Níger, Sahel y el Magreb: una central nuclear, reveladora de un importante cambio geopolítico
- El hecho desencadenante: una central nuclear en Níger
- La seguridad del Sahel: piedra angular y condición sine qua non
- Recomposición saheliana: de la extracción a la neutralización productiva
- El regreso francés al Sahel: ruptura con Françafrique
- La dimensión magrebí: soberanía marroquí y cambio argelino
- Convergencia sistémica: de la central a la integración regional
- Escenarios prospectivos
- Conclusión: una ventana histórica bajo condición de seguridad imperativa
Este proyecto revela y cataliza un cambio geopolítico sin precedentes, articulando tres dinámicas convergentes: la recomposición de los equilibrios sahelinos en torno a la neutralización productiva de los recursos, los temblores diplomáticos que anuncian un retorno francés respetuoso con las soberanías locales, y la posible aparición de un Magreb integrado basado en la consagración de la soberanía marroquí y la mutación de una Argelia constructiva.
Sin embargo, estas transformaciones interdependientes no podrán materializarse sin una condición absoluta y previa: la seguridad y estabilización del Sahel. Esta seguridad, piedra angular de cualquier cambio regional, requiere el compromiso coordinado de los Estados del Sahel, las potencias magrebíes y los actores internacionales, en estricto cumplimiento de las soberanías nacionales.
La urgencia de esta seguridad es tanto más imperiosa cuanto que condiciona el despliegue del gasoducto Africa Atlantic (AAGP), una importante infraestructura de integración económica regional. La comunidad internacional solo puede permitir que un Estado, mediante una postura de bloqueo, hipoteca el futuro de cientos de millones de personas.
El hecho desencadenante: una central nuclear en Níger
El anuncio de septiembre de 2025
En septiembre de 2025, Níger confirmó su compromiso con la construcción de una central nuclear civil con Rosatom, con una capacidad total de 2000 MW. Esta decisión se produce en un contexto regional marcado por profundas recomposiciones políticas: retirada francesa de Malí, Burkina Faso y Níger, aparición de la Alianza de Estados del Sahel (AES) y reposicionamiento de actores externos.
Una paradoja energética
Níger se encuentra entre los principales productores mundiales de uranio, con una producción anual significativa. Sin embargo, el país importa casi toda su electricidad, principalmente de Nigeria. Esta situación paradójica ilustra la lógica extractiva que ha prevalecido durante décadas: exportación bruta del recurso, ausencia de transformación local, dependencia energética crónica.
Importante señal estratégica
Más allá del desafío técnico, este anuncio es una señal estratégica importante. Níger afirma su voluntad de romper con el modelo extractivo para construir una soberanía energética basada en la valorización local de sus recursos. Esta elección forma parte de una lógica de “neutralización productiva”: transformar un recurso geológico en una palanca de desarrollo endógena, en lugar de una renta captada por actores externos.
Esta decisión nigeriana revela y acelera un cambio geopolítico más amplio, que afecta a todo el espacio sahelo-magrebí. Sin embargo, la realización de este proyecto y de las transformaciones que simboliza se basa en una condición absoluta: la seguridad del Sahel.
La seguridad del Sahel: piedra angular y condición sine qua non
Un imperativo estratégico absoluto
La seguridad y la estabilización del Sahel no constituyen un elemento contextual o un factor favorable entre otros. Representan la piedra angular y la condición sine qua non de cualquier cambio geopolítico regional. Sin estabilidad de seguridad, ningún proyecto a gran escala puede tener éxito: ni la central nuclear nigeriana, ni la integración regional, ni el regreso de los socios internacionales, ni la normalización magrebí.
Una central nuclear, por su valor simbólico y estratégico, por la duración de su construcción y explotación, por las inversiones que moviliza y las competencias internacionales que requiere, no puede concebirse en un entorno inestable. La continuidad operativa durante varias décadas requiere una seguridad sólida y duradera.
