Las protestas se intensifican en el sureste del país y las autoridades endurecen aún más la respuesta contra los manifestantes

La represión de las fuerzas de seguridad iraníes deja 10 nuevos fallecidos en Zahedán, según Amnistía Internacional

photo_camera PHOTO/AFP - Los iraníes protestan en Sanandaj, capital de la provincia iraní del Kurdistán, el 19 de septiembre de 2022 tras la controvertida muerte de una joven kurda mientras estaba detenida por la "Policía de la Moral", que hace cumplir los estrictos códigos de vestimenta.

Zahedán, capital de la provincia de Sistán y Baluchistán, es la región que está viviendo la mayor ola de protestas por parte de los ciudadanos iraníes contra el régimen dictatorial de Ali Jamenei. Como no podía ser de otra forma en Irán, la represión por parte de las fuerzas de seguridad está dejando graves secuelas en los manifestantes. En esta ocasión, Amnistía Internacional eleva a diez el número de muertos a manos de la Guardia Revolucionaria en Zahedán, al sureste del país, cerca de las fronteras con Pakistán y Afganistán.

Las protestas se han intensificado y así lo ha hecho también la respuesta por parte del Gobierno. Este pasado fin de semana ha sido de los más duros desde que se iniciaran las protestas a finales de septiembre. Según activistas y residentes en la ciudad de Khash, los disturbios fueron repelidos con fuego real por las autoridades. Los manifestantes marcharon desde una mezquita hasta la casa del gobernador de la localidad, situada a 145 kilómetros de Zahedán. Los gritos de “Muerte a los dictadores” y “Muerte a Basiji” - la fuerza paramilitar voluntaria del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica que ha estado involucrada en la brutal represión - fueron los más repetidos durante las protestas.

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Mulvi Abdul Hamid, imán de la mezquita central de Zahedan, aseguró el sábado que “varios adolescentes y jóvenes que se reunieron frente a la gobernación de la ciudad de Khash y gritaron consignas y comenzaron a arrojar piedras fueron atacados directamente con balas reales”. También dijo que la violencia con la que está respondiendo el Gobierno presidido por Ebrahim Raisí es una clara muestra de “la profundidad de la opresión y la discriminación” a la que está sometida el país y por la que precisamente la población lleva semanas saliendo a las calles a protestar.

Desde Amnistía Internacional han informado de la muerte de 10 personas, incluidos algunos niños. Además, han manifestado su preocupación “por un mayor derramamiento de sangre en medio de interrupciones en Internet e informes de que las autoridades trajeron más fuerzas de seguridad a Khash desde Zahedán”. Ni siquiera las VPN sirven ya para comunicarse a través de Internet. Asif Burhanzai, residente de Mirjaveh, decía en declaraciones al medio Arab News que La mayoría de nuestros amigos y familiares en Zahedán y Khash estaban usando Internet a través de VPN, pero después del viernes, tampoco pudieron conectarse a través de ella”.

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El número de muertos desde que empezaron las protestas asciende hasta las 304 personas, según la organización Iran Human Rights (IHR). Sin embargo, la propia IHR informa de que el número puede ser ampliamente superior ya que “han recibido un gran volumen de informes de muertes que continúa investigando con interrupciones de Internet”, por lo que el total de fallecidos es “ciertamente mayor”. Hasta 22 provincias han visto morir ciudadanos iraníes que protestaban contra el régimen, entre las que destacan Sistán y Baluchistán, Mazandaran, Kurdistán, Gilan, y la capital, Teherán.

Lo que tienen claro los iraníes es que “esta revolución no tiene marcha atrás”, como afirma Nilufar Saberi, una activista iraní residente en España. Pero también saben que conseguir acabar con 40 años régimen ayatolá no es tan sencillo y piden el apoyo de la comunidad internacional, sobre todo en un momento en el que cada vez es más difícil comunicarse con el exterior. Desde Occidente hay un sentimiento de precaución ya que la negociación sobre el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) vuelve a estar cercana.

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El ministro de Exteriores iraní Amir-Abdollahian, anunció la semana pasada que una delegación iraní acudirá a Viena para retomar las conversaciones sobre un nuevo acuerdo nuclear. El objetivo es seguir acercando posturas con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), con quien, por el momento, aún existen importantes desavenencias. Es más, existe una visión pesimista en relación al JCPOA ya que, algunos como el secretario general del Partido Democrático Libre alemán, creen que “no tiene futuro y no se ajusta a la realidad”.

Cree además que retomar ese acuerdo firmado en 2015 y abandonado unilateralmente por Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump en 2018 implicaría “negociar con un régimen inhumano, que es rechazado completamente por su propio pueblo y que no tiene legitimidad alguna”, por lo que acercase a sus exigencias, tal y como es el contexto en el país iraní, parece complicado. Así, la población iraní sigue luchando en las calles, pidiendo a gritos la ayuda de la comunidad internacional, que se ve atada por la amenaza nuclear de Irán.