Marruecos lidera una revolución hídrica verde
- Soluciones integradas y visión ecológica
- Una prioridad nacional bajo directrices reales
- Convertir el desafío en oportunidad
- Un programa de inversión histórico
- Agua para la justicia territorial
- Marruecos 2030: potencia regional en seguridad hídrica y energética
Soluciones integradas y visión ecológica
A pesar de enfrentar siete años consecutivos de sequía y un escenario climático cada vez más adverso, Marruecos opta por una estrategia proactiva: transformar la crisis en una oportunidad mediante la construcción de un modelo hídrico integrado que combine seguridad del agua, justicia social y protección ambiental. El plan del ministro de Equipamiento y Agua, Nizar Baraka, de construir 155 nuevas presas en los próximos tres años constituye la columna vertebral de esta auténtica revolución hídrica verde.
Una prioridad nacional bajo directrices reales
En su intervención en la Universidad de la Juventud Istiqlalí, Baraka subrayó que las directrices de Su Majestad el Rey marcan dos metas esenciales: garantizar el acceso universal al agua potable y cubrir el 80 % de las necesidades de riego. Más que simples indicadores técnicos, estos objetivos representan un proyecto de país que sitúa al ser humano y la justicia territorial en el centro de las políticas públicas.
Convertir el desafío en oportunidad
La distribución desigual de los recursos hídricos —el 53 % de las precipitaciones se concentra en apenas el 7 % del territorio— no es para Marruecos un obstáculo sino un incentivo para innovar. La escasez y la reducción del agua disponible por habitante han llevado al país a invertir masivamente en la desalinización alimentada por energías renovables, en la reutilización de aguas residuales y en la interconexión de cuencas para fortalecer la solidaridad hídrica entre regiones.
La estrategia nacional incluye la construcción de grandes y pequeñas presas, estaciones móviles de desalinización, amplios programas de reforestación y barreras antisedimentación para proteger las infraestructuras. Todo ello está vinculado a la transición energética: las plantas de tratamiento y desalinización funcionan con energía solar y eólica, reduciendo las emisiones de carbono y reforzando el compromiso del Reino con los acuerdos climáticos internacionales.
Un programa de inversión histórico
Estas medidas se enmarcan en el Programa Nacional 2020-2027 de Abastecimiento de Agua Potable y de Riego, con un presupuesto de 143.000 millones de dírhams. Se incluyen 16 grandes presas en construcción, cuatro presas medianas y 92 pequeñas entre 2025 y 2027. El esfuerzo se coordina entre los ministerios del Interior, de Equipamiento y Agua, y de Economía y Finanzas, priorizando las zonas más vulnerables y con mayores déficits hídricos.
Agua para la justicia territorial
Para Baraka, esta política hídrica es la concreción del llamamiento del Rey a superar el “Marruecos a dos velocidades”, dotando a las regiones periféricas de la infraestructura esencial que permita atraer inversión agrícola e industrial e integrarlas en la dinámica de crecimiento nacional. El agua deja de ser únicamente un recurso natural: se convierte en un instrumento de equidad y en una palanca de desarrollo equilibrado.
Marruecos 2030: potencia regional en seguridad hídrica y energética
Si mantiene este rumbo, Marruecos estará en 2030 a la vanguardia regional en gestión de recursos hídricos y energéticos. La combinación de presas, desalinización y energías limpias asegurará la resiliencia hídrica incluso en años de sequía severa, impulsando la competitividad de la agricultura y la industria nacionales. Además, el país reforzará su papel en África como exportador de conocimiento en seguridad hídrica y transición energética, convirtiendo agua y energías renovables en pilares de su soberanía económica y ambiental.
