La odisea de los más de 22.000 marroquíes varados en el extranjero tras el cierre de fronteras por la crisis sanitaria continúa

“Lo más duro fue cuando mi hijo me preguntó: ‘Papá, ¿por qué Marruecos no nos deja volver?’”

photo_camera AFP/MARCOS MORENO - La Policía española vigila a un grupo ciudadanos marroquíes residentes en países como Francia e Italia tras haber quedado bloqueados en Algeciras al decretarse el cierre de fronteras por la pandemia

“Mi sentimiento en este momento es que esto no lo olvidaré. Me acompañará toda mi vida”, asegura a Atalayar Khalid Mouna, profesor de la marroquí Universidad Moulay Ismail de Mequínez, quien se encuentra confinado en un pequeño apartamento de París con su hijo de 9 años y su esposa. Como él, unos 22.000 ciudadanos marroquíes aguardan, mayoritariamente en Europa, poder regresar a su país tras haberse visto sorprendidos en viajes profesionales, turísticos o sanitarios por el cierre de fronteras decretado por Rabat para hacer frente a la epidemia por la COVID-19. Una odisea que se prolonga ya un mes y medio. Según el ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Nasser Bourita, la solución al embrollo llegará “lo más rápido posible”. De momento, empero, no hay fechas para el inicio de esa operación de regreso. “Ha sido muy triste haber visto a turistas convertirse en algo parecido a refugiados. Ciudadanos representantes de esa creciente clase media marroquí que viaja teniendo que pedir alimentos porque no pueden mantenerse en esta situación”, lamenta lapidario Mouna.

La gestión marroquí de la crisis del coronavirus ha sido objeto de elogios fuera de las fronteras del país magrebí, empezando por las autoridades españolas. Tras haber suspendido vuelos con Italia el día 10 de marzo, el día 12 del mismo mes Rabat decidió cerrar –en una decisión unilateral e inesperada- sus conexiones marítimas y aéreas con España. El día después hizo lo propio con Francia, además de con Argelia. Cinco días después, el 15 de marzo, anunció la clausura definitiva de sus fronteras. El día 20 del mes pasado entró en vigor el estado de emergencia sanitaria –con confinamiento general-, prorrogado hace exactamente diez días hasta el 20 de mayo. Y en aquellos días de desconcierto, además del problema del combate del patógeno, comenzaba un auténtico quebradero de cabeza para Marruecos (al igual que para otros muchos gobiernos): la repatriación de nacionales de terceros países y el regreso de sus ciudadanos repartidos por el mundo. 

Marruecos suspendió los enlaces aéreos y marítimos con Francia y España el 13 de marzo de 2020

Hasta 80.000 personas han podido volver desde Marruecos a sus respectivos Estados desde que comenzara la crisis sanitaria. Pero el destino de los 22.000 marroquíes –según algunas fuentes la cifra es bastante superior- y varios centenares de binacionales marroquíes –fundamentalmente compartiendo nacionalidad con la de otros Estados de la UE como Francia, Bélgica o los Países Bajos- sigue en el aire. Para algunos el cierre absoluto de las fronteras está justificado dada la necesidad que tiene un país como Marruecos de controlar al máximo el número de infecciones porque su sistema sanitario no podrá resistir una avalancha de casos. Para otros la situación no es razonable y se le ha ido de las manos a las autoridades marroquíes.

Según datos del ministro de Exteriores, las representaciones diplomáticas marroquíes se han hecho cargo en términos de alojamiento y alimentación de más de 3.800 de esos marroquíes. En el curso de una sesión de la Comisión de Asuntos Exteriores, Defensa Nacional, Asuntos Islámicos y de los marroquíes residentes en el extranjero el pasado día 23 de abril de la que se hace eco Médias 24, Bourita anunció además que, dada las circunstancias, se aumentaría en 20.000 dírhams (el equivalente a 2.000 euros) la dotación que reciben los marroquíes residentes en el extranjero de manera habitual. 

“La Embajada del Reino de Marruecos en Madrid y los 12 Consulados Generales en España están plenamente movilizados. La Embajada creó el día 13 una célula de seguimiento y comunicación para atender a los turistas bloqueados y aportarles la ayuda necesaria”, afirma la cónsul marroquí para Tarragona, Lérida y Aragón, Saloua Bichri, en un video remitido por la propia diplomática a esta revista. “Los ciudadanos marroquíes en la circunscripción de este consulado están atendidos por él, facilitamos alojamiento, ayudamos en la manutención y comunicamos y facilitamos ayuda sanitaria, incluidos medicamentos”, asegura la diplomática, que elogia la paciencia y destaca el agradecimiento de sus compatriotas.

