El primer ministro de Exteriores desde la Transición, Marcelino Oreja Aguirre, presenta su nuevo libro ‘Europa, vocación y destino de España’

“Señor, no sabía que Su Majestad tuviera un brazo tan largo”

photo_camera Marcelino Oreja Aguirre

Pocos son los elegidos capaces de palpar la historia desde cerca. Más difícil es aún hallarse en primera fila, o incluso ser determinante en el devenir de los tiempos. El diplomático Marcelino Oreja Aguirre, primer ministro español de Asuntos Exteriores desde la Transición, ha tenido el privilegio de ser uno de ellos. Una figura presente durante décadas en todas o casi todas las instancias del Estado. Aunque su extensa hoja de servicios destaca por su reconocida labor como representante de España en el exterior.

El Aula Magna de la Universidad San Pablo CEU se vestía de gala este lunes para recibir a un hombre de la casa. Acompañado del periodista Bieito Rubido, director de El Debate, el ministro Oreja presentaba ‘Europa, vocación y destino de España’, un alegato en forma de libro en que el autor recoge los retales de una vida dedicada a la política y donde aboga por una mayor influencia de España en el seno de la Unión Europea. Algo que, para el diplomático, “lamentablemente hoy no se cumple”. 

Rubido reconoció que el libro es “una gran oportunidad de acercarse a la figura de Marcelino”, cuyo papel resultó “crucial” a la hora de tender puentes con el Viejo Continente una vez finalizada la dictadura. Sin embargo, el diálogo comenzó rememorando la figura de su padre, Marcelino Oreja Elósegui, asesinado antes de su nacimiento y durante la revolución de octubre de 1934 en Guipúzcoa, pero del que siempre ha tenido “un recuerdo vivo”.

Marcelino Oreja Aguirre

Marcelino Oreja puso de relieve la importancia del Grupo Tácito, un conjunto de periodistas, intelectuales y políticos de dentro y fuera del régimen que comenzaron a publicar artículos que propugnaban un aperturismo democrático en España. “Tratamos de crear un grupo de pensamiento que luego propició la Transición”, expresó el exministro. Aquel pequeño club, copado por sectores del franquismo y la oposición, supuso el germen del cambio de régimen que finalmente se produjo en 1975, después de la muerte de Franco.

Integrante destacado de la generación de políticos que impulsó la Transición, Marcelino Oreja intuyó entonces que “había una necesidad de ver cómo se podía traducir un cambio, y para ello era importante poner de manifiesto la ilusión que nació durante el camino”. Aunque, entre sus máximas, se encontraba la de “llevarlo a cabo con rigor”.

“Había una necesidad de ver cómo se podía traducir un cambio. Es importante poner de manifiesto la ilusión que nació durante el camino. Era necesario llevarlo a cabo con rigor”, sentenció Oreja. Aunque nada de aquello podría haberse producido si no llega a ser por el rey, adujo el exministro. Y es que, según él, existió “una pretransición democrática” cuando Juan Carlos I viajó a Estados Unidos en 1976. Fue en el Congreso estadounidense donde el rey de España incluyó por primera vez la palabra “democracia”.

Marcelino Oreja Aguirre

La actuación del cuestionado rey emérito resultó determinante. Juan Carlos I jugaba un papel fundamental en la política exterior española en aquel entonces. Tanto es así que el ministro Oreja despachaba cada dos semanas con el monarca. En la actualidad, la figura del rey español continúa teniendo peso internacional, pero no la misma que antaño. El rey emérito se vio en la obligación de impulsar el aperturismo democrático y ganarse así su propia legitimidad. 

Una de las decenas de anécdotas que guarda para sí Marcelino Oreja se retrotrae al instante en que mantenía en compañía del rey Juan Carlos un encuentro diplomático con Argentina durante la dictadura de Videla. “Una dificultad”, según el exministro por la idiosincrasia del régimen. Sin embargo, el rey emérito mostró su habilidad y mantuvo cierta cordialidad con Videla en un extraño abrazo. “Señor, no sabía que Su Majestad tuviera un brazo tan largo”, le espetaría después al rey. 

Después del Ministerio, Marcelino Oreja pasó por diferentes instancias del Estado, entre las cuales destaca la Delegación del Gobierno en el País Vasco, hasta recalar por sorpresa en la Secretaría del Consejo de Europa con un inusitado respaldo del PSOE. Una plaza que alcanzó después de ingresar de forma inminente como cónsul en Lisboa. “Recibí una llamada del jede fe gabinete de Felipe González. Y el presidente me preguntó que qué hacía de cónsul en Lisboa. Y me propuso ser el secretario del Consejo de Europa”, trasladó. 

Marcelino Oreja Aguirre

Desde allí se las vio, entre otros, con el presidente de la República francesa, Valéry Giscard d'Estaing. Un perfil “difícil” con el que el rey mantuvo un estrecho contacto. No así con Suárez. En ese cargo se mantendría desde 1984 hasta 1989 y quedaría después “fuera de toda circulación”, apartado de la vida política. Hasta que recibió la llamada de José María Aznar, recién estrenado presidente del Partido Popular, quien iba a proponer su nombre como comisario europeo en una cita con el presidente del Gobierno, Felipe González.

Allí estaría hasta 1999, fecha de su retirada definitiva de la política. Un currículum que le convertiría en un gran conocedor del acervo comunitario europeo y, al tiempo, en un férreo defensor de la Unión Europea. Por eso, Marcelino Oreja considera que España no sólo debe, sino que también “puede jugar un papel importante en la construcción de la UE, que sigue en construcción”. Y que ese destino no se está cumpliendo.

“Siento desilusión por lo que está ocurriendo ahora. Aquello que se hizo en el pasado, desde distintos partidos, sentó un precedente”. Hoy debemos volver a Europa con convicción y sacando a relucir esa vocación. Y es que, para Oreja, “Europa es adonde teníamos que llegar”. Y llegamos, en parte, gracias a figuras como la suya.

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