La influencia de España en el Sáhara
Pese a quien le pese, su política de chantaje y amenazas ya no surte efecto. Esta postura proviene del país que gestionó la región del Sáhara marroquí, y por tanto del país que mejor conoce los fundamentos históricos y jurídicos de esta cuestión, que en 1975 tras los Acuerdos de Madrid, fue recuperada e instrumentalizada políticamente por quien acoge los campamentos de Tinduf.
Esta decisión de España de reconocer explícitamente la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara ha tenido un impacto fuerte y significativo en la dinámica internacional actual, a la que se han sumado numerosos reconocimientos provenientes, entre otros, de Alemania, Hungría, Portugal, Bélgica, Austria, Eslovaquia, Estonia, así como de Francia y el Reino Unido, en su calidad de miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, junto a los Estados Unidos de América.
El efecto de cada una de estas decisiones no se resume en un simple cálculo aritmético o matemático, sino en un resultado exponencial que se extiende a otros países que han decidido también, formar parte de este consenso mundial en apoyo a la marroquinidad del Sáhara, y que coinciden en afirmar que la iniciativa marroquí de autonomía es la única solución política para resolver este conflicto artificial, mantenido a toda costa por algunos actores de la región.
Los países que apoyan plenamente el plan de autonomía marroquí apuestan por la solución política promovida por el Consejo de Seguridad de la ONU en sus resoluciones, incluida la 2756.
Por el contrario, su vecino, solo y contra todos, ha optado por luchar contra viento y marea, aferrándose a un procedimiento que ha resultado ineficaz y ya obsoleto. Y que ha sido sustituido por una solución política cuyos parámetros han sido claramente definidos desde 2017, a los que se ajusta la iniciativa marroquí de autonomía
Vemos hoy, una vez más, que el “polisario” figura como un simple peticionario y vuelve a fundamentar su argumentación en cuestiones periféricas de derechos humanos y recursos naturales, así como en una “sentencia” del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, sin ningún alcance jurídico ni consecuencia política sobre la sólida asociación estratégica que une a Marruecos con la Unión Europea y sus Estados miembros. La reciente decisión de Bruselas sobre el acuerdo comercial con Marruecos así lo demuestra.
El Polisario no es el único representante de los saharauis porque hoy en día iniciativas como el Movimiento Saharaui por la Paz también ha logrado ser un relevante representante de los saharauis.
Es lamentable que no se reconozca la realidad y se retorne a la razón y se continúe librando una batalla perdida. Aunque se despliega una maquinaria de guerra agresiva contra Marruecos y obstaculiza su integridad territorial, Rabat no insulta al futuro y tiende la mano, una y otra vez, a su vecino para resolver de manera consensuada este diferendo regional.
El futuro y la estabilidad del espacio euro-mediterráneo no pueden esperar. Todos, y quien acoge los campamentos de Tinduf más que nadie, están llamados más que nunca a asumir sus responsabilidades.
