Los votantes están hartos de los políticos, no de la democracia

Richard Wike. Director of Global Attitudes Research, Pew Research Center/WEF

Imagen: REUTERS/Aaron Josefczyk

En gran parte del mundo, los gobiernos parecen estar recibiendo malas críticas. La desilusión con los políticos es generalizada, en las naciones occidentales y no occidentales, en el hemisferio sur y en el norte. Los partidos no tradicionales están en auge en muchas naciones europeas, y el triunfo de Donald Trump en la carrera presidencial de los Estados Unidos ha puesto de relieve de manera drástica un profundo descontento con el statu quo en la política estadounidense. Y, como muestran nuestras encuestas del Pew Research Center, también hay un gran descontento con el funcionamiento del sistema político tanto en los países emergentes como en los países en desarrollo.

Parte del problema es que la gente cree que sus líderes políticos están alejados de la realidad, escuchan a unos pocos en lugar de la mayoría. En ocho de nueve países recientemente encuestados, más de la mitad dijo que el gobierno se ocupa solo de unos pocos grupos de la sociedad y no de todas las personas. Esto unido a las denuncias que se escuchan habitualmente en Estados Unidos y Europa sobre élites distantes en Washington y Bruselas, y a la frustración que muchas personas sienten en países de medianos y bajos ingresos debido a la corrupción de los funcionarios.

Sin embargo, a pesar de su descontento con los líderes políticos, las personas no han renunciado a la democracia o a su capacidad de hacer oír su voz. En nuestra encuesta, prácticamente la mitad o más de los encuestados en ocho países —Kenia, Nigeria, Sudáfrica, Estados Unidos, India, Grecia, Italia y Polonia— sostuvo que los ciudadanos comunes pueden ejercer una influencia significativa en los gobiernos a nivel nacional. Los húngaros fueron los pesimistas solitarios: el 61 % dijo que los ciudadanos promedio pueden hacer poco para influir en el gobierno de su país.

Entonces, ¿qué tipo de actividades tienen en mente las personas de Europa, África, Asia Meridional y América del Norte cuando se trata de su capacidad para influir en la política nacional? En la encuesta, se buscó obtener una respuesta mediante preguntas a los encuestados sobre los tipos de participación política en los que habían intervenido y sobre el tipo de temas que podrían motivarlos a involucrarse políticamente. Como era de esperar, el voto es la actividad política más común, pero una cantidad considerable dijo también haber asistido a un evento de campaña, participado en una organización de voluntarios o haberse unido a una protesta organizada.

Para algunas personas, las plataformas en línea son un nuevo espacio cívico importante. Minorías pequeñas aunque notables en estos nueve países han compartido sus puntos de vista políticos en Internet, animado a otros a participar en la política en línea o firmado una petición en línea. Estas nuevas formas de participación son especialmente populares entre las personas más jóvenes. Por ejemplo, un cuarto o más de las personas de entre 18 y 34 años de edad en EE. UU., Italia, Grecia, Sudáfrica y Nigeria han publicado sus ideas sobre temas políticos o sociales en línea.

Si bien el acceso a Internet y la tecnología móvil han generado nuevas formas de participación ciudadana, resulta menos claro que estas innovaciones hayan movilizado a un segmento más amplio del público

Según nuestras encuestas, muchas personas que están políticamente activas en línea no son principiantes, sino veteranos de actividades políticas fuera de línea. Si alguien ha participado en la política de una manera tradicional —por ejemplo, al asistir a un acto de campaña— también es más probable que esa persona participe en actividades políticas en línea, como publicar sus opiniones sobre política en redes sociales.

Cuando se les preguntó qué temas escogerían para emprender acciones de orden político, la primera elección en seis de ocho países encuestados fue la mala calidad de la asistencia médica. Entre los seis temas examinados, muchos también mencionaron la pobreza y la baja calidad educativa.

Estos descubrimientos sugieren que posiblemente hay más potencial para el compromiso cívico en todo el mundo de lo que muchos creen. A pesar de sus fuertes reclamos acerca de cómo funciona el gobierno en la actualidad, la mayor parte de los encuestados cree que los ciudadanos comunes tienen el poder de influir sobre el gobierno para alcanzar la voluntad popular. Por otra parte, mencionan temas específicos que podrían hacer que actúen. Desafíos como la asistencia médica inadecuada, la pobreza y los sistemas educativos deficientes —temas que tienen un profundo impacto en la vida de las personas— podrían alentarlos a votar, o tal vez a salir a las calles, para responsabilizar a los políticos alejados de la realidad.

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