Italia y el fin de la legislatura (años 2026-2027)
Como ya señalamos en anteriores artículos, la XIX Legislatura de la Italia republicana entra en su tramo final, habiendo aún dos incógnitas por despejar: si Meloni la va a agotar por completo (en cuyo caso, no habría elecciones hasta los últimos meses de 2027), y si se concurrirá a las nuevas elecciones “políticas” con la misma ley electoral utilizada en 2018 y 2022 (la “Rosattalleum bis”) o, por el contrario, el Gobierno Meloni hará aprobar una nueva, como se viene hablando en el último mes en la mayor parte de medios de comunicación transalpinos.
A partir de ahí, examinaremos en qué estado se presentan las dos posibles coaliciones (centroizquierda y centroderecha) tras haberse celebrado este otoño hasta seis comicios para elegir el Gobierno de una región concreta (Apulia, Calabria, Campania, Las Marcas, Toscana y Véneto). En este tema concreto podemos anticipar que, aunque ha habido un empate a tres (Calabria, Las Marcas y Véneto para el centroderecha, mientras Apulia, Campania y Toscana han ido a parar a manos del centroizquierda), los números favorecen al centroizquierda: juntando los datos de las seis regiones, el centroizquierda se ha llevado 4.400.000 votos, por 4.100.000 del centroderecha). Claro que bien sabido es que una cuestión es votar en clave local, donde ahora mismo sale ganador el centroizquierda, y otra en clave nacional, donde las encuestas siguen dando una mayoría apabullante al centroderecha.
Comencemos por el centroizquierda. Parece claro que no va a concurrir a las elecciones “políticas” de la manera tan lamentable que hizo en septiembre de 2022: sin líder elegido en primarias y dividido en tres bloques (AVS y PD en uno, Cinco Estrellas en otro, y “Terzo Polo” en un tercero). Ahora sí hay líder (la joven jurista Ely Schlein, elegida secretaria general en las primarias de comienzos del año 2023) e igualmente da la impresión de que se han levantado los vetos de unos contra otros: en particular, el de Cinco Estrellas hacia la Italia Viva de Matteo Renzi. Y es que ya a finales de 2024 se dio un primer paso dejando que concurrieran juntos en Umbria para dar finalmente la victoria a su candidata (que desbancó a la hasta entonces líder del centroderecha, Donatella Tesei). Pero ha sido en este otoño donde se ha dado el cambio más trascendente: Renzi no sólo no ha vetado a Cinco Estrellas, sino que ha dado su apoyo explícito al candidato del centroizquierda en Campania (Roberto Fico, expresidente de la Camára Baja y destacado miembro de Cinco Estrellas). Eso sí, sigue habiendo obstáculos por resolver, porque la Azione de Calenda, que es tan centro como Renzi, se ha negado a apoyar a Fico. Lo cierto es que éste acabó ganando las elecciones con muchísima claridad sobre el candidato del centroderecha (el viceministro de Exteriores, Edmondo Cirielli).
A su vez, Matteo Renzi ha ampliado la base de su partido: aunque sigue al frente de Italia Viva, ha creado el llamado “Campo Reformista” para aglutinar a todas las fuerzas de la zona más templada del centroizquierda. Eso explica que, por ejemplo, en Toscana se llevara casi el 10 % de los votos del 50 % que obtuvo el centroizquierda, o que en Campania lograra un 7 % de apoyo. Renzi sabe que su etapa de mayor esplendor ha pasado hace ya muchos años (dimitió como presidente del Consejo de Ministros en diciembre de 2016), pero hay elementos que perviven en su persona: sus extraordinarias dotes de comunicación (es uno de los mejores parlamentarios con mucha diferencia); su capacidad para multiplicarse por los medios radiofónicos y televisivos; y, lo que no es poco en política, tener capacidad económica para financiar a los suyos, ya que posee en este momento el mayor patrimonio de todos cuanto componen el arco parlamentario en ambas Cámaras, fruto del dinero ganado por su actividad política como, sobre todo, por las ingentes cantidades cobradas por dar conferencias en Arabia Saudí. Conferencias, por otra parte, que ya no puede impartir mientras sea parlamentario, porque a su archienemiga Meloni le faltó tiempo para hacer aprobar una ley de incompatibilidades entre ser parlamentario en activo y hacer este tipo de actividades: toda una ley “ad personam” a la que Renzi respondió escribiendo un libro donde descalificaba al máximo a la primera ministra, a la que no considera más que una mera “influencer” y a la que lo último que le otorgaría es la condición de “estadista”.
