La situación actual de la centroizquierda en Italia enfrenta desafíos significativos
- Meloni consolida su liderazgo tras mil días de Gobierno
- Un dominio regional que fortalece a la centroderecha
- Sin credibilidad ni estrategia
- Schlein: una apuesta que no convence
- Los mercados premian la estabilidad de Meloni
- Meloni, favorita para repetir mandato
Meloni consolida su liderazgo tras mil días de Gobierno
Un tiempo que le ha dado la ocasión a Meloni no sólo de entrar en el selecto “club” de los que habían presidido un Gobierno más de 1.000 días (hasta ahora Berlusconi en dos ocasiones, Craxi en una y Renzi en otra), sino que ha afianzado de manera muy clara su liderazgo político. Algo en lo que tienen que ver varios aciertos suyos (que luego comentaremos), la falta de competencia en su zona del arco parlamentario (ni Antonio Tajani ni Matteo Salvini son rivales para ella), sino también, y seguramente lo que es más importante, la grave crisis de la centroizquierda transalpina.
Porque, a sólo dos años de que concluya la actual legislatura, nos encontramos ante una situación no vivida desde los tiempos de “Tangentopoli” (febrero de 1992): por primera vez puede no haber alternancia entre centroderecha y centroizquierda, sino que la centroderecha puede encadenar hasta dos legislaturas consecutivas. Y lo decimos con sondeos en mano: entre Meloni, Salvini y Tajani suman en torno al 50 % de los votos, mientras el conjunto de partidos de la centroizquierda apenas sobrepasa el 40 %.
Un dominio regional que fortalece a la centroderecha
Ahora estamos, de aquí a que finalice el año, con elecciones al Gobierno de regiones: el último fin de semana de septiembre la centroderecha ganó tanto en Las Marcas como en el Valle de Aosta, y con toda seguridad lo hará también en el Veneto. Por su parte, la centroizquierda parece tener asegurada la victoria en Campania, Puglia y Toscana, tres regiones en las que ya gobierna desde hace cinco años o más. Pero la realidad es que, mientras la coalición de centroderecha se encuentra perfectamente ensamblada, con una líder (Meloni) que ninguno discute, en la centroizquierda, en cambio, sobran partidos y faltan votantes.
Y es que una centroizquierda medianamente compacta debería estar formado por tres partidos: Alianza Verde e Izquierda (donde se encuentran comunistas y ecologistas), el Partido Democrático (el más importante con diferencia) y un tercer partido que viniera a representar la zona más templada dentro del centroizquierda.
En cambio, nos encontramos con que, además de AVS y Partido Democrático, también está el Movimiento Cinco Estrellas; Italia Viva, Azione; y Piu Europa. Que son, en esencia, cuatro partidos que no hay por dónde “cogerlos”.
Comencemos por el Movimiento Cinco Estrellas. El que fuera partido “anti-política” entre 2009 y 2018, logró en marzo de este último año llegar a su máximo: le votó el 32.6 % de los italianos, siendo la formación con mayor nivel de apoyo (el segundo fue el Partido Democrático, con el 18.8 % de los sufragios). Aceptó formar coalición con la Liga de Salvini, firmando un pomposamente denominado “contrato de Gobierno” que Salvini hizo saltar por los aires un año después para intentar ir a elecciones anticipadas. Eso sí, antes Cinco Estrellas firmó dos decretos sobre Seguridad que apoyaban una durísima política antiinmigración cuyo abanderado era Matteo Salvini (por aquellos tiempos ya decía aquello de “Italia para los italianos”).
Una vez se decidió formar un nuevo Gobierno (septiembre de 2019) pero en esta ocasión con el PD, Italia Viva y Libres e Iguales por medio, el partido “anti-política” continuó desdibujándose, con algunos ministros de lamentable actuación al frente de su partido (Di Maio en Trabajo, Bonafede en Justicia, Toninelli en Infraestructuras). Cuando Renzi, a finales de enero de 2021, hizo caer la coalición y se formó el Gobierno Draghi (13 de febrero de 2021), el Movimiento Cinco Estrellas lo apoyó para luego hacerlo caer ellos mismos en julio de 2022, lo que llevó a elecciones generales en el último fin de semana de septiembre de 2022.
