Argelia después de la resolución de la ONU por la autonomía del Sáhara marroquí

El presidente de Argelia, Abdelmajid Tebboune, y el jefe del Estado Mayor del Ejército Nacional Popular de Argelia, Saïd Chengriha
El presidente de Argelia, Abdelmajid Tebboune, y el jefe del Estado Mayor del Ejército Nacional Popular de Argelia, Saïd Chengriha
Extraordinario punto de inflexión

Quisiera referirme, únicamente a Argelia, el vecino de Marruecos, que decidió no votar para la histórica Resolución 2797 (2025) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, del último viernes 31 de octubre, donde se contaron 11 votos a favor de la autonomía para el Sáhara Occidental, de los 15 Estados que integran el Consejo, incluidos los de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, 3 de sus 5 miembros permanentes, y sin votos en contra, pues China y Rusia, que lo completan, se abstuvieron, allanando el camino. 

Su único sentido político y jurídico ha sido consagrar la propuesta de autonomía -prerrogativa de autogobierno administrativo- para dicho territorio, el más meridional del Reino de Marruecos, que fuera planteada en 2007, por el rey Mohamed VI, ante la propia ONU, constituyendo en adelante el exclusivo y excluyente marco para las negociaciones de fondo hacia una solución definitiva para la cuestión del Sáhara Occidental

Este extraordinario punto de inflexión se produce a poquísimos días de celebrarse 50 años de la histórica Marcha Verde, por la cual los ciudadanos marroquíes -unos 350 mil-, se desplazaron pacíficamente hacia el Sáhara Occidental, confundiéndose con las poblaciones saharauis, todos miembros de una sola patria: Marruecos. 

Vanos fueron los intentos de Argelia por arrancar a Marruecos de su Sáhara durante el medio siglo transcurrido (1975-2025). Viendo que España puso fin a su condición de potencia ocupante del Sáhara Occidental, Argel, rápidamente construyó una pseudo estrategia para frustrar la conexión histórica entre el rey marroquí y los saharauis -la Corte Internacional de Justicia en su Opinión Consultiva la identificó por el fortísimo vínculo de subordinación saharaui al monarca-, y en ese censurable objetivo, usó todo el tiempo al Polisario e inventó la autoproclamada “República Árabe Saharaui Democrática”, en su delirio por hallar la ruta que le permitiera salir al Atlántico, y de paso, hacerse de los ricos yacimientos de fosfatos del Sáhara marroquí. 

Todos sus esfuerzos conspiradores, propios de una estrategia solamente hilvanada, fue desnudada al mundo por la habilísima diplomacia marroquí, y por eso, la comunidad internacional se plegó abrumadoramente en favor de Marruecos, reconociendo su soberanía sobre el Sáhara Occidental y apoyando, como una avalancha, la autonomía que acaba de hacer suya por completo el Consejo de Seguridad.

Así, pues, Argelia, se ha quedado sola, sin peso ni piso, y ahora menguada con su expediente artificial en la mano, incapaz de seguir sorprendiendo a los pocos Estados de la ONU que alguna vez le creyeron, y en donde la reciente abstención de Rusia y China, ha sido casi lo mismo que darle la espalda, o exigirle ponerse a derecho con la realidad.

Argelia, sin reflejos e incapaz siquiera de votar en contra, no ha disimulado su frustración, y su ausencia en la votación deberá ser su momento de reflexión. A la luz del nuevo y único escenario de negociación por la autonomía, que se iniciará, debería aceptarlo como surfeando la mejor ola, donde no hay ganadores ni perdedores, como ha dicho Su Majestad, Mohamed VI, en su inteligente y equilibrado mensaje de la víspera, propio de su volumen de estadista.

Miguel Ángel Rodríguez Mackay, excanciller del Perú e Internacionalista

Artículo publicado en el diario Expresso del Perú