En relación con ello, el centroizquierda ha hecho la primera parte de lo que debía hacer para evitar los errores: como pidió Ely Schlein en junio de 2024, levantar los vetos. Pero ahora falta una segunda, que es acometer un programa conjunto con el que concurrir, en una coalición donde tenemos comunistas, verdes, socialistas, reformistas y hasta democratacristianos de izquierda. Seguramente, Schlein se centrará más en atacar la paupérrima labor de gobierno de Meloni que en ofrecer una alternativa creíble, sabedora de que los gobiernos no los gana quien está en la oposición, sino que los pierde quien está en el poder. Y la actual Ley de Presupuestos Generales del Estado, de una pobreza nunca vista desde hace años, es un buen elemento para atacar. Y, a su vez, presentar un programa de mínimos porque una coalición que junto a comunistas con democratacristianos difícilmente puede presentar algo medianamente consistente.
Desde el punto de vista económico, Meloni podrá decir que la prima de riesgo está en mínimos históricos (en torno a los 65-70 puntos básicos), pero todo ello ha sido sobre la base de aumentar enormemente los impuestos, bajar sustancialmente el gasto público y no invertir en futuro: una vez más, y año tras año, casi 200.000 jóvenes italianos, no pocos de ellos muy bien formados, tendrán que coger la maleta e irse fuera del país porque no hay trabajo de calidad en Italia. Y es que Meloni, en realidad, no es que sea una muy buena “influencer”, como dice Renzi, sino sobre todo una política que sabe cuidar su imagen como pocos. Y que, además, es conocedora de que la mayor parte de sus rivales, tanto dentro como fuera de su coalición, no poseen apenas entidad: ya tuvieron su ocasión, y aportaron, en la mayor parte de los casos, muy poco. Eso sí, comparar a Meloni con el anterior presidente del Consejo de Ministros (Mario Draghi) deja a la política romana en una evidencia abrumadora, pero tiene la tranquilidad de que Draghi no piensa concurrir a las elecciones a sus 78 años de edad.
Eso sí, Meloni, a la que astucia no le falta, sabe que juega una carta fundamental: el voto es cada vez más conservador, como corresponde a un país donde la edad media ya está casi en los 48 años de edad. Por cierto: ¿dónde quedaron sus célebres “políticas de natalidad”? De ellas no se sabe, como tampoco del dinero para combatir los aranceles de Trump. Y es que la política romana ha dejado la inversión en futuro para los presupuestos que se utilizarán en el año 2027, que es cuando previsiblemente se celebren nuevas elecciones “políticas”.
Eso sí, antes de que lleguen estas elecciones generales, habrá que ver qué sucede con las municipales de 2026 (donde, por cierto, están en juego las tres ciudades más destacadas, que no son otras que Roma y las capitales de Campania y Lombardía) y, sin fecha concreta aún, el “referéndum” sobre la reforma de la Justicia. Una reforma que difícilmente puede ser calificada como tal, porque consiste, en esencia, en separar la carrera judicial de la fiscal, y que afecta a menos del 1 % de los miembros del Poder Judicial. Meloni seguramente ganará el “referéndum”, pero puede que le suceda lo mismo que al sindicalista Landini con el “Jobs Act” y su “referéndum de este año: lo ganó con el 89 % de votos a favor, pero con sólo el 11% de la ciudadanía votando. Meloni puede lograr que la cifra ascienda al 35-40% de participación, pero da la impresión de que no habrá “quorum” y que la reforma judicial se quedará en “agua de borrajas”.
Por otra parte, en el centroderecha, donde la renovación de los liderazgos sigue pendiente, Meloni sigue sin rival: Tajani, por su izquierda, concurrirá a los comicios de 2027 con 74 años, y Salvini, por su derecha, lo hará, a su vez, con 54, y ambos tienen en común tener mucho menos apoyo que Meloni. Y, por otra parte, la actual presidenta del Consejo de Ministros no tiene sucesor en su partido, o por lo menos no parece que lo vaya a ver. Así que lo arriesgará a todo al coste de ser la primera mujer en presidir un Consejo de Ministros en toda la historia republicana (con, además, “plusmarca” de días como “premier”, seguramente con un gobierno de una duración de entre 1.500 y 1.800 días), pero eso conllevará igualmente el tener que acusar los años de desgaste en poder: y, además, tendrá 50 años en el momento de celebrarse elecciones, lo que le hará perder parte de la “frescura” que sí tenía en 2022.
