Opinión

La paz y la seguridad del mundo: los problemas críticos de nuestra época (II)

Comunidad Ahmadía
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[Esta entrega es continuación de la anterior: “LA PAZ Y LA SEGURIDAD DEL MUNDO: Los problemas críticos de nuestra época (I)”].

“Como ya he mencionado, la acusación común y básica contra el Islam es que se trata de una religión que promueve el extremismo y la guerra. Sin embargo, nada puede estar más lejos de la realidad. En el capítulo 2, versículo 191, Al’lah ha prescrito que una guerra solo se puede justificar como medio de defensa. Este punto se reitera en el capítulo 22, versículo 40, que afirma categóricamente que se concede el permiso para la lucha solamente a aquellos que han sido atacados y se han visto obligados a luchar. Además, el permiso para combatir que Al’lah el Todopoderoso ha concedido a los gobiernos musulmanes es solamente como instrumento para asegurar la libertad religiosa y la libertad de fe. Por ello, en el capítulo 2, versículo 194, Al’lah prohíbe a los musulmanes involucrarse en ninguna batalla o guerra allí donde existe libertad religiosa. 

Por lo tanto, ningún musulmán, grupos de musulmanes o país musulmán tiene derecho a participar en ningún tipo de violencia, guerra o anarquía contra ningún estado o su pueblo. En pocas palabras, en Europa y Occidente, al ser los gobiernos seculares, ningún musulmán posee ningún derecho a violar las leyes del territorio en cuestión, oponerse violentamente al gobierno o instigar ningún tipo de rebelión o insurgencia. De hecho, según las verdaderas enseñanzas del Islam, si una persona residente en un país no musulmán considera que no disfruta de una auténtica libertad religiosa, aún así no debe participar en la disidencia o la anarquía; más bien, deberá abandonar el país y emigrar a un lugar de condiciones más favorables. 

En el capítulo 16, versículo 127, del Sagrado Corán, se prescribe a los gobiernos musulmanes que en caso de ser atacados deben responder  proporcionalmente y sólo como medida de autodefensa. Así pues, el Corán dice claramente que el castigo debe limitarse, y ser proporcional, al delito cometido. En el capítulo 8, versículo 62 del Santo Corán, Dios dice que si los oponentes abrigan malas  intenciones y planean causar algún prejuicio, pero después desisten y dan un paso hacia la reconciliación, se debe aceptar inmediatamente su gesto y trabajar para una solución pacífica, sea cual fuere su motivación. Esta enseñanza coránica es la clave para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional. En el mundo actual, existen muchos ejemplos de países que han decidido desarrollar políticas muy agresivas en respuesta a la supuesta hostilidad ajena. Parece que actúan bajo el principio: “Es mejor destruirlos antes de que nos destruyan”. Sin embargo, el Islam prescribe que no debe desaprovecharse ninguna oportunidad para la paz, y que hay que intentar establecerla incluso aunque la esperanza fuera remota. 

En el capítulo 5 versículo 9, Dios Todopoderoso ha declarado que la enemistad de una nación o pueblo solo debe incitar a actuar con justicia y equidad. El Islam enseña que en todas las circunstancias, por muy complicadas que sean, es preciso adherirse firmemente a los principios de justicia e integridad. La justicia y la equidad son, pues, de suma importancia, incluso en un estado de guerra, y una vez que la guerra haya terminado, la parte victoriosa deberá seguir adoptando la justicia, sin recurrir nunca a una crueldad excesiva.

Sin embargo, en el mundo actual no encontramos semejantes niveles de elevada moral ni integridad. Más bien, al terminar una guerra, los países imponen sanciones y restricciones que limitan el progreso de las partes derrotadas e impiden que tales naciones logren una auténtica libertad o independencia. Tales políticas están perjudicando las relaciones internacionales y solo pueden desembocar en un aumento de las frustraciones y causar un impacto negativo. Lo cierto es que no será posible establecer una paz sostenible hasta que no se imponga la justicia a todos los niveles de la sociedad. 

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Otra enseñanza importante del Islam, que encontramos en el capítulo 8, versículo 68 del Santo Corán, declara que no se permite a los musulmanes tomar ningún prisionero excepto en estado de guerra. Por lo tanto, los grupos extremistas y terroristas que están capturando prisioneros sin justificación alguna, están actuando totalmente en oposición a las enseñanzas islámicas. Es más, según algunas fuentes, no solo se limitan a tomar prisioneros, sino que además están infligiendo las crueldades más bárbaras sobre sus víctimas. Los actos que están cometiendo estos grupos terroristas solo pueden ser condenados con los términos más enérgicos. Por otra parte, el Corán enseña que incluso aunque los prisioneros hubieran sido capturados de forma justificada, lo mejor sería darles un trato favorable y liberarles siempre que sea posible. 

