Las universidades son fundamentales para impulsar el desarrollo sostenible

Estudiantes de la Universidad Mohamed I de Oujda, Marruecos, participando en una planificación participativa para identificar proyectos comunitarios - PHOTO/Fundación Alto Atlas, 2025
Estudiantes de la Universidad Mohamed I de Oujda, Marruecos, participando en una planificación participativa para identificar proyectos comunitarios - PHOTO/Fundación Alto Atlas, 2025
El desarrollo sostenible abarca objetivos amplios, que a menudo se persiguen a escala nacional
  1. En primer lugar
  2. En segundo lugar
  3. En tercer lugar
  4. Por último

Sin embargo, las políticas y prácticas deben tener en cuenta la diversidad de las realidades locales a las que se aplican estos objetivos. Los resultados se basan en los esfuerzos y las acciones de las comunidades y los individuos. Ninguna institución o categoría social debería asumir por sí sola la responsabilidad de acompañar a las poblaciones locales en la definición de su futuro. Todos los actores, procedentes de diversos ámbitos, deben contribuir a este inmenso esfuerzo, indispensable para reducir la pobreza y alcanzar la sostenibilidad.

En la medida en que las sociedades logran impulsar dinámicas de desarrollo impulsadas por los propios beneficiarios, se necesitan facilitadores capaces de animar el diálogo colectivo sobre las esperanzas y las dificultades y, sobre todo, sobre las acciones comunes que deben emprenderse para mejorar las condiciones de vida. Las comunidades no se reúnen espontáneamente para decidir su futuro sin estos catalizadores. Estos se encargan de que se escuchen todas las voces, ayudan a cristalizar una visión común, a resolver las divergencias, a construir alianzas entre múltiples actores y, con el tiempo, a eliminar las barreras sociales o históricas que impiden el compromiso económico y ciudadano. Los estudiantes universitarios ocupan, en este sentido, una posición especialmente estratégica para impulsar eficazmente los procesos locales de desarrollo en torno a proyectos decididos y ejecutados por la población.

Dentro de su institución, se anima a los estudiantes a recopilar y analizar datos, a comunicar las fuerzas sociales que influyen en la vida de las personas, a acompañar la elaboración de soluciones diseñadas por las poblaciones y a abogar, a todos los niveles, por su implementación. Disponen de la flexibilidad necesaria, de un sentido del compromiso social y ahora pueden valorizar estas experiencias en su currículo académico. De este modo, encuentran un doble interés: contribuir al interés público y reforzar sus propias competencias como facilitadores.

En Marruecos, muchos estudiantes universitarios proceden de zonas rurales. Se benefician especialmente de los programas de “aprendizaje por experiencia” —aprender haciendo— que les permiten regresar a sus comunidades de origen, como en la provincia de Al-Haouz, epicentro del terremoto de 2023, donde participan en la reconstrucción. Estas iniciativas se amplían gracias a las asociaciones formales con las universidades públicas. Sin embargo, su consolidación requiere financiación para reforzar las capacidades institucionales.

Invertir en estos programas para formar a los estudiantes como facilitadores del empoderamiento y la planificación participativa en las aldeas ayuda a las comunidades a definir sus propios proyectos. Al aprender directamente sobre el terreno y desarrollar sus habilidades como facilitadores (o investigadores-actores, es decir, académicos que contribuyen a mejorar las condiciones que estudian en el marco de su investigación), apoyan iniciativas prioritarias como el acceso al agua potable, los canales de riego o las cooperativas artesanales.

Hay varios componentes esenciales para orientar a las universidades a fin de que puedan contribuir plenamente a la prosperidad compartida y a la preservación sostenible del medio ambiente.

Diseñar un curso sobre desarrollo sostenible —integrado en la oferta académica y en los planes estratégicos regionales y nacionales— supone la participación activa de las universidades y su colaboración con las comunidades, los municipios y las instituciones pertinentes.

En primer lugar

En Marruecos, como en otros lugares, es esencial establecer políticas que permitan a las instituciones de enseñanza superior desempeñar plenamente su papel en el desarrollo sostenible local. Las universidades pueden desarrollar su potencial en Marruecos porque el país les ha dado la oportunidad de hacerlo. Desde 2008, la experiencia de la Fundación Alto Atlas (HAF) demuestra que las universidades públicas y privadas buscan activamente asociaciones formales que promuevan experiencias prácticas para los estudiantes en el acompañamiento de proyectos comunitarios socioeconómicos y medioambientales (así como en la asistencia jurídica gratuita para grupos marginados). Estas acciones requieren un entorno político favorable.