Schlein, la en principio líder del centroizquierda en las elecciones de 2027, es una década más joven, pero su imagen de “comunistoide” juega mucho en su contra. Y es que ahí sí que el PD, por enésima vez, volvió a cometer un error: teniendo a una persona como el pugliese Antonio Decaro (nacido en 1970) como cabeza de cartel y con mucha más entidad que Schlein, los miembros del llamado “área reformista” prefirieron presentar a un candidato muy metido en años (Bonacccini) para liderar el nuevo PD, dejando, en la práctica, la “puerta abierta” para una Schlein que no tiene justo lo que sí tiene Meloni, que no es otra cosa que “tirón electoral”. Así que el centroizquierda seguramente lo máximo que puede conseguir es quedarse muy cerca de un centroderecha finalmente vencedor, repitiendo lo sucedido en las elecciones de 2013 (en aquella ocasión el centroizquierda ganó al centroderecha por sólo medio punto de diferencia).
Y queda claro, además, la cada vez mayor desafección de la ciudadanía italiana, harta de políticos incompetentes. Porque en los seis comicios que se han celebrado este otoño has ganado los previsiblemente ganadores, pero resulta igualmente cierto que, en un país donde en otros tiempos se votaba masivamente, ahora a menos del 50% de la población le interesa la política. Ahí sí gana Schlein a Meloni: los de centroizquierda tendrán más ganas de votar que los del centroderecha, pero es igualmente cierto que recortar 10 puntos de diferencia entre unos y otros parece una auténtica quimera.
Veremos qué nos depara el año y medio-dos años que tenemos por delante. En Europa ya se han enterado de que Meloni no es una fascista, aunque muchísimos de los miembros de su partido (comenzando por Ignazio La Russa, presidente del Senado) tienen en su casa uno o varios bustos de Benito Mussolini. Afortunadamente para el país, la primera autoridad del Estado, que no es otro que el presidente de la República (Sergio Mattarella), es un democratacristiano que garantiza a la Unión Europea que el país seguirá siendo un auténtico Estado de derecho. Además de que es de justicia reconocer a Meloni de que, más allá de que lidera un partido muy vinculado con el fascismo en el pasado, se ha comportado de manera impecablemente democrática desde que asumió la presidencia del Consejo de Ministros (¿por qué algunos siguen refiriéndose, sin base alguna, a Meloni como la líder “ultraderechista”?)
En realidad, su punto de débil no está en su falta de talante democrático, sino en una muy pobre gestión económica: recordemos que ningún economista de relieve (Daniele Franco o Fabio Panetta, por ejemplo) aceptaron llevar la cartera de Economía y Finanzas, que fue a parar a manos de Giorgetti, un “politicastro” de la Liga de Bossi que, salvo su paso por la Bocconi y haber sido Ministro de Desarrollo Económico con Draghi, tiene unos conocimientos económicos y financieros muy pero que muy justitos. Y los que le acompañan en esta área, como Adolfo Urso, son más incompetentes aún.
Claro que Schlein tampoco presenta en este momento a ninguna persona relevante para el área económica: salvo que logre recuperar al economista Cottarelli, antiguo miembro del Fondo Monetario Internacional (FMI), el centroizquierda tampoco tiene ningún economista de valía. Y Schlein, a su vez, sabe mucho de leyes (como Licenciada en Derecho por la Universidad de Bolonia con las máximas calificaciones que es), pero tampoco tenemos noticias de que sepa de Economía, como le sucede a AVS, Cinco Estrellas y el llamado “Campo Reformista” (salvo que recuperen al único que sí sabe de estos temas, el exmiembro del partido de Renzi Luigi Marattin, ahora diputado raso y sin futuro claro).
Así se presenta el tramo final legislatura: en esencia, la ciudadanía debe votar al que le parezca menos incompetente. Y, mientras, la deuda aumentando, el crecimiento del PIB inexistente y sufriendo con una constante pérdida población en edad de trabajar en un mundo cada vez más competitivo, con numerosas economías emergentes que no están precisamente ni en Italia ni el conjunto del mundo occidental. Así algunos hablan de “crisis de la democracia”, cuando en realidad lo que hay es “crisis de la representatividad”.
Lo cierto es que, en el momento actual, el centroderecha tiene muchas posibilidades de revalidar victoria, pero dos años en política son mucho tiempo y el centroizquierda ya no está tan debilitado como lo estaba en 2022. A partir de ahí, estaremos atentos a la evolución de los acontecimientos.
Pablo Martín de Santa Olalla Saludes es profesor de la Universidad Camilo José Cela (UCJC) y autor del libro “Italia, 2018-2023. De la esperanza a la desafección” (Liber Factory, 2023).

