Lorenzo Olarte, las autonomías y el Sáhara

Lorenzo Olarte y Miguel Ortiz en la ONU
Lorenzo Olarte y Miguel Ortiz en la ONU

Falleció nuestro querido Lorenzo Olarte, histórico personaje de la política canaria y española. En su largo historial destacan, entre otras muchas cosas, su presidencia del Gobierno de Canarias (1988-1991), y su nombramiento como asesor del presidente del Gobierno Adolfo Suárez, labor que desempeñó desde 1977 hasta 1982 como hombre de su máxima confianza, y donde se le recuerda como una pieza importante en el arduo y laborioso trabajo de articular la transición a la democracia.  

  1. Importante visión sobre el Sáhara Occidental 

Pero más allá de las merecidas loas y alabanzas, así como los resúmenes y semblanzas sobre su trayectoria política y personal que se han publicado estos días a raíz de su fallecimiento, no está de más rescatar algunos capítulos de su trayectoria que, no por menos conocidos, le restan su dosis de interés. 

Importante visión sobre el Sáhara Occidental 

Con Olarte nos unían vínculos en relación a la cuestión del Sáhara desde hace dos décadas, donde coincidimos en la IV Comisión de la ONU (a la que en breve me referiré) y otros eventos conexos. Pero a nivel personal, y aún en mi tardía etapa de estudiante, no quiero dejar de recordar cómo, ni corto ni perezoso, se plantó sin dudarlo en mi “alma mater”, la Universidad de Murcia, cuando le pedí participar en una conferencia sobre el Estado Autonómico, que organizábamos con motivo del centenario de la universidad.

Aquel generoso esfuerzo cogiendo un vuelo nocturno en la víspera y posterior enlace vía ferrocarril es algo que no olvidaré. La paliza mereció la pena, aquella mesa redonda bajo el título “Estado Autonómico: pasado, presente y futuro” dejó varios momentos estelares sobre su vida y carrera. Por ejemplo, cuando recordó la transición “no como una obra de ingeniería, sino de orfebrería”, debido al difícil contexto político y social del momento. O cuando enfatizaba con enorme orgullo que, por encima de centrista, él se consideraba “suarista”. Y como buen autonomista sentenció: “Si las autonomías no existiesen, habría que inventarlas”. 

En esta dualidad, autonomías y Sáhara, también se posicionó Olarte. Ya en 2006, antes incluso de que Marruecos propusiese el plan de autonomía, se manifestó al respecto en una conferencia en Rabat proponiendo “una autonomía plena y sincera, para lo cual el modelo canario es una importante referencia" y recordando que “la vieja representatividad del Polisario ha dado paso a una pluralidad de distintas concepciones sobre el futuro del Sáhara”. Si bien flirteó en algún momento con la idea de una Confederación o de un Estado Libre Asociado para el territorio, finalmente reconoció esta opción como la más factible, al igual que también hiciera otro expresidente recientemente fallecido como Jerónimo Saavedra. 

Posteriormente, entre 2007 y 2009, participó en las sesiones anuales que organiza la IV Comisión de Naciones Unidas en Nueva York. En sus diarios de sesiones, que pueden consultarse libremente a través de la web de la ONU, pueden examinarse las intervenciones de Olarte y su posición al respecto de la cuestión. Tal y como él mismo declaró, intervino allí en calidad de “expresidente de la Comunidad Autónoma de Canarias y antiguo miembro del Congreso de los Diputados y la Comisión que supervisó el proceso de descolonización del Sáhara Occidental concluido por España en 1975”. 

Por ejemplo, en su intervención de 2007, reclamaba ante la Comisión que “las islas Canarias, que comparten historia y estrechas relaciones con el Sáhara, aportan un volumen considerable de ayuda humanitaria destinada a los habitantes de Tinduf. El objetivo de esa ayuda es satisfacer las necesidades básicas de la población y nunca sufragar las actividades militares del Polisario”. También instaba a las partes a “realizar todos los esfuerzos posibles con miras a llegar a un acuerdo”, si bien matizaba que “un posible obstáculo serían las ambiciones territoriales que pueda albergar Argelia, que acoge a una parte de la población saharaui”. 

Al año siguiente, en la edición de 2008, declaró en la ONU que “la situación de los saharauis que viven bajo dominio marroquí es mucho mejor que la de los que viven en los campamentos para refugiados de Tinduf”, y donde se refería a la autonomía para el territorio como “ese estatuto que otorgaría al pueblo las condiciones económicas y financieras que necesitan para establecer una sociedad moderna y democrática, capaz de alcanzar su potencial de desarrollo”. 

Por último, en 2009, Olarte recordaba a la ONU que “se debe hacer todo lo posible por evitar una solución violenta que no beneficiará a nadie”. Señalando a Argelia al indicar que “con su hostilidad hacia Marruecos, hace que continúe la controversia. Su apoyo al Frente Polisario sólo sirve al objetivo de crear un Estado títere que le proporcionaría una costa en el Atlántico, una ventaja estratégica y riqueza en minerales. Las Naciones Unidas deben ejercer presión sobre Argelia para alcanzar una solución”. Para concluir, se manifestó de forma contundente al señalar que “la propuesta de Marruecos, de autonomía plena, garantizará al pueblo del Sáhara Occidental una vida mejor y más decente, respetando a la vez su cultura y su identidad nacional y salvaguardando sus derechos políticos, económicos y culturales”. 

Como vemos, muchas de estas problemáticas y posibles soluciones que planteaba Lorenzo Olarte en la ONU siguen hoy vigentes y necesitan urgente solución. Ahora que interesadamente tanto se habla de “volantazos” y “giros bruscos de postura”, conviene volver a rescatar sus palabras, como figura clave de la transición que fue, hablando de algo que conocía bien: integración territorial y estado autonómico. 

Aunque de amplia actualidad ahora y cada vez más aceptada por la comunidad internacional, esta es una buena prueba de que, lejos de volantazos, la autonomía marroquí para el Sáhara es debatida y recomendada por gente experta en la materia desde hace dos décadas como solución más viable y humanitaria, por encima de castillos en el aire o posicionamientos sectarios. El ejemplo de Olarte es uno de ellos. Demócrata, centrista, “suarista” y, hasta en el tema del Sáhara, autonomista. 

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