Más de 400.000 personas duermen bajo tierra todas las noches en la segunda ciudad más importante de Ucrania desde que empezó la guerra, y unas 5.000 viven de forma permanente en las estaciones de metro porque sus casas han sido destruidas

Járkiv, la ciudad que vive bajo tierra

photo_camera PHOTO/MARIA SENOVILLA - Un niño se prueba un traje NBQ durante un entrenamiento que imparten los servicios de Protección Civil de Járkiv en las estaciones de metro, para enseñar a la población cómo actuar en caso de ataque

Dima ha celebrado su primer cumpleaños en la estación de metro de Alekseevka. Ha soplado una vela sobre un trozo de pastel, ajeno a la realidad de la guerra que se vive en la superficie de la ciudad. Es demasiado pequeño para darse cuenta.

Junto a Dima viven de forma permanente otras 300 personas en esta estación, pero las noches en las que los bombardeos son más intensos, se pueden amontonar hasta 500 almas repartidas por los andenes, las escaleras y también junto a los tornos. 500 personas en una sola estación de metro... y en Járkiv hay treinta estaciones.

Es la realidad en la que vive esta ciudad, la segunda más importante de Ucrania, desde que empezó la guerra. Su cercanía a Rusia, con la que comparte frontera, ha convertido la región en uno de los lugares más peligrosos para vivir.

PHOTO/MARIA SENOVILLA - El pequeño Dima pasea por los andenes de la estación de metro de Alekseevka (Járkiv), donde vive toda su familia desde que empezó la guerra de Ucrania

En estos tres meses, más de 500 civiles han muerto en los bombardeos de Járkiv, y cerca de un millón han tenido que ser evacuados. Los que resisten en la ciudad –aproximadamente un 30 por ciento de su población habitual– han vivido más tiempo bajo tierra que en la superficie.

Sótanos húmedos y sin electricidad

Además de las estaciones de metro, en Ucrania miles de edificios cuentan con refugios antiaéreos. Prácticamente todos los que se construyeron en la época soviética, y no se han remodelado después, tienen este tipo de sótanos "antinucleares". En la mayoría de los casos, son espacios húmedos, fríos, sin electricidad y con mala ventilación. Pero efectivos en caso de bombardeo.

"No hay luz, pero hay pulgas", explica con humor uno de los vecinos de Pavlovo Polie que muestra para Atalayar el refugio de su edificio. El suelo es de tierra, y aunque han puesto cartones, la humedad los traspasa. "Es duro –continúa ahora en un tono más serio–, aquí duermen también los niños. Todos en el mismo refugio, compartiendo colchones y mantas".

PHOTO/MARIA SENOVILLA – Interior del refugio antiaéreo de uno de los edificios construidos durante la época soviética en el distrito de Saltivka, al norte de Járkiv, donde no hay ni electricidad ni buena ventilación

En la misma calle, otra familia nos invita a ver es espacio que han adaptado como refugio en su bloque de viviendas. También es un sótano, pero está bien acondicionado. Tiene electricidad, han puesto colchones y hasta hay una mesita con un microondas. Pero el espacio es insuficiente para las 40 personas que duermen ahí cada noche. Con mascotas incluidas.

Pavlovo Polie es un barrio universitario, donde no hay instalaciones militares ni ninguna infraestructura crítica. Pero el fuego de artillería que lanzan las tropas rusas sobre Járkov de forma indiscriminada, para "ablandar" como se dice en jerga militar, ha caído aquí en repetidas ocasiones desde el mes de febrero.

PHOTO/MARIA SENOVILLA – Una residente del barrio de Pavlovo Polie, bombardeado en varias ocasiones desde que empezó la guerra, en el refugio antiaéreo de su edificio, donde duerme cada noche junto a otros 40 vecinos
Ancianos y personas con movilidad reducida

Si la situación en el centro de la ciudad es dura, lo que puede verse en el distrito norte de Járkiv corta la respiración. En Saltivka, la ciudad dormitorio más grande de Europa, sólo quedan ya el 5 por ciento de sus residentes. Se trata del distrito más bombardeado de la región, y ya no tienen ni electricidad, ni luz, ni gas, ni ningún otro servicio.

Tampoco hay atención médica, ni servicio de bomberos, ni policía. Sólo los SWAT y el Ejército entran ya en este barrio donde el 80 por ciento de sus edificios han sido bombardeados. Por eso la mayor parte de los residentes que se han quedado allí sobreviven hacinados en las distintas estaciones de metro. Y las condiciones son realmente terribles.

A diferencia de las estaciones del centro, donde todo parece estar bien organizado y tienen los servicios básicos asegurados, los andenes del suburbano de Saltivka son un caos de colchones, camas e incluso literas que hay que ir sorteando para avanzar. La ventilación no es buena, y el aire está demasiado cargado. Y el agua potable lo han sacado de una toma que había debajo de una baldosa.

PHOTO/MARIA SENOVILLA - Un hombre descansa en una de las estaciones de metro de Saltivka, donde muchos residentes han llevado sus camas y viven ahí de forma permanente porque sus casas han sido bombardeadas

Los vagones de los trenes que hay varados en las vías también se han convertido en casas improvisadas, donde los vecinos de este barrio acumulan las pertenencias que han rescatado de sus hogares.

No se ven familias con niños, como en Alekseevka. Pero hay muchas personas con movilidad reducida y ancianos, muchos ancianos. Y la comida no es suficiente, a pesar de que un grupo de voluntarios se juega la vida a diario para llevarla hasta allí. Duele ver en qué condiciones viven.

Volver a la normalidad cuando han bombardeado tu casa

Hace una semana el Ministerio de Defensa de Zelenski anunció a bombo y platillo la victoria militar de Ucrania en Járkov, pero los bombardeos no se han detenido en esta región. Este fin de semana, sin ir más lejos, un mercado regional y el Hospital del Ferrocarril recibían sendos ataques.
 
Es cierto que las Fuerzas Armadas ucranianas han hecho retroceder a las tropas rusas hasta la misma frontera, y han liberado a su paso decenas de pueblos que estaban ocupados en la zona norte, pero en la mayoría de ellos ya no se puede vivir porque sus casas, escuelas y hospitales han sido reducidos a escombros. 

PHOTO/MARIA SENOVILLA - Un voluntario reparte la única comida caliente que reciben las personas que viven en las estaciones de metro de Saltivka una vez al día

Los operarios públicos se afanan cada día en reparar los destrozos de los bombardeos, retirando los escombros y parcheando el hormigón de las calzadas donde impactan muchos de los cohetes que caen en Járkiv. Pero se estima que el 25 por cierto de las infraestructuras están dañadas en mayor o menor medida, y más de 500 bloques de pisos tienen que ser demolidos.

A pesar de todo, Járkiv está intentando volver a la normalidad, entre otros motivos porque son miles los residentes que están retornando a la vista de que el conflicto se va a alargar en el tiempo. Y una de las medidas que ha anunciado el gobernador de la región, Oleg Sinegubov, es la de reanudar el servicio de metro. Algo normal, si no fuera porque en las estaciones del suburbano viven cerca de 5.000 personas que ya no tienen casa a la que volver.

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