En segundo lugar

La metodología empleada para asociar a las comunidades determina directamente los resultados obtenidos. Los mejores enfoques combinan prácticas locales e internacionales, se basan en el diálogo y la expresión visual, y se adaptan a las realidades culturales. Evolucionan continuamente a medida que se implementan. Se inscriben en la investigación-acción: un enfoque académico de recopilación y análisis de datos centrado en la comunidad. Las universidades ofrecen un marco ideal para desarrollar estas herramientas, que los estudiantes pueden aplicar posteriormente en sus regiones.

De este modo, los estudiantes pueden cumplir con sus obligaciones académicas y, al mismo tiempo, desempeñar un papel central en el desarrollo sostenible local, en un proceso mutuamente beneficioso: un cambio basado en el análisis colectivo de las realidades de la vida. El contexto en el que evolucionan y la forma en que la sociedad los anima a involucrarse en él determina en gran medida su éxito.

En Marruecos, las universidades públicas y privadas se comprometen a ofrecer a sus estudiantes y profesores oportunidades de colaboración directa con la población. La sociedad civil, en colaboración con el mundo académico, contribuye a diseñar metodologías participativas adaptadas a los contextos locales. De este modo, los estudiantes se forman a través de la experiencia y las comunidades se benefician directamente de sus intervenciones.

En tercer lugar

Contar los sueños, las dificultades, los éxitos y las lecciones aprendidas a lo largo del proceso de desarrollo contribuye a producir los efectos deseados. La redacción en diversos formatos e idiomas, al igual que la intervención en diversos espacios, constituye una forma de defensa de la comunidad. Ayuda a los destinatarios a definir sus propias acciones y fomenta las asociaciones necesarias para la movilización de recursos. Los estudiantes redactores participan en la obtención de autorizaciones administrativas, alimentan el seguimiento y la evaluación y, de este modo, orientan las futuras políticas de replicación y ampliación.

Estos escritos alimentan los planes estratégicos y las recomendaciones a los donantes y las instituciones financieras. Constituyen una base de datos de los objetivos comunitarios y los datos sociales y medioambientales por región, útil para informes, defensa, propuestas de proyectos y planes de negocio. Apasionados por la justicia social, los estudiantes suelen sentirse inspirados para escribir de forma creativa y difundir conocimientos valiosos. También pueden trabajar en equipo, como International Impact Consulting de la Universidad de Pensilvania, para elaborar planes técnicos que faciliten el acceso a la financiación.

La Fundación Alto Atlas ha observado que las publicaciones de los estudiantes atraen a otros estudiantes y programas universitarios de Marruecos, lo que refuerza la dinámica. Desde principios de 2023, más de 40 universidades, en su mayoría estadounidenses, así como decenas de programas juveniles y grupos turísticos, han visitado la Fundación Alto Atlas y participado en acciones participativas. Todo ello se ha hecho sin publicidad, únicamente gracias al intercambio de conocimientos y a las publicaciones de los estudiantes.

Los cursos aplicados con la Universidad de Virginia, el University College London, Princeton, George Mason y la Universidad de Washington han consolidado este modelo de desarrollo. Cuanto más transmiten las universidades la voz de las poblaciones, más despiertan la conciencia mundial y fomentan la acción.

Por último

Las universidades se beneficiarían de desarrollar más programas experienciales en disciplinas propicias para la investigación-acción y los métodos participativos: antropología, estudios de género, educación de adultos, comunicación, salud pública, urbanismo, economía aplicada, medio ambiente, sociología. Todavía hay muy pocos profesores formados en estos enfoques, que sin embargo son esenciales para guiar a los estudiantes en sus trabajos de investigación y acción.

Crear universidades en las que estos métodos sean plenamente reconocidos e integrados significa reforzar la capacidad de las poblaciones para convertirse en profesionales competentes, emprendedores y artífices de la paz.

En esencia, las universidades y las comunidades locales están llamadas a colaborar. Una universidad participativa, atenta a las necesidades de los habitantes, encarna la exigencia actual: alinear los resultados educativos con las prioridades del desarrollo sostenible.

El Dr. Yossef Ben-Meir es presidente de la Fundación Alto Atlas, una organización sin ánimo de lucro dedicada al desarrollo sostenible en Marruecos.