AAGP: la urgencia de una seguridad para la integración económica regional
La urgencia de asegurar el Sahel no se limita al proyecto nuclear nigeriano. También condiciona el despliegue del gasoducto Africa Atlantic (AAGP), una importante infraestructura energética destinada a conectar Nigeria con Europa a través del Sahel, Marruecos y el estrecho de Gibraltar.
La AAGP representa un instrumento decisivo para la integración económica y el despegue económico de esta parte del continente. Este gasoducto transcontinental de más de 5.660 kilómetros atravesará varios estados costeros de África Occidental (Nigeria, Benín, Togo, Ghana, Costa de Marfil, Liberia, Sierra Leona, Guinea, Guinea-Bissau, Gambia, Senegal, Mauritania) antes de llegar a Marruecos y luego a Europa. Su objetivo es mejorar las importantes reservas de gas de África Occidental, especialmente las nigerianas, al tiempo que alimenta las economías regionales con energía asequible y fiable.
Más allá de su dimensión energética, la AAGP constituye un vector de integración económica regional estructurante: creación de empleo masivo, desarrollo de ecosistemas industriales, interconexión de economías nacionales, fortalecimiento de las infraestructuras transfronterizas, estimulación de la inversión extranjera directa.
Sin embargo, el despliegue de la AAGP atraviesa zonas de Sahel y África Occidental que enfrentan importantes desafíos de seguridad. Sin la estabilización regional, esta importante infraestructura no puede construirse, asegurarse ni explotarse de forma sostenible. La protección de miles de kilómetros de tuberías, estaciones de compresión, terminales y equipos internacionales requiere un entorno seguro.
La AAGP y la central nuclear nigeriana forman así un doble imperativo de seguridad: dos infraestructuras importantes y complementarias, cuya realización condiciona el despegue económico del Sahel y África Occidental. Su éxito simultáneo transformaría la región en un centro energético continental e intercontinental, catalizando el crecimiento, el empleo y la prosperidad para cientos de millones de personas.
La propuesta SIMBA: una respuesta estructurada
Ante este imperativo de seguridad, el Instituto Geopolítica Horizontes había propuesto previamente la creación de una fuerza SIMBA (Segurización e Integración Magreb-Benín-Atlántico), un mecanismo regional para la estabilización del Sahel y la protección de las infraestructuras críticas.
Esta propuesta reconocía la necesidad de una arquitectura de seguridad compartida, asociando a los Estados sahelíes, las potencias magrebíes y los socios internacionales, respetando estrictamente las soberanías nacionales. La fuerza SIMBA tenía como objetivo crear un marco de cooperación que permitiera la protección de los corredores estratégicos, la lucha coordinada contra las amenazas transnacionales y la seguridad de los grandes proyectos de infraestructura regional.
La actualidad confirma la pertinencia de este análisis. El proyecto nuclear nigeriano y la AAGP hacen que sea aún más urgente la creación de una arquitectura de seguridad regional efectiva, capaz de garantizar la estabilidad a largo plazo que requieren estas inversiones estructurantes.
Una responsabilidad compartida respetuosa con las soberanías
La seguridad del Sahel no puede ser garantizada únicamente por los Estados de la Alianza de los Estados del Sahel. Las capacidades institucionales, militares y administrativas de estos Estados, aunque reales y en crecimiento, siguen siendo insuficientes ante la magnitud y complejidad de las amenazas regionales.
Una seguridad efectiva requiere el compromiso coordinado de tres círculos de actores:
Primer círculo - Estados del Sahel: responsabilidad principal y soberanía de toma de decisiones. Los Estados de la AES (Malí, Burkina Faso, Níger) deben coordinar sus esfuerzos, compartir su inteligencia y reforzar su control territorial.
Segundo círculo - Potencias regionales: Marruecos y, potencialmente, Argelia tienen capacidades significativas. Su cooperación con los Estados del Sahel, en estricto respeto de las soberanías, es esencial para asegurar las fronteras y controlar los flujos transnacionales.
