Yemen: ¿presagia el bombardeo del puerto de Mukalla el regreso del escenario de 2015?

El bombardeo aéreo saudí que tuvo como objetivo el puerto de Mukalla, uno de los principales puertos civiles de la costa del mar Arábigo, ha suscitado una creciente preocupación en los ámbitos regional e internacional, al considerarse un peligroso desarrollo militar que podría devolver a Yemen a una etapa de extrema inestabilidad similar a la de 2015, cuando el colapso de la seguridad se entrelazó con el ascenso de organizaciones extremistas y la ampliación de la catástrofe humanitaria.
Puerto de Mukalla en Yemen tras sufrir un ataque
Puerto de Mukalla en Yemen tras sufrir un ataque

El puerto de Mukalla no es solo una infraestructura de servicios local, sino que representa una arteria económica y de subsistencia para millones de habitantes de Hadramaut y del sur de Yemen, y desempeña un papel clave en el abastecimiento de alimentos y combustible en un país que depende en gran medida de los puertos del sur. El ataque se llevó a cabo en un entorno residencial densamente poblado y cerca de grandes tanques de combustible, lo que generó serias preocupaciones sobre la posibilidad de explosiones o incendios de gran magnitud que podrían provocar importantes pérdidas humanas y una contaminación ambiental de largo plazo que afectaría a la costa y a los recursos marinos.

Un momento de extrema sensibilidad

Este acontecimiento se produce en un momento político y de seguridad de máxima sensibilidad. Las provincias del sur viven un amplio movimiento popular que exige la proclamación de un Estado independiente del norte controlado por los hutíes, en paralelo a operaciones de seguridad llevadas a cabo por las fuerzas del sur contra organizaciones terroristas en el valle de Hadramaut, Abyan y Al Mahra. Según observadores internacionales, estas operaciones forman parte de los esfuerzos por contener a los grupos extremistas y evitar que se aprovechen de los vacíos de seguridad en zonas próximas a las rutas marítimas internacionales.

El bombardeo coincidió con decisiones controvertidas anunciadas por el presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial, residente en la capital saudí, que incluyeron la declaración del estado de emergencia y el uso de duras calificaciones políticas y de seguridad contra los socios del Consejo, compuesto por ocho miembros. Los sureños consideraron estas medidas como una declaración de guerra contra ellos. Dichas decisiones fueron rechazadas públicamente por cuatro miembros del Consejo, quienes afirmaron que carecen de base constitucional y legal, y advirtieron de los riesgos de decisiones unilaterales que podrían arrastrar a Yemen a nuevos enfrentamientos y socavar lo que queda de confianza a nivel nacional, regional e internacional.

El comunicado emitido por estos miembros subrayó que Emiratos Árabes Unidos fue un socio clave en la lucha contra los hutíes y las organizaciones terroristas, y que desempeñó un papel decisivo en la liberación de amplias zonas, la protección de la navegación internacional y la construcción de capacidades de seguridad que evitaron que el país cayera en un caos generalizado. Consideraron que intentar demonizar ese papel o desentenderse de él solo beneficia a los enemigos de Yemen y abre la puerta a una mayor división e inestabilidad.

Reacciones regionales y viejos temores

En el plano político más amplio, el bombardeo provocó reacciones dispares, entre las que destacó la acogida favorable por parte de los Hermanos Musulmanes a la medida saudí, en una postura que reavivó en la memoria del sur los acontecimientos de la guerra de 1994, cuando se utilizó el discurso religioso para justificar la violencia contra el sur tras el colapso del acuerdo de unidad voluntaria. Aquella guerra —y lo que la acompañó de movilización de combatientes islamistas de los llamados “afganos árabes” y la caída de miles de víctimas— sigue muy presente en la conciencia colectiva del sur, lo que convierte cualquier alineamiento similar hoy en una fuente de profunda preocupación.

Asimismo, se observó la celebración por parte de cuentas vinculadas a los Hermanos Musulmanes y a los hutíes en las redes sociales de las recientes medidas, lo que llevó a analistas a afirmar que los verdaderos beneficiarios del debilitamiento de las asociaciones regionales en Yemen son las fuerzas contrarias a la estabilidad, en particular los grupos armados y las organizaciones extremistas.

Mukalla y la memoria de 2015

La ciudad de Mukalla tiene una simbología especial en este contexto. En 2015, Al Qaeda se apoderó de la ciudad y explotó sus instalaciones petroleras y financieras para obtener cuantiosos recursos que le permitieron reforzar su influencia. Esa etapa no se cerró hasta 2016, tras una operación militar que puso fin a la presencia del grupo y devolvió a Hadramaut a una senda de mayor estabilidad en materia de seguridad.

Hadramaut es la mayor provincia productora de petróleo de Yemen, con numerosos bloques, campos e infraestructuras vitales, además de su ubicación geográfica estratégica frente al mar Arábigo y su proximidad a rutas marítimas clave. Expertos consideran que cualquier alteración de la seguridad sostenida en esta provincia podría crear un entorno propicio para el regreso de organizaciones terroristas, especialmente dada la geografía escarpada del valle de Hadramaut y el entrelazamiento de intereses tribales y políticos.

mukalla yemen ataque.JPG copia

Dimensiones internacionales y económicas

Las repercusiones de lo ocurrido en Mukalla trascienden el ámbito local. El corredor marítimo que se extiende desde el mar Arábigo, pasando por el golfo de Adén y el estrecho de Bab el-Mandeb hasta el canal de Suez, constituye una de las principales arterias del comercio mundial y del transporte energético. Cualquier escalada de seguridad en esta zona podría reflejarse directamente en los precios de los seguros marítimos, los costes de transporte y las cadenas de suministro globales, en un momento en que los mercados ya sufren crecientes tensiones geopolíticas.

Informes recientes señalan el descubrimiento de operaciones ilegales de refinado y contrabando de petróleo en zonas de Hadramaut, junto con investigaciones judiciales relacionadas, como una prueba adicional de la magnitud de los desafíos vinculados a la gobernanza y la corrupción, y de la importancia de la provincia como eje simultáneo de conflicto económico y de seguridad.

El sur y su firmeza en el camino elegido

Frente a este panorama complejo, los sureños continúan reafirmando su apego a su causa política, considerando que sus reivindicaciones no están separadas de la búsqueda de estabilidad y seguridad, sino que surgen de una larga experiencia de exclusión y conflicto. Los llamamientos continuos a movilizaciones multitudinarias y a la organización política en Adén, Lahij y otras zonas muestran que el movimiento del sur ve en el momento actual una etapa decisiva para definir su futuro.

Una pregunta abierta ante la comunidad internacional

El bombardeo del puerto de Mukalla ha dejado de ser un hecho militar aislado para convertirse en un indicador que plantea interrogantes fundamentales a la comunidad internacional: ¿está Yemen deslizándose gradualmente hacia la reproducción de las condiciones de 2015, con todo lo que implicaron de colapso de la seguridad, expansión del extremismo y catástrofe humanitaria? ¿O existe una oportunidad para reajustar el rumbo, proteger las infraestructuras civiles y preservar las asociaciones que han demostrado su eficacia en la lucha contra el terrorismo y en la protección de la navegación internacional?

La respuesta a esta pregunta no solo determinará el destino de Yemen, sino que también tendrá un impacto en la seguridad regional y en la estabilidad de la economía mundial en una etapa de extrema sensibilidad.