Hidrógeno verde: la apuesta de Marruecos para exportar futuro
La reunión celebrada el 17 de septiembre en Rabat por el comité de pilotaje de la estrategia nacional para el hidrógeno verde no fue un trámite administrativo. Fue, más bien, el reflejo de una ambición mayor: convertir a Marruecos en uno de los actores clave de la nueva geopolítica energética.
Las cifras hablan por sí solas: seis megaproyectos, 319 mil millones de dírhams de inversión y un fuerte protagonismo de las regiones del Sur. Pero lo esencial no está únicamente en los montos anunciados, sino en el horizonte que dibujan: un Marruecos que deja de ser un consumidor dependiente de combustibles fósiles para convertirse en exportador de energía limpia y, más aún, de futuro.
La implicación de consorcios europeos, especialmente franceses y daneses en el proyecto "Chbika 1", confirma que el Reino no está solo en esta travesía. Su proximidad con Europa, su acceso privilegiado a rutas comerciales y su estabilidad política hacen de Marruecos un socio natural en un momento en que el Viejo Continente busca desesperadamente alternativas sostenibles y seguras a sus importaciones energéticas.
Pero el hidrógeno verde no es únicamente una cuestión de kilovatios. Es también una palanca de desarrollo territorial y social. Que los primeros proyectos se concentren en el Sur es una señal clara: allí donde el Estado invierte en infraestructuras y energía, surgen nuevas oportunidades de empleo, innovación y cohesión nacional. El hidrógeno verde puede ser, en ese sentido, el cemento de un nuevo contrato social que combine modernidad económica e integración territorial.
El desafío, sin embargo, es inmenso. La competencia global es feroz —Arabia Saudita, Australia, Chile o Egipto avanzan con ambiciones similares— y la industria requiere marcos regulatorios robustos, recursos financieros colosales y una gobernanza ágil. Marruecos ya ha demostrado con Noor y sus parques eólicos que sabe pasar de la visión a la ejecución. Ahora debe repetir esa hazaña en una escala aún mayor.
Al mantener abierto el proceso de selección para nuevos inversores, Rabat envía un mensaje claro: Marruecos no pretende ser un simple proveedor de moléculas verdes, sino un hub industrial y logístico de referencia, capaz de articular alianzas internacionales y de convertir sus ventajas comparativas en ventajas competitivas.
En última instancia, el hidrógeno verde no es solo energía. Es diplomacia, es industria, es influencia. Si Marruecos logra consolidar esta apuesta, habrá dado un salto cualitativo en su historia reciente: de exportar materias primas a exportar futuro.