Tercer círculo - Potencias y organizaciones internacionales: Francia, Estados Unidos, Rusia, Unión Europea, Unión Africana, CEDEAO, Naciones Unidas. Estos actores pueden proporcionar inteligencia, formación, equipos, apoyo logístico y apoyo financiero, siempre bajo demanda y bajo la dirección de los Estados del Sahel.
Esta arquitectura de seguridad compartida debe respetar obligatoriamente tres principios:
Soberanía nacional: los Estados del Sahel deciden sobre sus socios, definen las modalidades de cooperación y mantienen el mando en su territorio.
No injerencia: ninguna potencia externa puede imponer sus condiciones políticas, explotar la cooperación en seguridad con fines de influencia o instrumentalizar la situación con fines geopolíticos.
Complementariedad: cada actor aporta sus capacidades específicas en una lógica de coordinación más que de competencia.
Una seguridad que no puede ser hipotecada
La seguridad del Sahel se hará con o sin Argelia. Si bien la participación constructiva de Argel es deseable y facilitaría en gran medida la estabilización regional, no puede ser un requisito previo absoluto ni un derecho de veto sobre el futuro de cientos de millones de personas.
El futuro económico del Sahel, África Occidental y el Magreb no puede ser hipotecado por la postura de un solo Estado. Los desafíos del proyecto nuclear nigeriano y de la AAGP van mucho más allá de las consideraciones diplomáticas bilaterales. Se refieren a la seguridad energética de todo un continente, el despegue económico de regiones enteras, el empleo y la prosperidad de cientos de millones de personas.
Si Argelia opta por mantener una postura de bloqueo o no cooperación, la comunidad regional e internacional tendrá que construir la seguridad del Sahel eludiendo esta obstrucción. Marruecos, los Estados de la AES, los socios europeos, africanos e internacionales tienen la legitimidad y la capacidad de construir una arquitectura de seguridad efectiva sin esperar indefinidamente una evolución argelina.
Esta posición no es hostil a Argelia. Refleja una realidad pragmática: la urgencia del desarrollo regional no puede subordinarse a los cálculos diplomáticos de un solo actor. La puerta de la cooperación permanece abierta en Argel, pero el tren de la transformación regional no lo esperará indefinidamente.
Un requisito previo para cualquier cambio regional
Sin una seguridad efectiva del Sahel, las otras tres dinámicas de cambio no pueden desplegarse:
El regreso francés solo será creíble y aceptable si París contribuye activamente, junto con otros socios, a la estabilización regional respetando las soberanías.
La consagración de la soberanía marroquí y el desbloqueo magrebí solo tendrán un efecto de entrenamiento en el Sahel si la región es lo suficientemente estable como para beneficiarse de la integración del Magreb-Sahel.
El cambio argelino hacia una postura constructiva será tanto más probable cuanto que Argel perciba la estabilización del Sahel como una oportunidad de cooperación regional beneficiosa, más que como una amenaza. Pero si esta mutación se retrasa o no se produce, la seguridad se hará sin ella.
Por lo tanto, la seguridad constituye la base sobre la que se basa todo el edificio geopolítico en construcción.
Recomposición saheliana: de la extracción a la neutralización productiva
Uranio saheliano: recurso crítico e infravalorado
El Sahel concentra algunas de las reservas de uranio más importantes del continente africano. Níger es el primer productor regional. Esta riqueza nunca se ha convertido en autonomía energética. Los estados sahelianos han seguido siendo proveedores de materia prima para los programas nucleares extranjeros, en particular franceses, sin beneficiarse de una transferencia tecnológica sustancial.
La central nigeriana pretende romper este ciclo creando una cadena de valor integrada: extracción, enriquecimiento, producción eléctrica, desarrollo industrial. Este enfoque transforma un recurso pasivo en un instrumento de soberanía y prosperidad.