Un grupo de personas espera junto a la frontera con Marruecos en la ciudad española de Ceuta, el 13 de marzo de 2020
Presión social en aumento

Al principio la cuestión pasó desapercibida en los medios de comunicación marroquíes. Poco a poco, con el paso de los días, la suerte de los marroquíes bloqueados en el extranjero fue ganando espacio en el debate público. “Mi opinión es que Marruecos subestimó la cuestión. Ha gestionado muy bien otros aspectos de la epidemia, pero se olvidó de los marroquíes fuera. Tuvo que haber empezado antes a repatriar a gente en situación de especial vulnerabilidad, pero las cifras no pararon de aumentar”, lamenta Mouna desde la capital francesa, adonde llegó para asistir a unas jornadas universitarias. Reconoce que al menos en el aspecto económico su situación es menos dura que la que viven otros marroquíes, pues unos amigos le prestaron el apartamento donde se aloja con su familia. “Está siendo muy triste ver a turistas como si fueran refugiados”, lamenta a Atalayar un ciudadano marroquí atrapado en París.

Cada vez más voces lamentan la mala política de comunicación de las autoridades marroquíes, que delegaron la gestión del problema en agentes diplomáticos locales en las primeras semanas. “No olvidaré cómo uno de nuestros ministros nos pedía que fuéramos pacientes y que hiciéramos el sacrificio. Me gustaría verlos a ellos en esta situación”, afirma Mouna a Atalayar por vía telefónica desde París. Pero la presión social por el problema–en paralelo al problema de los binacionales marroquíes que no han podido aún regresar a sus países de residencia tampoco- ha ido en aumento y el pasado viernes 23 de abril el ministro de Exteriores marroquí tuvo finalmente que dar explicaciones públicas en una comisión parlamentaria. “El retorno ya está preparado”, pero debe hacerse de forma ordenada para no afectar a unos recursos que son limitados, afirmó Bourita, en declaraciones recogidas por el digital Hespress. 

Soldados del Ejército español patrullan la frontera entre España y Marruecos a lo largo de la valla fronteriza de Ceuta

Por ahora consulados y embajadas marroquíes en el extranjero identifican a los ciudadanos varados, con sus datos de contacto completos, incluido el número de pasaporte y tarjeta nacional. Según se han hecho eco medios marroquíes como Maroc Hebdo, la cuestión ha desatado fricciones entre diputados de diferentes partidos en el Parlamento nacional. El citado semanario local recogía la denuncia del diputado y presidente del grupo parlamentario del partido nacionalista Istiqlal, Noureddine Mediane, que acusaba al Gobierno de no tener una agenda para la repatriación y de haber obviado la cuestión entre sus prioridades. 

De Algeciras a Seúl

“Cada vez nos queda menos dinero. No nos pueden enviar desde Marruecos. Estamos pasando el Ramadán un amigo y yo solos en un piso a ocho kilómetros de Algeciras. Echamos de menos a nuestras familias. Se nos acaba la comida y hace frío en esta casa. Es todo muy triste”, relata con desesperación Aziz Boumesmar a esta publicación. Transportista desde hace más de 25 años, el anuncio del cierre de fronteras le pilló en Francia con su vehículo. A pesar de haber viajado a toda velocidad hasta el sur de España con la esperanza de poder cruzar el estrecho, Algeciras fue el final de trayecto para este marroquí de 50 años. “En el Consulado marroquí aquí nos dicen que esperemos, que no pueden hacer nada por ahora. Pero están ayudando a muchos marroquíes con alojamiento y comida”, expresa a Atalayar Aziz, que lleva más de 40 días varado en tierras gaditanas. “España es un buen país, con buena gente, nos están ayudando con comida. Pero esta situación es rara, tenemos trabajo y papeles en regla, realmente no lo necesitamos”, asevera. 

El ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita

“Nos ha pillado todo a contrapié. Yo trabajo entre Ceuta y Tánger y mi esposa, que está embarazada, y yo vinimos a ver a un ginecólogo compañero mío en Granada, y nos hemos quedado encerrados”, lamenta a esta publicación Abdel El Merroun, propietario de una clínica maxilofacial en la antigua ciudad internacional. En su caso habían llegado una semana antes de que se decretara el cierre fronterizo. “Nos estamos pagando de nuestro bolsillo el alojamiento en un apartamento. Yo podría irme a Ceuta y seguir trabajando allí, pero mi mujer tiene que volverse a Tánger en su situación. Pero no tenemos fecha de vuelta. Esperamos que esto se solucione pronto”, afirma a Atalayar. También varado en España, en este caso en Alicante, se encuentra Issam Bahous, ingeniero informático de profesión. “Había venido de viaje de negocios cuando supimos del cierre de fronteras. No estamos en la situación de otros compatriotas: en mi caso la empresa me paga la estancia y estamos teletrabajando”, explica a Atalayar Bahous, que trabaja para una empresa española con sede en Marruecos.

