Transformación en Venezuela
- Atención a eventual guerra asimétrica
- Situación económica
- Situación social y humanitaria
- Implicaciones internacionales
- Perspectivas futuras
Como la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, quienes fueron trasladados a territorio estadounidense para responder por acusaciones graves relacionadas con actividades vinculadas al narcoterrorismo, según el escrito de acusación del Tribunal Federal del Distrito Sur de New York, lo que les puede llevar a más de 20 de prisión.
Maduro, que asumió el poder en 2013 después de la muerte de Hugo Chávez, había consolidado un Gobierno caracterizado por un control autoritario, con denuncias constantes y contrastadas de manipulación electoral, supresión de disidencias y conexiones con redes criminales transnacionales, como grupos dedicados al tráfico de sustancias. Esta detención ha generado un estallido de júbilo entre amplios sectores de la población opositora, que perciben este suceso como el cierre de un capítulo de opresión que ha llevado a la ruina económica y a un éxodo masivo de ciudadanos. No obstante, la intervención de EE. UU. ha suscitado críticas globales por considerarse una infracción a principios básicos de soberanía y ha planteado interrogantes sobre el futuro inmediato del país.
En este contexto, la oposición venezolana emerge como un actor principal, aunque fragmentado y debilitado por años de represión. Figuras clave como María Corina Machado, una líder carismática con un fuerte respaldo popular, fueron inhabilitadas políticamente por el régimen, lo que limitó su participación en procesos electorales recientes. Machado representa a un sector conservador y liberal que aboga por reformas económicas profundas y una restauración democrática, enfatizando la necesidad de elecciones transparentes y el desmantelamiento de estructuras corruptas. Otro nombre relevante es Edmundo González, quien en las elecciones de 2024 obtuvo un amplio apoyo según actas independientes, demostrando que obtuvo la real victoria (actualmente en España). Sin embargo, la oposición enfrenta desafíos internos: divisiones entre facciones moderadas y radicales, exilios forzados de líderes y una falta de unidad estratégica. Muchos opositores, desde el exilio en lugares como Madrid o Miami, celebran cautelosamente la caída de Maduro, pero insisten en una transición pacífica liderada por venezolanos, temiendo que una administración externa prolongada genere más inestabilidad. La oposición ha documentado durante años cómo el régimen convirtió al país en un santuario para actividades delictivas, con alianzas estratégicas con potencias extranjeras que complican cualquier cambio. Ahora, con Maduro fuera, surge la oportunidad para que la oposición impulse un gobierno interino, pero el riesgo de vacío de poder podría diluir su influencia si no se organizan rápidamente.
Atención a eventual guerra asimétrica
Otro elemento crítico es el peligro latente de las milicias organizadas por el régimen. Estas fuerzas, conocidas como “Milicia Bolivariana”, suman millones de miembros civiles y militares entrenados en tácticas de guerrilla, manejo de armas convencionales y explosivos improvisados. Creadas como una reserva popular para defender la “revolución”, han recibido instrucción en escenarios de guerra asimétrica, inspirados en modelos como los de insurgencias históricas en la región. Su doctrina enfatiza la dispersión en terrenos difíciles, sabotajes, emboscadas y ataques sorpresa para desgastar a un enemigo superior en tecnología y recursos. En las próximas semanas, si no se logra una desmovilización efectiva, estos grupos podrían reorganizarse en células autónomas, operando como guerrillas en zonas rurales o urbanas, exacerbando el caos. El Ejército regular venezolano, aunque debilitado por deserción y falta de mantenimiento, podría fragmentarse en “unidades decapitadas” que formen feudos criminales, aliándose con remanentes chavistas leales. Esta amenaza no es hipotética; ejercicios militares previos han simulado respuestas a invasiones, priorizando la creación de un "pantano estratégico" que haga insostenible cualquier ocupación. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien asume funciones interinas, enfrenta presiones internas y externas para convocar elecciones, pero el espectro de una resistencia armada complica el panorama. Líderes internacionales han expresado alarma por el potencial humanitario de una escalada, mientras que el Gobierno estadounidense ha advertido contra cualquier cooperación con elementos residuales del régimen.
Situación económica
La economía de Venezuela ha sufrido un derrumbe profundo bajo el modelo chavista-madurista, con una reducción del PIB cercana al 80 % desde 2013 y episodios de hiperinflación que superaron el millón por ciento en años pasados. La dependencia casi total del petróleo, que representa el grueso de las exportaciones, se ha visto agravada por una producción que cayó de millones de barriles diarios a niveles críticos debido a la corrupción, la falta de inversión y restricciones externas. Actualmente, la inflación se mantiene alta, el desempleo afecta a un tercio de la población y el ingreso per cápita es mínimo, lo que deja a la mayoría en condiciones de pobreza extrema. Salarios básicos equivalen a montos irrisorios, insuficientes para cubrir necesidades básicas, mientras que políticas como expropiaciones y controles de precios han ahogado la iniciativa privada.
La remoción de Maduro podría abrir vías para la recuperación, con planes para revitalizar el sector petrolero mediante inversiones extranjeras, lo que influiría en mercados globales al aumentar la oferta. Sin embargo, la infraestructura deteriorada y la deuda acumulada representan barreras significativas. Recursos que antes se destinaban a aparatos de control ahora podrían redirigirse a la reconstrucción, pero la transición depende de estabilidad para atraer capital.
Situación social y humanitaria
El país enfrenta una crisis humanitaria sin precedentes, en primer lugar, la que viven por centenares los presos políticos con torturas en centros de detención opacos, como el Helicoide, unos centros que dirige el ministro Diosdado Cabello quien, aunque también está acusado en la misma causa que Maduro. En la región, con millones de emigrantes desde 2014, configurando uno de los mayores desplazamientos globales. La malnutrición, la escasez de medicinas y el colapso de servicios públicos han provocado pérdidas de peso masivas en la población y un aumento en enfermedades prevenibles. Hospitales y escuelas operan de manera intermitente, con cortes frecuentes de energía y agua. La sociedad está dividida, con violencia cotidiana y una polarización que ha erosionado el tejido social.
Tras la captura, se reportan manifestaciones de alivio en las calles, pero también inquietud por la incertidumbre. La intervención podría agudizar divisiones, aunque ofrece esperanza para un retorno democrático. Las remesas de emigrantes siguen siendo vitales para la supervivencia de familias.
Implicaciones internacionales
La acción estadounidense altera el equilibrio regional: aliados del régimen como Rusia, Irán y China ven mermada su influencia, mientras se emiten advertencias contra otros países. Los críticos señalan inconsistencias en políticas contra el narcotráfico. Europa y Latinoamérica muestran divisiones, con algunos respaldando el cambio y otros alertando sobre precedentes riesgosos. Venezuela había servido como base para actividades que afectan a vecinos, incluyendo flujos migratorios y delictivos.
Perspectivas futuras
Sin Maduro, hay espacio para elecciones libres y reformas económicas, pero persisten riesgos de inestabilidad, como resistencia armada o intervenciones prolongadas. La diversificación más allá del petróleo, junto con la reconstrucción institucional y ayuda humanitaria, son esenciales. Las vastas reservas de recursos naturales atraen intereses externos, pero sin cambios profundos, el ciclo de crisis podría repetirse.