Diversificación de las asociaciones: una multipolaridad asumida
El Sahel ya no apuesta por un socio único. Níger colabora con Rosatom para la tecnología nuclear, manteniendo vínculos con Orano para la minería. Marruecos emerge como facilitador diplomático y enlace regional, mientras que los Estados Unidos y la Unión Europea mantienen una presencia a través de la cooperación económica y de seguridad.
Esta multipolaridad refleja una estrategia regional para maximizar las opciones evitando la dependencia exclusiva. Los Estados del Sahel buscan combinar la autonomía de la toma de decisiones y la cooperación técnica para asegurar sus intereses sin enajenar su margen de maniobra.
Una recomposición sin grandes enfrentamientos
El Sahel no revivió la Conferencia de Berlín de 1885. La región no se divide entre bloques rivales según una lógica de partición territorial. Por el contrario, experimenta una forma de multipolaridad cooperativa, en la que varios actores externos coexisten persiguiendo objetivos distintos pero no necesariamente antagónicos.
Esta coexistencia se basa en una coordinación tácita entre potencias externas para evitar la inestabilidad sistémica, una afirmación de la soberanía regional por parte de los Estados del Sahel y en una mediación regional, en particular por parte de Marruecos, que facilita los contactos diplomáticos.
El regreso francés al Sahel: ruptura con Françafrique
Los temblores diplomáticos
Desde mediados de 2025, varias señales indican un calentamiento gradual de las relaciones Francia-Sahel: discretas visitas ministeriales, reactivación de los canales diplomáticos con las capitales del Sahel, discurso presidencial renovado que insiste en el respeto de las soberanías, negociaciones en torno a Orano en Níger.
Estos temblores reflejan una conciencia estratégica en París: el Sahel no puede abandonarse sin un riesgo mayor para los intereses franceses y europeos. Pero el retorno no puede realizarse según los antiguos paradigmas.
Un enfoque post-francés
El nuevo posicionamiento francés en el Sahel se basa en varias rupturas fundamentales con Françafrique:
Respeto de las soberanías nacionales: aceptación de las opciones diplomáticas y militares de los Estados sahelianos, incluidas sus asociaciones con Moscú o Pekín.
Asociaciones económicas equilibradas: fin del extractivismo puro, aceptación de coinversiones y transferencias tecnológicas. El caso nigeriano es ejemplar: París acepta la presencia de Rosatom mientras negocia el mantenimiento de Orano en condiciones revisadas.
Cooperación de seguridad específica: abandono de las bases permanentes en favor de la cooperación bajo demanda, limitada en el tiempo y co-pilotada.
Mediación regional: reconocimiento del papel de facilitador desempeñado por actores como Marruecos, capaces de crear puentes entre París y las nuevas autoridades sahelianas.
Este cambio responde a un cálculo estratégico: mejor una presencia francesa modesta pero aceptada que una ausencia total que abre un vacío geopolítico. El retorno francés, si está bien calibrado y si contribuye efectivamente a la seguridad regional, puede contribuir positivamente a la estabilización del Sahel.
La dimensión magrebí: soberanía marroquí y cambio argelino
La soberanía marroquí sobre el Sahara: catalizador de integración
La cuestión del Sahara marroquí está experimentando una aceleración diplomática sin precedentes. Después de los reconocimientos estadounidense (diciembre de 2020), español (marzo de 2022) y francés (julio de 2024), otros Estados están considerando reconocer la soberanía marroquí o abrir consulados en las provincias del sur.
Al día siguiente de la reunión del Consejo de Seguridad, la soberanía marroquí sobre sus provincias del sur se registrará de forma definitiva e internacional (antes de ser ratificada oficialmente por la Unión Africana), lo que permitirá a Marruecos dedicarse plenamente a la cooperación con sus vecinos del sur subsaharia.