Más suerte están teniendo jóvenes marroquíes contactados por esta revista que se encontraban estudiando lejos de su país cuando Rabat decretó el cierre de fronteras. Sus casos no están contabilizados entre los citados 20.000 marroquíes en el extranjero, pues aún se encuentran dentro del período de sus respectivas estancias académicas. Según algunas fuentes locales puede haber más de 80.000 estudiantes marroquíes repartidos por el planeta mientras transcurre esta crisis del coronavirus. “Me vine en uno de los últimos vuelos que partieron de Marruecos a Corea del Sur y a la segunda semana de mi estancia comenzaron a dispararse los casos en este país. Pero las autoridades aquí lo han hecho muy bien y la situación ahora es buena”, admite a Atalayar desde Seúl Meryem Razin, estudiante de ciencias políticas en la Universidad de Hanyang gracias a un programa de intercambio. “Fui a la Embajada marroquí la semana pasada y fueron muy receptivos. Me dijeron que me prorrogarán la visa si no se abren las fronteras. Pero me admitieron que no saben cuándo ocurrirá. De momento me quedo aquí, donde no hay confinamiento”, cuenta la joven nacida en Marrakech. 

Ciudadanos hacen cola frente al Consulado francés en Marrakech el pasado el 17 de marzo de 2020 tras decretarse el cierre de fronteras a causa de la crisis del coronavirus

“Yo no he tenido ninguna respuesta de las autoridades de mí país sobre cuándo podremos volver. Me dijeron que hay una lista de marroquíes residentes en Bélgica y me apuntaron para avisarme”, relata a Atalayar Fayrouz Yousfi, residente hasta junio en Gante, en cuya universidad cursa un programa de doctorado. La joven explica que en su caso está cubierta por una beca y que, al menos hasta el mes próximo, cuenta con permiso de residencia en Bélgica.

Un caso parecido es el de El Mehdi Boufaddi, un joven estudiante de ciencias políticas y relaciones internacionales en la Universidad sueca de Malmo y natural de la localidad de Kenitra. Y una inquietud probablemente similar a la de Meryem y Fayrouz. “Quiero volver a mi país al acabar el curso. Aquí en Suecia los casos se están incrementando cada semana porque las autoridades no han gestionado bien la situación. Pero no sé qué pasará en junio. Por suerte la universidad donde hago el intercambio ya me ha avanzado que me pagarán la estancia hasta que pueda regresar a mi país”, confiesa El Mehdi. 

Pasajeros del primer vuelo de repatriación partido desde Casablanca caminan por el interior del aeropuerto de Schipol en Ámsterdam, el 27 de abril de 2020

Además del sufrimiento de las personas varadas, hay un drama más doloroso por irreparable: el de las 341 personas, según datos de Exteriores, que han fallecido fuera de Marruecos desde que comenzara la pandemia por la COVID-19. Un tormento añadido para sus familiares y allegados. En las últimas semanas, varios colectivos en defensa de los derechos humanos han comenzado a trabajar de manera paralela a las autoridades marroquíes para ayudar a las personas en situación más vulnerable. Y, en fin, uno de los grandes interrogantes, que se antoja detrás del retraso en el proceso, es cómo organizarán las administraciones del país vecino la logística para poner en cuarentena a más de 20.000 personas una vez logren regresar a casa. 

De Algeciras a Seúl pasando por París, Bruselas, Madrid o La Haya. Pero también por Ceuta y Melilla, donde en torno a 1.200 ciudadanos marroquíes esperan poder cruzar la raya para alcanzar un país que parece ahora más lejano que nunca. Este martes las fuerzas de seguridad españolas revelaban haber impedido la huida a nado desde Ceuta a Marruecos a catorce personas y que una decena lo habían logrado en el último mes y medio. Un camino de vuelta, paradojas de esta crisis, siguiendo la ruta que habitualmente toman los inmigrantes indocumentados que pretenden alcanzar la ciudad autónoma. 

Miembros de las fuerzas de seguridad marroquíes hacen un control a un peatón en Casablanca como parte de las medidas para contener la propagación del coronavirus

Testimonios que se repiten y una desesperación creciente. “Marruecos nos ha cerrado la puerta. ¿No puede ayudarnos el ministro?”, se pregunta Aziz desde Algeciras. “La metáfora que mejor representa el dolor que vivimos fue la del avión que despegaba vacío desde Francia a Marruecos para recoger a ciudadanos franceses y traerlos de vuelta. Pero lo más duro de todo fue cuando mi hijo de 8 años me dijo: ‘Papá, ¿por qué Marruecos no nos deja volver?’ Te quedas sin palabras, sin saber qué decir. Acabas pensando que nos han privado de nuestra condición de ciudadanos. Nos hemos quedado sin derechos”, lamenta a esta revista el profesor universitario de Mequínez.  

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