África, una educación para todos a bajo coste

Alexandra Dumitrascu

Pie de foto: Un niño etiope enseña a otros a leer. Lorena Pajares/Flickr

África es el continente con la tasa de pobreza más alta del mundo, según organizaciones como Naciones Unidas (ONU) o el Banco Mundial. Tal como se desprende del Informe sobre Desarrollo Humano de la ONU de 2014, de los 54 estados que conforman África, más de la mitad están encuadrados en la sección de bajo desarrollo humano. Los 18 países más pobres del mundo pertenecen, asimismo, al continente africano con Níger, República Democrática de Congo y República Centroafricana a la cabeza.

Igualmente, según los últimos datos disponibles del Banco Mundial, de los más de 900 millones de habitantes de África Subsahariana, casi la mitad (46.8%) padecían de pobreza extrema en 2011. Es decir, 415 millones de personas vivían con menos de 1,25 dólares al día, una tendencia que sigue a la baja desde 2002 pero que no deja de reflejar un drama social.

Esta pobreza es igualmente notable a simple vista. No hay más que observar el mapa mundial nocturno de la NASA para darse cuenta de que África es el único continente absolutamente sumiso en la oscuridad, con la salvedad de Sudáfrica y Nigeria cuyas luces avistadas desde el satélite alumbran un tanto la región del África Subsahariana.

No obstante, la paradoja que acompaña a esta pobreza endémica es el hecho que sus países experimentan unas elevadas tasas de crecimiento, con unas perspectivas que se han mantenido por encima del 3% en el conjunto del continente, incluso durante la crisis económica-financiera. El África Occidental fue, a pesar de haber sido golpeada por el brote del Ébola, la subregión con la mayor tasa de crecimiento del continente en 2014, un 6%, siendo Nigeria, con 6,3%, el país que más ha prosperado. De igual manera, según African Economic Outlook, es previsible que el PIB  de África alcance el 4,5% en 2015 y el 5% en 2016. A pesar de que las diferencias por regiones son patentes y los países del sur han quedado a la cola, el África Subsahariana en su conjunto creció un 5,2% en 2014 y las predicciones vaticinan un incremento igual para 2015 y otro de 6,2 para el próximo año.

Sistema educativo ineficaz

El fuerte potencial del continente africano y las expectativas que sus países generan atrapan inversiones de todos los rincones del mundo y hacia todos los sectores. Uno de los que no sólo se ha visto beneficiado por el capital extranjero sino que ha experimentado un auténtico boom en los últimos años ha sido el de la educación. El fuerte desarrollo demográfico de la región, la abundante migración de las zonas rurales a las urbanas, y la incapacidad y/o falta de voluntad por parte de los gobiernos de proporcionar una educación decente han favorecido que en torno a este sector se desarrollara un mercado para la inversión privada cuyas matriculaciones están en continuo ascenso por la  confianza y el deseo que los padres depositan en las escuelas privadas.

Las altas tasas de natalidad del continente africano obligan a los gobiernos a construir cada vez más escuelas y a un ritmo acelerado. Sin embargo, la educación sigue siendo débilmente financiada y, según el informe Educación para Todos (2000-2015) de la UNESCO, la mayor parte de los países destinan menos del 20% de los presupuestos nacionales a esta partida. A esto se une el absentismo de los profesores que, conforme a datos del Banco Mundial, oscila entre el 15 y el 25%, así como la insuficiente preparación de estos. Debido a esta situación es habitual que los niños  padezcan un grave déficit educativo gracias a un sistema que por ahora ha resultado ineficaz. Así, se estima que una tercera parte de los niños que completan los cuatro años de estudios no saben leer adecuadamente. Los infructuosos esfuerzos del sector público de otorgar una educación decente merma la confianza de los padres que además tienen que afrontar muchas veces gastos extras por los uniformes, pupitres o los libros de texto que las escuelas exigen, y que no se lo pueden permitir. Esto conlleva a que las tasas de escolarización sean muy bajas lo que, por su parte, acarrea una elevada tasa de analfabetismo que en el caso de África Subsahariana es la más elevada del mundo, cerca del 41%, según la UNESCO.

La educación privada, una opción low-cost

Así las cosas, las escuelas privadas de bajo coste son una alternativa a tomar en consideración. A diferencia de los países desarrollados, donde los impuestos y las tasas aplicadas a los centros privados convierten a estos en exclusivos para las elites, en los países pobres la posibilidad de abrir escuelas de este tipo es bastante elevada lo que ha facilitado a que el sector experimente un notable auge en los últimos años. Sólo en el caso de Lagos (Nigeria), por poner algún ejemplo, hay cerca de 12.000 escuelas privadas, según un censo del gobierno.

Si anteriormente las escuelas privadas estaban mayoritariamente bajo la custodia de las iglesias y de las casas de caridad, es cada vez más habitual que detrás de las mismas resuenen nombres como el de Mark Zuckerberg –el fundador de la red social Facebook- o Bill Gates. Instituciones como Internacional Finance Corporation (IFC), el brazo privado del  Banco Mundial, se encuentren, asimismo, detrás de proyectos educativos como es del caso de  Bridge Internacional Academies que cuenta con alrededor de 400 centros repartidos entre guarderías y escuelas primarias en países en desarrollo de África y Asia. Kenia, Nigeria y Uganda cuentan hoy día con numerosas sucursales de esta cadena de escuelas.

El número de matriculaciones igualmente ha aumentado y la demanda es cada vez más elevada en los países de bajo ingresos. De acuerdo con el Banco Mundial, una quinta parte de los niños de primaria en países en desarrollo van a escuelas privadas, el doble que hace 20 años. En Nigeria, en 2010, la tasa de matriculación alcanzó el 26%, y en Liberia y Sierra Leona esta llega o incluso supera el 50%.

Los principales destinatarios de los centros educativos privados son las familias de muy bajos ingresos dado que la tarifa para poder cursar es de tan sólo un dólar a la semana. Comparado con las escuelas públicas, diversos informes han corroborado los resultados positivos que alcanzan los niños que cursan en estos centros que, además, cuentan con unos altos estándares tecnológicos gracias a su carácter innovador.

A pesar de los evidentes beneficios que conllevan aparejadas las escuelas privadas hay fuertes opositores al sistema: las ONG y las asociaciones de profesores. Las razones ideológicas de las organizaciones sin ánimo de lucro inducen a estas a rechazar cualquier manifestación privada, defendiendo el sector público y su noble causa a favor de la educación para todos, temiendo que sin ella se podría ahondar más aún en la brecha de la desigualdad. En cambio, el desacuerdo de los profesores está justificado por los temores de perder sus privilegios y las favorables condiciones que lo público ha creado para ellos, dado que muchas veces el interés personal está por encima del de los alumnos.

Las escuelas privadas han demostrado ser un eficaz complemento a las escuelas públicas y más que acrecentar la desigualdad están contribuyendo, de momento, a proporcionar  una educación a las capas más pobres y que, como hemos visto, supera en calidad a la suministrada por los gobiernos locales. Por eso, la labor de los dirigentes africanos en este sentido debería estar dirigida a incentivar las iniciativas privadas  para conseguir una generación más y mejor preparada. Invertir en educación de los pueblos es invertir en el futuro de los países y del continente.

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