El fósforo del Sáhara nutre al Amazonas

Atalayar/Agencias/NASA

El polvo llevado por el viento atraviesa el Atlántico y acaba teniendo un efecto fertilizante

Un estudio estima que al menos 22 millones de toneladas de fósforo cruzan anualmente el océano

Pie de foto: De este a oeste. Simulación del transporte anual de materiales desde el Sáhara y el Sahel hasta América. NASA

Miles de toneladas de polvo sahariano rico en nutrientes atraviesan todos los años el océano Atlántico gracias al empuje del viento, en ocasiones volando a grandísima altura, y se acaban convirtiendo en fertilizantes para los agotados suelos amazónicos.

Este gran trasvase de materiales entre continentes, sin parangón en el mundo, ya era conocido con anterioridad -se han documentado incluso langostas saharianas que han llegado al Caribe-, pero ahora un grupo de investigadores estadounidenses ha podido cuantificar la cantidad de fósforo, uno de los principales nutrientes.

El estudio, publicado en la revista Geophysical Research Letters, calcula que son unas 22.000 toneladas al año, más o menos igual a la cantidad de fósforo que la Amazonia pierde por el impulso de las lluvias que arrastran las capas superficiales del terreno hasta el mar. Este fósforo, sin embargo, solo representa el 0,08% de los 27,7 millones de toneladas de polvo del Sáhara que alcanzan anualmente la cuenca amazónica.

El hallazgo es parte de una investigación para entender el papel de polvo en el ambiente y sus efectos sobre el clima local y global. «Sabemos que el polvo es un componente esencial del sistema de la Tierra. El polvo afecta al clima y, al mismo tiempo, el cambio climático afectará al polvo», explica el autor principal del estudio, Hongbin Yu, del Centro Interdisciplinario de la Tierra (ESSIC), instituto mixto de la Universidad de Maryland y el Centro Goddard de la NASA, en EEUU.

Debido al arrastre de la lluvia, los suelos amazónicos son escasos en fósforo y otros nutrientes. Por lo tanto, puede decirse que todo el ecosistema de la cuenca depende del polvo africano para reponer esas pérdidas.

Un origen concreto

El fósforo procede curiosamente de un lugar muy concreto, la depresión Bodélé. Esta zona, cubierta antiguamente por el lago Chad, contiene enormes depósitos de microorganismos muertos que están cargados con fósforo. Yu y sus colegas analizaron las estimaciones de transporte de polvo con datos recogidos por el satélite Calipso de la NASA entre los años 2007 y 2013.

El equipo estimó el contenido de fósforo en el polvo del Sáhara mediante el estudio de las muestras de la depresión Bodélé y de las estaciones de tierra en Barbados y Miami. A continuación utilizó esta estimación para calcular la cantidad de fósforo que se deposita en la Amazonia. Se calcula que la zona de Bodélé ha perdido cuatro metros de polvo en los últimos mil años.

Aunque siete años es un registro demasiado corto para extraer conclusiones sobre las tendencias a largo plazo, es un paso importante hacia la comprensión de cómo el polvo y otras partículas transportadas por el viento se comportan cuando se mueven a través del océano.

El patrón es muy variable dependiendo de los años. Hubo un cambio del 86% entre la más alta cantidad de polvo transportada (2007) y la más baja (2011). Yu y sus colegas creen que esta variación se debe a las condiciones en el Sahel, la larga franja de tierra semiárida en la frontera sur de la Sáhara. Los años de alta precipitación en el Sahel equivalían indefectiblemente a un transporte bajo en polvo al año siguiente.

Aunque el mecanismo de esta correlación es desconocido, Yu y su equipo tienen algunas ideas. El aumento de las precipitaciones podrían significar más vegetación y por lo tanto menos suelo expuesto a la erosión del viento en el Sahel. Una segunda explicación, más probable, es que la cantidad de lluvia se relaciona con los patrones de circulación de vientos que barren el polvo tanto del Sahel como del Sáhara en la atmósfera superior, donde se hace el largo viaje a través del océano. «Este es un mundo pequeño, y todos estamos conectados», dice Yu.

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