Más de 7.000 tunecinos se han unido al Daesh y están dispuestos a atacar en casa

Susana Campo/Lainformación.com

Pie de foto: tunecinos se manifiestan tras el atentado en el museo del Bardo

Europa reacciona a los atentados en Francia con una ofensiva diplomática, un gesto que no entienden los bárbaros de Daeshque responde con más bombas. Túnez, desde su revolución que provocó la caída de Ben Ali en enero de 2011, se enfrenta a un ascenso de la influencia yihadista y es el escenario de la última barbarie del Estado Islámico. Y ya son tres atentados en ocho meses. Acciones que los insurgentes llevan a cabo antes de las vacaciones para así golpear la principal fuente de divisa del país: el turismo. 

Antes de las vacaciones de Semana Santa, en marzo, los yihadistas mataron a 60 personas en los atentados del museo del Bardo, en la capital. Tres meses después, en plena campaña de verano, atacaron un hotel en la costa en Port El Kantaoui. En ambos ataques las víctimas fueron principalmente extranjeros. Ahora, tres meses después, la sangre regresa a las calles de Túnez. Esta vez, un yihadista se inmoló al paso de un autobús de la guardia presidencial tunecina, ataque que ya ha reivindicado el Daesh. 

La primera reacción de las autoridades tunecinas fue cerrar el Aeropuerto Internacional Túnez-Cartago y las zonas turísticas, una decisión urgente y previsible por las autoridades y por los yihadistas. Los terroristas no quieren que la transición política de Túnez tenga éxito. Quieren castigar la joven democracia tunecina, consecuencia de la primavera árabe. 

No en vano, la industria turística emplea en Túnez cerca de un 5 por ciento de la población y representa casi un 7 por ciento de su producto interior bruto. Este año, debido a los atentados, podría perder hasta 500 millones de dólares, según algunas previsiones. 

Al igual que en París, Malí o Líbano los yihadistas atacan al modo de vida occidental para trasladar el miedo a las sociedades democráticas y libres. Sus acciones suelen llevar el sello de los retornados, esos combatientes que abandonan sus países para recibir entrenamiento en Siria e Irak y regresar a su países para atentar. 

Su situación geográfica, limita al oeste con Argelia, sureste con Libia y con salida al mediterráneo convierten a Túnez en una pieza clave para detener a los yihadistas, una razón por la que los yihadistas se esfuerzan para que no se instaure la democracia. Un creciente número de tunecinos se han enrolado en las filas de Daesh. La ONU cifra en 4.000 combatientes en Libia y 3.000 en Siria. El Internacional Crisis Group rebaja la cifra total a 4.000. El gobierno, dice 2.000. A finales de 2014, un informe del departamento de Estado de EEUU advirtió de la amenaza para la seguridad regional que supone el elevado número de yihadistas en este país árabe. 

El último atentado se produce en medio del aumento de la actividad del Ejército, que en el último mes y medio ha desmantelado al menos una decena de células yihadistas y ha arrestado cerca de medio centenar de yihadistas. Los bárbaros no cesan y a bombazo limpio trata de hundir la primavera árabe tunecina.

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