Las consecuencias a largo plazo que puede dejar la COVID-19 en la educación de los jóvenes es cada vez más preocupante

La amenazante caída de la calidad del aprendizaje durante la pandemia

photo_camera AFP/ YASSER AL-ZAYYAT - Arham al-Khateeb, profesora de árabe en una escuela kuwaití, imparte una clase en línea a los estudiantes mediante una computadora portátil mientras está sentada en un aula vacía el primer día de clases, en un centro educativo de la ciudad de Kuwait el 4 de octubre de 2020

Entre las muchísimas crisis derivadas de la pandemia de la COVID-19, la educativa no es una de importancia menor. De hecho, los estudios que se están llevando a cabo en los últimos meses han hecho que salten las primeras alarmas de cara al futuro de la generación de jóvenes que se está formando durante el más de año y medio que hace que el virus arrasó con la “antigua normalidad”, que poco a poco parece recuperarse por fin.

CAF, el Banco de Desarrollo de América Latina, ha organizado un encuentro telemático bajo el nombre de “Políticas para la Inclusión Social”, como parte de su serie denominada “Diálogos Postpandemia”. En él se han abordado las diferentes crisis a las que la población se va a enfrentar en el largo plazo una vez se haya erradicado el virus, cosa que por el momento no se puede celebrar. Julián Suárez Migliozz, vicepresidente de Desarrollo Sostenible de CAF (Banco de Desarrollo de América Latina) fue el encargado de moderar un panel en el que la educación acaparó gran parte del tiempo de debate debido a los resultados de los últimos estudios llevados a cabo y que no dejan datos demasiado optimistas.inclusion-social

“Los niños y jóvenes pueden enfrentarse a una potencial caída sin precedentes en sus aprendizajes”, manifestó Ricardo Estrada, economista principal de la dirección de investigaciones socioeconómicas de CAF. Además, añadía que “puede trasladarse a largo plazo, teniendo efectos negativos en el mundo laboral y su bienestar personal”. Y es que las habilidades del futuro se construyen en este momento. Si no se presta atención a las carencias que están teniendo los estudiantes durante este período, será muy difícil poder abordar los problemas que surgirán en el futuro como consecuencia de algo por lo que quizá no se está haciendo todo lo posible.

Existen dos factores determinantes en el aspecto de la educación que son, probablemente, los que se están viendo más gravemente afectados. Impacto en los ingresos de los hogares. Muchos de estos jóvenes de América Latina están más expuestos a la malnutrición, situaciones de estrés o incluso a trabajar y participar de forma directa en tareas de creación de ingresos. Y, por otro lado, la educación a distancia que es mucho menos efectiva que la presencial, como se ha podido observar desde que se empezó a recurrir a ella ante la imposibilidad de contar con todos los alumnos en clase por las medidas de aforo y distanciamiento social.inclusion-social-webinar

No obstante, existen estrategias que son efectivas a la hora de combatir estos inconvenientes. En primer lugar, todo pasa por retomar la presencialidad a la mayor brevedad posible, aunque respetando las medias sanitarias pertinentes en cada país. De no ser posible llevarlo a cabo en el corto plazo, las tutorías a pequeños grupos es una de las herramientas a la que los profesores y alumnos más han recurrido desde la llegada de la pandemia a nuestras vidas. Los recientes estudios demuestran que es una de las alternativas preferidas por ambos y que, además, resultan ser muy efectivas para el aprendizaje de los estudiantes.

Sin embargo, la educación debe estar acompañada de una situación favorable propiciada por el entorno, como explicaba Pablo López, ejecutivo senior de la dirección de análisis y evaluación técnica de desarrollo sostenible de CAF. Los gobiernos locales de América Latina tienen una responsabilidad muy importante en cuanto a servicios públicos se refiere, como no podía ser de otra manera, pero con la llegada de la COVID-19 los esfuerzos deben ser aún mayores. Desde el abastecimiento de agua hasta el transporte público, que tuvo que mantenerse a pesar de que la caída de la demanda fue muy drástica por los confinamientos. La gestión de los servicios debe ocupar un lugar central en la planificación del futuro si se quiere evitar sufrir una crisis como la que aún atraviesa el mundo.