Ahora intenta “venderse” como “partido de izquierdas”, pero su credibilidad es bastante escasa: en no pocas elecciones al Gobierno de la región, ni siquiera llega al 5 % de los votos. Paradójicamente, de lograr en meses venideros la centroizquierda la victoria en Campania sería uno de sus principales “exponentes” (Roberto Fico, expresidente de la cámara baja entre 2018 y 2022) el primero en gobernar una región. Y es que, en realidad, Cinco Estrellas es un problema para el PD, porque le arrebata voto de izquierda que normalmente iría hacia la principal formación de centroizquierda.
Sin credibilidad ni estrategia
Continuemos con Italia Viva, el partido fundado por el ex primer ministro Matteo Renzi en septiembre de 2019. Una formación que comenzó bien en las encuestas, con más de un 6 % de voto, pero que lleva entre tres y cuatro años moviéndose en el 2.4-2.6 %. Una cifra muy pobre para quien sigue siendo el presidente del Consejo de ministros más joven de la Italia republicana (39 años y un mes tenía cuando el 22 de febrero de 2014 se convirtió en “premier”).
Aunque se mantuvo firme hasta el final en el apoyo al Gobierno Draghi, cuando conformó el “Terzo Polo” con la Azione de Calenda (lo que les valió en 7.8 % de los votos en las elecciones de septiembre de 2022) la guerra abierta entre Renzi y los suyos, por un lado, y Calenda y los de su partido por otro, llevó a que, celebradas las elecciones europeas en 2024, ni uno ni otro obtuvieran un solo europarlamentario: 3.8 % de votos para Renzi y 3.2 % para Calenda, cuando el umbral de votos estaba en el 4 %. Renzi terminó de hartar a sus posibles votantes y Calenda, a su vez, quien ni siquiera sabe lo que es ser primer ministro (fue solo ministro en los Gobiernos Renzi y Gentiloni), sigue pensando que es alguien relevante en la política transalpina, cuando ni siquiera logró la alcaldía de Roma en 2021 a pesar de que ni la centroizquierda ni la centroderecha la querían (se la llevó finalmente la centroizquierda en la persona de Roberto Gualteri).
Y, finalmente, “Piu Europa”, el partido que fundó una ya muy delicada de salud Emma Bonino. En su caso, ni siquiera alcanzan el 2 % de voto, y así llevan años, pero persisten en seguir. Seguramente acabarán fusionándose con Italia Viva, porque con ese porcentaje de voto no entran en el Parlamento en futuras elecciones.
Schlein: una apuesta que no convence
En cualquier caso, el principal problema de la centroizquierda no está en un grupo de partidos plagados de incoherencias y con mucho líder ya en la recta final de su carrera política, sino en quien es la principal figura en esta formación: Ely Schlein, secretaria general del Partido Democrático (PD) desde febrero de 2023.
En un momento histórico en que los liderazgos son clave, el Partido Democrático (PD) ha escogido una “cabeza de cartel” sencillamente “invendible”. Tras la debacle en las elecciones de 2022, en que la centroizquierda se presentó sin candidato elegido en primarias y con tres grupos diferentes (AVS-PD. Movimiento Cinco Estrellas y Terzo Polo) cuando la ley electoral (Rosattellum bis, aprobada en noviembre de 2017) premia a las coaliciones (para las que pide un mínimo de 10 % de votos para entrar en el Parlamento, mientras los partidos individuales requieren de un 3 %) frente a las formaciones que se presentan por su cuenta, llegó el momento, una vez constituido el Gobierno Meloni (22 de octubre de 2022) de buscar un nuevo líder. Consecuencia: 120 senadores para la centroderecha por 80 para la centroizquierda, y Meloni catapultada hacia la presidencia del Consejo de ministros.
