 de octubre, ha sido un gran golpe para la cúpula de Hamás. El vicepresidente del buró político es el líder de mayor rango que ha sido asesinado desde el 7 de octubre, por lo que Israel se prepara para un posible represalia por parte de Hezbolá, organización que lleva lanzado ataques contra territorio israelí desde el comienzo de la guerra. 

El grupo chií libanés respaldado por Irán ya ha asegurado que el asesinato de Al-Arouri no “quedará sin represalias o castigo”. Fuentes israelíes indicaron a Axios que les preocupa que Hezbolá intensifique sus ataques y lance misiles de largo alcance contra ciudades importantes como Haifa o Tel Aviv. “Un ataque de este tipo podría provocar una reacción mucho más fuerte por parte de Israel que rápidamente podría degenerar en una guerra regional”, destaca Axios basándose en las fuentes. 

Por el momento, Hamás ya ha anunciado a los mediadores egipcios y cataríes que suspenderá las negociaciones actuales relacionadas con los más de 100 rehenes israelíes que continúan secuestrados en la Franja de Gaza. Haniyeh, líder de Hamás, ha calificado el ataque como un “crimen flagrante” y una “violación de la soberanía libanesa”.

En este sentido, el primer ministro libanés en funciones, Najib Mikati, también condenó el ataque, considerándolo un "crimen israelí" destinado a arrastrar al Líbano a la guerra en Gaza.

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