De la ruptura a la asociación: una lectura comunicacional sobre el giro del Golfo hacia Siria
La revolución siria sacudió profundamente la conciencia árabe. La población, desarmada y vulnerable, se enfrentó a Estados, actores armados y a su propio régimen, que recurrió a todos los instrumentos represivos para sofocar el levantamiento, sin lograrlo.
El 8 de diciembre de 2024, Bashar al Asad, ya expresidente, abandonó Damasco rumbo a su exilio en Rusia. El mundo árabe e internacional fue testigo de escenas estremecedoras contra civiles indefensos.
Tras la caída del régimen, los Estados del Golfo —con Arabia Saudí a la cabeza— se movilizaron con rapidez para tender la mano a Siria y reintegrarla en la comunidad internacional tras años de aislamiento. El príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, asumió la gestión del dossier y convenció a Washington de la necesidad de apoyar a Damasco e incorporarla de nuevo a su entorno regional e internacional, un proceso visible hoy.
Al repasar la fase inicial del conflicto, diversos países del Golfo apoyaron política y mediáticamente a la oposición siria, rompieron relaciones con Damasco e impulsaron la suspensión de su membresía en la Liga Árabe.
Mientras tanto, los medios del Golfo construyeron una narrativa centrada en la tragedia humanitaria, frente al discurso oficial sirio que acusaba a dichos países de financiar una “conspiración” y el “terrorismo”. Así, el expediente sirio se transformó en un conflicto de relatos tan intenso como el militar. La relación entre Siria y el Golfo comenzó a plantear preguntas que trascendían la diplomacia y los recursos, para adentrarse en el terreno de la comunicación política y de la construcción de narrativas regionales: un recorrido que pasó de la ruptura total tras 2011 a una reintegración gradual y a la búsqueda de un enfoque árabe renovado para gestionar la crisis dentro del proyecto de estabilidad para Oriente Medio, en sintonía con la visión saudí de convertir la región en “la nueva Europa”.
Desde 2021, sin embargo, se hicieron visibles notables cambios en las posturas árabes y del Golfo, impulsados por el agotamiento de los actores, la consolidación del statu quo y el coste creciente de prolongar el aislamiento sirio ante la expansión de otros actores regionales. Ello llevó a los países del Golfo a trabajar por el retorno de Siria a la Liga Árabe.
Su presencia en la Cumbre de Yeda marcó la necesidad de reactivar el papel árabe en la gestión del conflicto, sin que ello implicara transformaciones profundas en el escenario interno sirio.
Hoy, el enfoque dominante en el Golfo es la “gestión de riesgos”: frenar el tráfico de estupefacientes, limitar la influencia iraní, abordar la cuestión de los refugiados y evitar el colapso estatal. En ese marco, el discurso político evolucionó del lenguaje de la ruptura hacia el del “proceso político árabe” y el “regreso de Siria a su entorno”. Las iniciativas humanitarias, especialmente tras el terremoto de 2023, reforzaron la imagen del Golfo como actor humanitario que busca contener la tragedia más que capitalizarla.
Con la llegada de Ahmad al-Shara a la presidencia en Damasco, los países del Golfo intensificaron su apoyo a Siria: se reanudaron vuelos hacia diversas ciudades, se reactivaron misiones y se abrieron canales económicos y humanitarios. Este avance político, económico y social estuvo acompañado de un papel crucial de la comunicación responsable para evitar la fragmentación interna, acercar posiciones en expedientes como el de Suwayda o la cuestión kurda, y situar la estabilidad siria dentro de la lógica de seguridad regional, no de intereses estrechos.
Desde esta perspectiva, la inversión del apoyo del Golfo —liderada por Riad— en favor de la estabilidad de Oriente Medio exige la creación de una narrativa comunicacional basada en tres pilares:financiar la reconstrucción dentro de una hoja de ruta política y de reconciliaciones locales; articular una voz árabe unificada que vincule el retorno de Siria a un proyecto de “seguridad árabe colectiva”; y utilizar las relaciones internacionales para desplazar el debate global de la dicotomía “sanciones o normalización” hacia una fórmula de “incentivos a cambio de reformas”.
El expediente sirio se convierte, así, en un examen de la capacidad del Golfo —especialmente de Arabia Saudí— para producir una “narrativa de estabilidad” cuando el apoyo político y financiero se combina con una visión comunicativa ética que acerque a Siria más a una historia de recuperación que a una crónica de colapso permanente.
En definitiva, el giro del Golfo hacia Siria, respaldado por Arabia Saudí, no constituye solo un cambio de postura, sino una inflexión estratégica que redefine el papel del mundo árabe en la gestión de sus crisis y en la configuración del futuro regional con herramientas más maduras y realistas.
La experiencia demuestra que la comunicación política, gestionada con responsabilidad, puede transformar expedientes complejos y convertir escenarios de conflicto en espacios de consenso.
Hoy, Siria se encuentra ante una oportunidad histórica para recuperar su lugar en el mundo árabe, mientras el Golfo —liderado por Riad— se enfrenta al desafío de construir un modelo estable basado en la cooperación, la reconstrucción y un equilibrio político duradero.
Si este proceso continúa avanzando al mismo ritmo, la región podría pasar de la fragmentación a una etapa de “recuperación serena”, donde se redacte un relato árabe distinto para el futuro y se formen generaciones capaces de construir paz, innovación y prosperidad.
Dr. Hasan Alnajrani. Periodista y académico saudí
