Opinión

Estado palestino

La historia de la humanidad ha ido registrando con brutales episodios de violencia y guerras la conformación de los países, los estados, las instituciones, las organizaciones, las leyes, en definitiva, el sistema y la forma que cada conjunto de personas de una determinada región ha podido crear y consolidar para su existencia.

Conocer la historia, asumir sus consecuencias y aprender sus lecciones debe resultar clave en el siglo XXI donde se está dando rienda suelta a la violencia, a la guerra como vía para conseguir los objetivos de algunos dirigentes políticos que ejercen el poder en sus respectivos países. El derecho internacional ha ido forjándose a pesar de las reticencias de los más fuertes y, en ocasiones, para favorecer su superioridad, pero con el paso de los años y el trabajo y esfuerzo de numerosos y cabales representantes políticos y jurídicos de muchos países se ha consolidado un derecho internacional que debe ser respetado.

La ambición desmedida de algunos dictadores causó enormes tragedias en el siglo XX. En la actualidad, la amenaza de una confrontación mundial se incrementa como continuación de una lucha por la hegemonía política, económica, comercial y social que se lleva dando desde hace años y que tiene tres escenarios claros: la economía, el ciberespacio y conflictos regionales.

Parecía que una pandemia como el covid, que tuvo en jaque al mundo durante dos años, podía enseñar la necesidad de una mejor relación entre todos los gobiernos y sus dirigentes, fueran de la ideología e intereses que fueran, pero enseguida vino la invasión rusa de Ucrania para devolvernos a la cruda realidad.

El riesgo de conflicto mundial se incrementaba con Taiwán. Y desde el 7 de octubre, el caos afecta a Oriente Medio por la provocación interesada de Irán y sus grupos como Hamás en su brutal ataque terrorista contra Israel. La reacción del gobierno de Netanyahu, prevista incluso por los propios terroristas que lo tenían como objetivo, ha sido una operación militar para liquidar a Hamás en Gaza.

Pero no olvidemos que también se pretende acabar con otros grupos afines y financiados por los ayatolas iraníes e impulsados por las Brigadas Al Quds de la Guardia Revolucionaria en Cisjordania, Líbano, Yemen, Siria e Irak.

No va a ser nada fácil lograr este objetivo sin evitar un enfrentamiento abierto con Irán, lo que supondría una escalada de proporciones incalculables. En Yemen, los terroristas hutíes están causando graves daños al comercio internacional con sus ataques.

La respuesta occidental está siendo contundente, pero está por ver si se llegará al final para liquidar esta amenaza y enfrentar un poderío armamentístico hutí un tanto inesperado. Hay muchos actores en la región que se están moviendo y hay que tener claro quiénes son los verdaderos enemigos.

En cualquier caso, una vez neutralizada una organización como Hamás que implantó una dictadura en Gaza en 2007 expulsando a los palestinos de Al Fatah, la solución para el más inmediato futuro debe incluir la creación de un Estado palestino, con un gobierno renovado y legitimado sin la influencia iraní, que sea viable y que garantice la seguridad de Israel. Es muy complicado pero necesario.