Estas fuerzas han luchado a favor del Ejecutivo de Fayez Sarraj para contrarrestar el asedio sobre Trípoli del Ejército Nacional de Jalifa Haftar

Grupos paramilitares afines al Gobierno libio piden su entrada en una Guardia Nacional

photo_camera AFP/MAHMUD TURKIA - Combatientes leales al Gobierno libio internacionalmente reconocido de Acuerdo Nacional (GNA)

Los grupos paramilitares que han ayudado al Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA, por sus siglas en inglés) libio a defenderse de la ofensiva del Ejército Nacional de Libia (LNA, por sus siglas en inglés) del mariscal Jalifa Haftar durante estos últimos meses han solicitado su entrada en una futura Guardia Nacional para obtener una situación más estable en su modo de vida ante la situación de crisis económica nacional y de inestabilidad existente.

Miembros de estos comandos armados han solicitado a la Cámara de Representantes y al Alto Consejo de Estado en Trípoli el establecimiento de un presupuesto para este nuevo cuerpo, que tendría entre sus objetivos la recuperación de los arsenales libios desperdigados durante la guerra civil que enfrenta al GNA de Fayez Sarraj contra el LNA de Jalifa Haftar. 

A través de un comunicado, las milicias han instado a todos los combatientes revolucionarios y fuerzas de soporte en Libia a frustrar "proyectos golpistas" uniéndose a la Guardia Nacional, como ha recogido el medio Libya Observer.

La creación de una Guardia Nacional fue pactada por el Gobierno de Trípoli en 2015, pero lleva paralizada desde entonces dado el caótico escenario en el que se desenvuelven estas milicias, que se acusan constantemente de traición entre ellas.

Además, algunos elementos de la política libia, como el que fuera titular del Comité de Defensa y Seguridad Nacional del antiguo Congreso Nacional, Abdelmoneim al-Yasir, temen que esta Guardia Nacional se convierta una extensión de la influencia de Turquía (aliado del Gobierno de Trípoli) en la estrategia armada del país, según recoge el medio The Arab Weekly.

El país euroasiático presidido por Recep Tayyip Erdogan se implicó a fondo en la guerra civil de Libia desde el pacto firmado a finales de 2019 con el Ejecutivo de Sarraj por el que se aseguraba el soporte militar turco y por el que se repartían zonas económicas en el Mediterráneo de cara a la explotación de reservas de hidrocarburos. Un expansionismo otomano que ha sido denunciado por ciertos países como Grecia y Chipre, ante la violación de los límites de las fronteras marítimas propias con estas prospecciones turcas. Precisamente, la intervención otomana frenó la tendencia de la guerra que era favorable al LNA de Jalifa Haftar, que había lanzado una importante operación de asedio sobre el bastión del GNA en Trípoli en abril de 2019 y que vio como su avance quedó frenado por esta incursión del país euroasiático que ayudó a las fuerzas de Fayez Sarraj a recuperar posiciones, incluso amenazando enclaves como Sirte. 

La guerra civil libia se ha convertido en un conflicto internacionalizado en el que participan diversas potencias extranjeras con intereses concretos en el país norteafricano. De esta forma, el GNA recibe el referido apoyo de Turquía y el soporte de Qatar y de Italia, además de ser reconocido internacionalmente por la Organización de Naciones Unidas (ONU) desde 2016. Mientras, el LNA es apoyado por Rusia, Francia, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto. Cabe destacar aquí que la intervención foránea se realiza a través de mercenarios; como en el caso de la participación de Turquía, que envió a soldados a sueldo procedentes de la guerra de Siria, que, según muchos analistas, están vinculados a grupos ligados en el pasado con entidades terroristas yihadistas como Daesh o Al-Qaeda. O como en el caso de Rusia, que está presente con el Grupo Wagner, entidad privada de mercenarios que colabora con el Kremlin ruso. 

A pesar de la difícil situación, se habían dado acercamientos últimamente entre el Gobierno de Trípoli y el Parlamento ligado al otro Ejecutivo oriental de Tobruk, asociado al LNA, gracias a las cumbres celebradas en Bouznika (Marruecos) y Hurgada (Egipto) de cara a pacificar la situación y poder llegar a un entendimiento final sobre la salida al conflicto bélico.