Con Renzi y Calenda ya fuera del partido, y ante la necesidad de un nuevo líder, dos eran las posibilidades: o un candidato del llamado “área reformista” (Bonaccini, en ese momento presidente de la Región de Emilia-Romagna, la región “rossa” por excelencia), o alguien de una nueva generación. Fue entonces cuando Ely Schlein, una joven política nacida en 1985 y que había sido eurodiputada, vicepresidenta de Emilia-Romagna y ahora miembro de la cámara baja, decidió presentar su candidatura alternativa. Y, de manera inesperada, acabó ganando a Bonaccini, con lo que es quien dirige el PD desde entonces.
Pero, casi tres años después, se ha visto que Schlein no era la persona que necesitaba la centroizquierda para intentar arrebatar la presidencia del Consejo de ministros a la centroderecha. Persona inteligente (hizo la carrera de Derecho en la prestigiosa Universidad de Bolonia con las máxima calificaciones), tiene en contra suya un aire “comunistoide” que hace que ya en la zona más templada de la centroizquierda se la vea con poca “alegría”. Y eso que en las elecciones europeas de 2024 se quedó a menos de 5 puntos de Meloni (28.8 % para Meloni por 24.4 % de Schlein), pero, un año después, las encuestas, sin excepción, no le dejan subir del 20-21 % mientras Meloni se ha disparado al 30 %. Porque lo cierto es que Schlein podría ser una muy buena ministra de Justicia con su amplia formación jurídica, pero su “tirón” entre los votantes de centroizquierda es más bien escaso.
Frente a ella tenemos a una primera ministra Meloni con una imagen muy bien cuidada y que sabe manejarse con mucha habilidad en el ámbito internacional, con una mezcla de discreción, fortaleza y hasta simpatía. Esa habilidad le ha llevado a, por un lado, tener un creciente peso en la Unión Europea y, por otro, a tener una relación particularmente buena con el presidente norteamericano (Donald Trump), en un momento clave desde el punto de vista de las relaciones comerciales.
Los mercados premian la estabilidad de Meloni
Además, algunos de sus ministros poseen una estimable entidad. Matteo Piantedosi, en Interior, conoce a la perfección los temas de seguridad del país, ya que lleva trabajando en ellos desde finales de los ochenta. Guido Crosetto, por cierto, cofundador con Meloni de su partido (Fratelli d´Italia), es un inmejorable ministro de la Defensa, ya que viene de ser presidente de la Asociación la Industria de la Defensa y conoce muy bien los temas de sus ministerios. Y Antonio Tajani, Viceprimer ministro y titular de Asuntos Exteriores, aunque no sabe mucho del mundo diplomático, es toda una personalidad dentro de la Unión Europea, donde ha sido europarlamentario, comisario, vicepresidente de la Comisión y, finalmente, presidente del Parlamento europeo.
Lo que constituye un tema clave, teniendo en cuenta que la Unión Europea es clave para proteger las maltrechas economías de los principales países europeos y que Italia, en concreto, recibe desde 2021, y hasta 2027, 30.000 millones anuales, ya que se llevó 210.000 millones de los 750.000 millones que componían el Recovery Fund. Un asunto en el que, por cierto, ha sido clave la figura del pugliese Raffaele Fitto, uno de los principales baluartes de la centroderecha italiana y quien primero fue ministro para la administración de estos fondos y, desde finales de 2024, es uno de los seis vicepresidentes ejecutivos de la actual Comisión Europea.
Cierto es que, desde el punto de vista macroeconómico, la gestión del Gobierno Meloni (cuya área económica, con Giorgetti y Urso, es la más floja con diferencia) no presenta buenos datos. En 2022 se creció un 4.8 %, pero debemos recordar que Mario Draghi fue el primer ministro hasta el 22 de octubre: ya en 2023, el crecimiento pasó a sólo un 1.0 %, y 2024 fue peor aún, con un 0.7 %. Tampoco el primer semestre de 2025 ha sido bueno, pero ahí tiene mucho más que ver el que Trump haya estado dando bandazos con los aranceles que a errores del Gobierno Meloni. Y, mientras, la deuda per cápita sigue creciendo: si en 2022 cada italiano debía 46.854 euros, en el primer trimestre de 2025 la cifra ascendía ya a 51.470 euros.
