Las pugnas chavistas facilitan los planes de Estados Unidos sobre Venezuela
El difícil temperamento de Diosdado Cabello, el creído poderoso ministro del Interior de la Venezuela chavista, aquel que en el pasado sintió en carne propia el profundo dolor y rabia por el despojo hecho público por el propio Hugo Chávez de la sucesión del poder en el país que creyó por derecho, una vez conocido el deterioro profundo de la salud del entonces presidente de Venezuela que terminó con su muerte, ahora se viene mostrando en su actitud recalcitrante frente a los Estados Unidos y pugna con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta del régimen de facto de Nicolás Maduro que el Tribunal Supremo de Justicia le encargó la jefatura del poder real, confirmada la extracción del dictador hacia Nueva York.
En medio de los dos está Vladimir Padrino, el más asolapado de los tres, maestro de la completa hipocresía, que seguramente se moverá como Delcy Rodríguez, que conversa todo el día con Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, ambos muriéndose de miedo tan solo mirando la foto de Maduro y de su esposa Cilia Flores encarcelados mientras esperan un juicio que de todas maneras los va a sentenciar como a Manuel Antonio Noriega, el entonces poderoso dictador de Panamá, también involucrado en el tráfico ilícito de drogas o al narcotraficante mexicano, Joaquín “Chapo” Guzmán.
El desconcierto, hermetismo e incertidumbre domina a los tres, hasta hace poco casi como los ases que sostenían, cada uno desde sus perfiles y cuotas de poder o de influencia, a la dictadura de Nicolás Maduro.
El escenario de confusiones es idóneo para los planes de Washington, que siempre lo estuvo buscando, pues la mayor consecuencia de este nebuloso contexto, serán las traiciones y hasta la muerte dentro de ese trío que sigue al mando de un poder real que aún se sostiene, aunque ahora sobre un castillo de naipes.
Estoy persuadido que la inteligencia exógena está haciendo un trabajo de filigrana para conseguir que la transición en Venezuela permita, primero, el imperativo cambio de fichas en las cadenas de mando militar -es la mayor prioridad en estos momentos para la Casa Blanca-, y una vez asegurada, entonces, recién deberá producirse la emersión de Edmundo González, legítimamente ungido en las urnas para juramentar como presidente de Venezuela y María Corina Machado, secundándolo en la tarea ejecutiva.
Pero este segundo momento aún no ha llegado, y los referidos políticos de la oposición que, en cambio, si se la jugaron por su patria en las elecciones de 2024, deberán esperar que se haya despejado el primero, es decir, el relativo a las pugnas que no parecen presagiar un futuro inmediato pacífico.
El primero de los tres que quiera sacarle la vuelta a algún acuerdo con Washington, los gringos les bajará el dedo, sin vacilaciones, y lo digo desde el realismo político pues no todo el caso de Venezuela se explica desde el derecho internacional, y no por eso el mundo de las normas internacionales ha muerto como erradamente algunos afirman.
Contrario sensu, si juegan limpio, el acuerdo a que lleguen con Trump, será respetado por Estados Unidos. El espejo de Maduro basta y sobra.
Miguel Ángel Rodríguez Mackay, excanciller del Perú e Internacionalista
