Todo a la derecha en Chile

<p>José Antonio Kast, candidato presidencial del Partido Republicano de extrema derecha, saluda a sus seguidores tras los primeros resultados de las elecciones presidenciales, en Santiago de Chile, el 16 de noviembre de 2025 - REUTERS/ RODRIGO GARRIDO</p>
José Antonio Kast, candidato presidencial del Partido Republicano de extrema derecha, saluda a sus seguidores - REUTERS/ RODRIGO GARRIDO
La aplastante victoria del candidato del derechista Partido Republicano, José Antonio Kast, sobre la del Partido Comunista, Jeannete Jara, confirma un auténtico pendulazo en el mapa político de Chile

Al tiempo que acentúa el viraje del continente iberoamericano hacia la derecha. 

Kast, hijo de un soldado alemán exilado a Chile, logra así conquistar la Presidencia del país tras varios intentos. Lo hace con el segundo margen más amplio sobre su rival, 19 puntos porcentuales, desde el restablecimiento de la democracia. El triunfo más contundente lo logró la socialista Michelle Bachelet en 2013, por 24 puntos de diferencia, frente a la conservadora Evelyn Matthei. 

En esta ocasión Kast se ha impuesto en las dieciséis regiones que componen el país con inusitada contundencia, especialmente en los principales bastiones de la izquierda, Valparaíso y la Metropolitana de Santiago, además de los enclaves mineros del norte y las regiones agrícolas del sur. Casi dos millones de votos, que Kast promete diluir para ser “el presidente de todos los chilenos”. 

Chile, largo tiempo considerado el país más estable y democrático de Iberoamérica hasta el golpe de Estado de Pinochet, ha vuelto a los viejos usos, como lo demuestra el mensaje de la candidata derrotada al ganador de estas elecciones: “La democracia habló fuerte y claro. Me acabo de comunicar con el presidente electo para desearle éxito por el bien de Chile”, manifestaba Jara. Asimismo, este lunes, el presidente saliente, Gabriel Boric, invitaba a desayunar en el Palacio de la Moneda al que será su sucesor a partir del próximo mes de marzo, y ponerle al día de todos los asuntos relacionados con la administración del país. 

<p>El presidente de Chile, Gabriel Boric - REUTERS/ ADRIANO MACHADO </p>
El presidente de Chile, Gabriel Boric - REUTERS/ ADRIANO MACHADO 

Este triunfo tan aplastante como indiscutible de José Antonio Kast en Chile confirma el retroceso de la izquierda en todo el continente, en el que las antiguas banderas de la izquierda de redistribución, indigenismo y feminismo radical han dejado paso a las que prometen atajar la incontenible inseguridad, controlar la emigración desbordada e incorporarse a la senda del crecimiento económico. 

Chile, pues, completa por ahora un mapa que progresivamente se tiñe de azul, y por el que ya transitan la Argentina de Javier Milei, el Paraguay de Santiago Peña, el Ecuador de Daniel Noboa, la Guatemala de Bernardo Arévalo, el Panamá de José Raúl Mulino, la República Dominicana de Luis Rodolfo Abinader, todos ellos simpatizantes, cuando no abiertos partidarios, del salvadoreño Nayib Bukele. A ese mapa se van a incorporar tras sus respectivas victorias electorales la Bolivia de Rodrigo Paz y la Honduras que presidirá Nasry Asfura. 

La izquierda renovó mandato en México con Claudia Sheinbaum y en Uruguay con Yamandú Orsi. Brasil, con Lula da Silva, y Colombia, con Gustavo Petro, habrán de enfrentarse próximamente a las urnas y los sondeos de momento les son bastante esquivos. 

<p>Jeannette Jara, candidata presidencial de la coalición izquierdista gobernante y miembro del Partido Comunista, observa mientras se dirige a sus seguidores tras los primeros resultados de las elecciones presidenciales, en Santiago de Chile, el 16 de noviembre de 2025 - REUTERS/ PABLO SANHUEZA </p>
Jeannette Jara, candidata presidencial de la coalición izquierdista gobernante y miembro del Partido Comunista, observa mientras se dirige a sus seguidores tras los primeros resultados de las elecciones presidenciales, en Santiago de Chile, el 16 de noviembre de 2025 - REUTERS/ PABLO SANHUEZA 

En este mapa no se incluyen las tres dictaduras supuestamente revolucionarias e izquierdistas de Venezuela, Nicaragua y Cuba, donde con o sin elecciones las tiranías no admiten la más mínima disidencia. Perdido su antiguo fulgor, castrismo, sandinismo y chavismo han querido renovarse bajo el paraguas del bolivariano Socialismo del Siglo XXI. Pero, tantos decenios de esas experiencias revolucionarias no han alumbrado sino falta absoluta de libertades, miseria generalizada y exilio en estampida huyendo de tales paraísos de disfrute exclusivo de los respectivos dictadores y su corte de lacayos nacionales o de otras latitudes. Todos ellos forman parte del denominado Grupo de Puebla, una organización ya en descomposición, que idearan Castro y Chaves para perpetuarse en el poder cuando el derrumbe del comunismo también se produjo en América y se alumbró la denominación de “progresista” para vestir el nuevo relato. Un calificativo adoptado también en la España de Pedro Sánchez, que en tales compañías había concebido la idea de convertirse en el guía y líder mundial de la oposición a Donald Trump.

Por supuesto, abundan en estos tiempos las acusaciones contra Trump y Estados Unidos de “interferencias” e “injerencias” en los países situados al sur del río Bravo. Sin negar la realidad de que el actual presidente norteamericano aspira a recuperar por completo esa esfera de influencia en toda Iberoamérica, convendría examinar las no menores interferencias e injerencias en el continente de Rusia y China, cada uno por sí o por medio de líderes de países a los que han convertido en satélites a través de sólidas dependencias. Y la no menos peligrosa penetración, también en aquel continente, del islamismo radical con sus correspondientes ramificaciones terroristas.