Meloni, favorita para repetir mandato
Claro que también hay que ver que, de las cinco primeras economías de la eurozona, en los últimos años Italia ha presentado el mayor nivel de estabilidad. Meloni ha visto, en sus tres años de Gobierno, a Alemania entrar en recesión y que la cancillería vuelva a manos de la democracia cristiana (la CDU de Friedrich Merz); a Francia entrar en el mayor nivel de inestabilidad desde los tiempos de la IV República, con un Macron que, desde su reelección en 2022, ha tenido que nombrar ya a hasta cinco primeros ministros diferentes que no saben qué hacer con su monstruosa deuda pública (3.305.287 millones de euros); a un Sánchez que, en España, más allá de un muy buen crecimiento del PIB (3.5 % n 2024), se encuentra completamente bloqueado, con mujer y hermano a punto de sentarse en el banquillo por temas judiciales, y quien ni en 2023 ni en 2024 ha sido capaz de aprobar Presupuestos Generales del Estado (lo que Meloni, en cambio, ha hecho todos los años y puntualmente); y, finalmente, a unos Países Bajos donde derecha y extrema derecha tienen fracturado el Gobierno porque no alcanzan un acuerdo sobre política inmigratoria.
Todo esto explica, en parte, el que los mercados hayan recompensado la fortaleza del Gobierno Meloni y que la prima de riesgo se mantenga desde hace años en el entorno de los 100 puntos básicos, una muy buena cifra para un país tan endeudado.
Meloni fue durante años el “patito feo” de la centroderecha e igualmente de su generación. Dentro del centroderecha estuvo primero a la sombra de Berlusconi y luego de Salvini, pero ahora manda ella y no hay discusión. También, en lo que se refiere a la generación nacida en los setenta, estuvo a la sombra, primero, de Matteo Renzi y luego de Matteo Salvini. Pero ahora ninguno de los dos es rival. Porque Meloni, a diferencia de los dos “Matteos”, ni tiene la arrogancia ni hace anuncios grandilocuentes como sí hicieron en su momento tanto Renzi como Salvini.
Resulta previsible que, cuando lleguen las elecciones, la centroderecha baje algo y la centroizquierda también suba algo: pero, o cambia mucho todo, o Meloni repetirá al frente de la presidencia del Consejo de ministros. Mientras algunos siguen con la permanente memez de llamar a la política romana “líder ultraderechista” (deberían leerse la Constitución de 1948 para entender que eso no es posible). Y, mientras, Meloni sigue con paso firme hacia la reelección.
¿Qué futuro es la centroizquierda? Desde luego, este no pasa por Schlein, que andará “a casa” previsiblemente en 2027. En realidad, la centroizquierda sí tiene una esperanza en la persona de Silvia Salis, recién elegida alcaldesa de Génova: del mismo año que Schlein (1985), presenta una imagen moderna, su discurso es conciliador y da la impresión de poder ser la lideresa del futuro. De momento, se dedica a lo que se dedica, que es a modernizar la capital de Liguria. Pero que no les extrañe que siga el camino de Renzi, que fue alcalde Florencia de 2009 a 2014 y luego presidente del Consejo de ministros. ¿Se repetirá la misma situación tres lustros después? Puede ser, pero lo único claro ahora es que estamos ante el mejor momento de la romana Meloni. Si logra revalidar mandato, habrá sumado dos hazañas: ser la primera mujer presidente del Consejo de ministros y ser la primera en obtener una segunda legislatura. Y, mientras, la centroizquierda a su enésima lucha fratricida porque saben que van directos hacia otra derrota.

