Opinión

Triunfo póstumo de Pinochet en Chile

AFP/MARTIN BERNETTI - Gabriel Boric
photo_camera AFP/MARTIN BERNETTI - Gabriel Boric

La denostada “Constitución de Pinochet” seguirá rigiendo los destinos de Chile después de que su ciudadanía, en concreto el 55,76% de los votos, optara por la opción “En Contra”, es decir rechazar la segunda redacción de la ley de leyes que pretendía sustituir a la aprobada aún bajo la égida del dictador, y ampliamente reformada en 1989 y 2005. 

Tras el triunfo electoral del presidente Gabriel Boric, la tarea urgente a la que se dedicaron sus aliados fue a conformar una Convención Constitucional que alumbrara un texto radicalmente distinto del redactado con Augusto Pinochet al mando. Lo que salió de aquella variopinta aglomeración de izquierdistas de viejo y nuevo cuño, doblados de indigenistas irredentos y el habitual puñado de oportunistas, fue un proyecto constitucional que algunos bautizaron como “Constitución del siglo XXII” y otros de “engendro inasumible”. Lo cierto es que, sometida al juicio del pueblo, éste la rechazó de manera abrumadora en 2022, lo que obligaba al presidente Boric a iniciar un nuevo proceso constituyente. 

En mayo de este 2023 se conformó una nueva Convención, en la que se asentaron mayoritariamente fuerzas conservadoras, con dos líderes complementarios entre sí: José Antonio Kast y Evelyn Matthei. Especialmente el primero, puso toda la carne en el asador en demostrar que Chile “es un país de orden y progreso disciplinado”, de manera que su estrategia era asimilar el posible triunfo en la aceptación del nuevo texto constitucional a una derrota tanto de Boric como del conglomerado de fuerzas de izquierda que le apoyan. El presidente decidió ejercer de tal y se mostró a lo largo de la campaña como un testigo imparcial de lo que decidiera el pueblo, si bien no pudo esquivar la tentación de mostrar algunos desacuerdos, lo que equivalía entre los entendidos a considerar que el Palacio de la Moneda se alineaba “En Contra”. 

Consumada la derrota de la opción “A Favor”, es decir por la que había apostado el jefe de la oposición, José Antonio Kast, ya han surgido las primeras voces que piden reconfigurar el orden jerárquico de la oposición. Nadie, salvo el Partido Comunista y algunos de sus aliados, se atreve a reclamar otra nueva Convención Constitucional de inmediato. Las dos experiencias fallidas de 2022 y 2023 dejan de momento las cosas como estaban en 2019, es decir con la “vieja” Constitución de Pinochet en vigor. 

Eso sí, en estos cuatro años de tanto debate identitario no exento de episodios de acaloramiento, la clase política chilena ha olvidado ocuparse de lo que verdaderamente preocupa a los chilenos, cuyos grandes problemas no solo no se han solucionado, sino que han sufrido un grave deterioro. La delincuencia y en especial el crimen organizado han aprovechado estos cuatro años de relajo político para asentarse firmemente en el país, que ha sufrido asimismo una fuerte avalancha de inmigrantes, especialmente de los venezolanos que huyen del paraíso chavista, y que han provocado una fuerte desestabilización social en el país. 

Las grandes manifestaciones y graves disturbios que amargaron el último mandato de Sebastián Piñera, y que se iban a solucionar como por ensalmo con un cambio de régimen constitucional, no se han producido de momento. Los problemas siguen sin resolverse o se han agravado aún más: estancamiento económico; bancarrota financiera de la sanidad privada y carencias absolutas en la pública; insuficiencia dotacional y económica de la enseñanza universitaria; pensiones claramente sobrepasadas en su poder adquisitivo por la  inflación y, en fin, un brutal aumento de la pobreza, que se expresa en un paisaje donde el sinhogarismo se extiende no solo por las grandes ciudades, sino incluso por las zonas rurales, sometidas éstas además a la desgracia de una severa y prolongada sequía y sus plagas consiguientes. 

Boric asegura que dejará de momento en barbecho acometer otro nuevo proyecto de carta magna. Es, pues, de suponer que dedicará el tiempo, tanto él como el resto de la clase política, a intentar resolver los acuciantes problemas a los que de verdad se enfrentan los chilenos.