El capítulo 49, versículo 10 del Santo Corán contiene un principio dorado para el establecimiento de la paz, al decir que si existe una disputa entre las naciones o grupos, una tercera parte deberá mediar y lograr una resolución pacífica al conflicto.  En el caso de un acuerdo, si cualquiera de las partes intentara injustamente subyugar a la otra y contraviniera el acuerdo negociado, entonces las demás naciones deberán unirse y emplear la fuerza si fuera necesario para contener al agresor. Sin embargo, una vez que la parte agresora se hubiera retirado, no deberían sufrir humillación ni padecer restricciones indebidas; sino que se les permitirá avanzar como una nación y sociedad libres. Este principio reviste una gran importancia en el mundo actual, especialmente con respecto a las grandes potencias y las organizaciones internacionales, tales como las Naciones Unidas.

En cuanto al establecimiento de la paz mundial, el capítulo 22, versículo 41 del Sagrado Corán contiene un principio muy importante que garantiza la libertad religiosa universal. El Corán dice que si en aquel momento no se hubiera concedido el permiso para combatir, aparte de las mezquitas, las iglesias, sinagogas, templos y los lugares de culto de todas las religiones hubieran sufrido un grave peligro. Por lo tanto, el uso de la fuerza permitida por Dios Todopoderoso, no fue solamente para defender el Islam, sino también para salvar a la misma religión. En verdad, el Islam garantiza la libertad, el libre albedrío y la protección de las personas de todas las religiones. El Islam protege el derecho de cada persona a seguir su propio camino o creencias. 

He narrado ante ustedes algunos extractos del Sagrado Corán, que son un medio para fomentar la unidad en todos los niveles de la sociedad y en todas las partes del mundo. Estas son las llaves de oro para la paz, que el Santo Corán ha entregado a los pueblos del mundo. Estas son las enseñanzas que el Santo Profeta del Islam (lpbD) y sus verdaderos compañeros cumplieron a la perfección. 

Por último, para concluir, quisiera reiterar de nuevo que el mundo necesita desesperadamente paz y seguridad. Se trata de la cuestión urgente de nuestro tiempo. Todas las naciones y pueblos deben unirse en aras del bien común y aunar sus esfuerzos para poner fin a todas las formas de crueldad, persecución e injusticia perpetrados en nombre de la religión o de cualquier otro modo. Esto incluye ridiculizar a cualquier religión, acto que puede provocar frustraciones y resentimiento y, por supuesto, también incluye las actividades odiosas de grupos extremistas que justifican falsamente sus acciones perversas en nombre de la religión.

Por otra parte, debemos mostrar sinceridad hacia todas las naciones e intentar prestarles ayuda, para que todas las naciones puedan prosperar y desarrollar su potencial. Los celos y rivalidades que estamos presenciando son el resultado de un apetito desenfrenado por la riqueza. En este sentido, el Santo Corán nos ha ofrecido un principio dorado, al indicar que no se debe codiciar con avaricia la riqueza ajena. A través de esta enseñanza conseguiremos promover la paz mundial. Es necesario cumplir con las exigencias de la justicia en todos los niveles de la sociedad, para que cada persona, independientemente de su credo, casta o color, sea capaz de salir adelante con dignidad y honor.  Hoy en día se observa que muchos países desarrollados han aumentado sus inversiones en las naciones más empobrecidas y en vías de desarrollo. Es imperativo que actúen con justicia y traten de prestar su ayuda, y no se limiten a utilizar sus recursos naturales y mano de obra barata en pro de sus propias ganancias nacionales o con fines de lucro. Estos deberían volver a invertir la mayor parte de las ganancias obtenidas en tales países y utilizar la riqueza para fomentar el desarrollo y prosperidad de la población local.

Si los países desarrollados actuaran de este modo, el beneficio no se limitaría a las naciones más empobrecidas, sino que el beneficio sería mutuo. Aumentará la confianza y se eliminarán las frustraciones acumuladas. Desaparecerá la impresión de que los países ricos se preocupan sólo de sí mismos y desean injustamente aprovecharse de los recursos de los débiles y los pobres. Además, se contribuirá a mejorar las economías locales promoviendo de esta forma la economía mundial y el estado financiero. Ciertamente, también se contribuiría a establecer un sentido de comunidad global, la compasión y la humanidad. Y, por encima de todo, se establecería la base para una verdadera paz en el mundo. Si no prestamos atención a ello, el estado actual de la paz mundial dará lugar al estallido de una guerra mundial desastrosa cuya repercusión se hará sentir por las generaciones venideras, algo que no perdonarán nuestras progenies.

Con estas palabras, me despido de ustedes. Quiera Dios que surja en el mundo la verdadera paz. Muchas gracias.”

(lpbD) – que la paz y las bendiciones de Dios sean con él.

(lpD) – que la paz sea con él.