Marruecos y los mediadores silenciosos del Sáhara: ¿por qué resurge el nombre de Qatar ahora?
No se trata de una iniciativa reciente ni de una mediación anunciada, sino de una memoria diplomática que remonta a comienzos del siglo XXI, cuando Doha logró desempeñar un papel silencioso en la gestión de los prisioneros vinculados a la guerra entre Marruecos y el Frente Polisario, un papel que permaneció durante largo tiempo al margen del debate público y que hoy reaparece en un contexto marcado por interrogantes sobre la capacidad de mediación regional e internacional.
A principios de 2004, se realizó la transferencia de varios soldados marroquíes que habían pasado años en cautiverio en los campamentos de Tinduf hacia territorio marroquí, un gesto considerado principalmente humanitario, pero que también transmitía mensajes políticos precisos, reflejando la capacidad de un pequeño país del Golfo para intervenir en un conflicto regional complejo, condicionado por sensibilidades históricas y cuestiones de soberanía.
Informes españoles señalan que esta acción no estuvo aislada del giro que posteriormente experimentó la política exterior qatarí, consolidando una experiencia de mediación basada en la no confrontación y en la actuación en los márgenes del conflicto, un enfoque que Doha aplicaría en otros asuntos internacionales a lo largo de las dos últimas décadas.
Este debate resurge hoy en un contexto internacional completamente distinto al de principios del siglo XXI, coincidiendo con un creciente interés estadounidense en impulsar una solución rápida al conflicto, bajo un enfoque pragmático que busca reducir los focos de tensión en el norte de África, aunque sin una hoja de ruta clara ni un consenso efectivo entre las partes enfrentadas.
Doha, por su parte, mantiene una distancia calculada respecto al conflicto, coherente con su doctrina diplomática que exige la solicitud explícita de todas las partes antes de asumir cualquier rol de mediación, posición confirmada por declaraciones oficiales que subrayan que las buenas relaciones con Rabat y Argel no se traducen automáticamente en intervenciones directas.
Analistas señalan que la particularidad de Qatar radica en que la mediación no es un recurso circunstancial de su política exterior, sino una opción estructurada por textos constitucionales y prácticas institucionales, lo que la hace cautelosa al elegir los conflictos en los que se involucra, especialmente cuando se trata de un conflicto con estabilidad militar relativa pero cargado de tensiones políticas y mediáticas.
Qatar ha acumulado en los últimos años experiencia técnica en la gestión de conflictos, mediante colaboraciones con centros internacionales y socios europeos, aunque ello no implica necesariamente disposición a intervenir en todos los casos, sobre todo cuando no existen indicios claros de demanda o cuando se complican los equilibrios entre las partes.
Recordando la experiencia previa, la mediación de Doha en el asunto de los prisioneros tuvo lugar en un momento en que la guerra había agotado a sus protagonistas, generando un margen humanitario que permitió iniciativas parciales y que finalmente cerraron este expediente de manera definitiva, situación distinta de la naturaleza actual del conflicto, que se ha desplazado del ámbito militar a los espacios políticos, mediáticos e institucionales internacionales.
El resurgimiento del nombre de Qatar también se inscribe en un contexto internacional más amplio, marcado por transformaciones aceleradas y el retorno de la lógica de grandes acuerdos políticos, especialmente tras resoluciones de la ONU que instan a reanudar el proceso político sobre la base de propuestas existentes, abriendo teóricamente la puerta a roles de mediación, aunque sin definir quiénes los asumirán o bajo en qué condiciones.
En este marco, se recuerda el éxito de Doha en la facilitación de acuerdos de paz en regiones alejadas de su entorno geográfico, de África a América Latina, experiencias que consolidaron su imagen como mediador confiable ante grandes potencias internacionales, aunque trasladar estas experiencias al caso del Sáhara depende de factores locales y regionales mucho más complejos.
Por ello, la aparición del nombre de Qatar en el debate no refleja necesariamente un cambio práctico en el curso del conflicto, sino una situación de fluidez diplomática en la que se cruzan memoria y actualidad, invocando experiencias pasadas para poner a prueba los desafíos del presente, a la espera de lo que determinen los equilibrios de poder y la voluntad política en la próxima etapa.
Paralelamente, la posición marroquí se mantiene constante respecto a la referencia política del conflicto, reiterando que la iniciativa de autonomía presentada en 2007 constituye el marco realista y operativo único para su resolución, enfoque considerado repetidamente por el Consejo de Seguridad como el más serio y creíble.
Esta constancia, reforzada por resoluciones consecutivas de la ONU, limita automáticamente cualquier discusión sobre una mediación potencial a un marco de referencia claro, situando el diálogo dentro de un proceso internacional existente que vincula la solución a la negociación política sin comprometer la soberanía nacional.
Abdelhay Korret, periodista y escritor marroquí