Esta dinámica se basa en el Plan de Autonomía marroquí considerado creíble por la ONU y muchos Estados, las inversiones masivas de Marruecos en las provincias del sur, la adhesión progresiva de los Estados africanos y el debilitamiento del Polisario.
Impacto en los equilibrios magrebíes
La consagración internacional de la soberanía marroquí tendrá importantes implicaciones geopolíticas:
Desbloqueo de la Unión del Magreb Árabe (UMA): la resolución del conflicto del Sáhari elimina el principal obstáculo para la integración magrebí, paralizada desde 1994.
Normalización Marruecos-Argelia: el reconocimiento de la soberanía marroquí por parte de la comunidad internacional hace que la posición argelina sea anula y allana el camino para una normalización de las relaciones bilaterales, condición para la estabilidad regional óptima.
Reposicionamiento geopolítico de Rabat: Marruecos, liberado de esta restricción histórica, puede desplegar plenamente su estrategia africana y atlántica, convirtiéndose en un importante centro energético, logístico y diplomático.
El papel de facilitador marroquí en el Sahel
Marruecos desempeña un papel cada vez más facilitador diplomático en la recomposición saheliana. Esta posición le permite fomentar el diálogo entre los Estados del Sahel y los actores externos, acompañar los proyectos de infraestructura a través de la experiencia marroquí, estabilizar los equilibrios regionales y crear sinergias energéticas.
El proyecto nuclear nigeriano y la AAGP se inscriben en esta lógica. Marruecos facilita los contactos entre actores regionales e internacionales, al tiempo que se posiciona como socio para la integración regional de estas infraestructuras estratégicas.
La mutación argelina: deseable pero no esencial
Argelia, desde la década de 1970, ha basado una parte significativa de su diplomacia regional en una postura de capacidad de molestia: bloqueo de la UMA, apoyo al Polisario, tensiones con sus vecinos, creciente aislamiento diplomático.
Esta postura es cada vez más costosa y contraproducente. Priva a Argelia de los beneficios de la integración regional al tiempo que acelera su declive relativo.
Una evolución de la postura argelina hacia un enfoque constructivo sería deseable y facilitaría en gran medida el cambio regional: desbloqueo de la UMA, integración económica efectiva, estabilización de la seguridad facilitada, interconexión energética óptima.
Sin embargo, como se indicó anteriormente, esta mutación argelina no puede constituir un requisito previo absoluto. La región no puede esperar indefinidamente a que Argel cambie su postura. La seguridad del Sahel, el proyecto nuclear nigeriano, el despliegue de la AAGP y la integración regional se harán con Argelia si lo desea, sin ella si mantiene su bloqueo.
Esta posición pragmática refleja la primacía del interés colectivo de cientos de millones de personas sobre los cálculos diplomáticos de un solo Estado.
Convergencia sistémica: de la central a la integración regional
Interdependencia de las mutaciones
El proyecto nuclear de Níger y la AAGP revelan una interdependencia sistémica entre cuatro mutaciones:
Seguridad del Sahel: piedra angular que permite todas las demás mutaciones.
Recomposición saheliana: paso de la extracción a la neutralización productiva.
Regreso francés: ruptura con Françafrique y aceptación de la multipolaridad.
Desbloqueo magrebí: consagración de la soberanía marroquí e, idealmente, traslado argelino.
Estas mutaciones se articulan según una lógica de entrenamiento:
La seguridad del Sahel condiciona la viabilidad de las infraestructuras estratégicas y hace que el retorno de los socios internacionales sea creíble.
La consagración de la soberanía marroquí facilita el desbloqueo magrebí y aceleraría la integración Magreb-Sahel.
El regreso francés post-Françafrique, si bien contribuye a la seguridad, refuerza la estabilidad regional.
La recomposición saheliana ofrece a Marruecos un espacio de influencia y a Argelia, si lo desea, una oportunidad de cooperación constructiva.
Esta interdependencia crea una dinámica circular: cada avance facilita a los demás, generando un círculo virtuoso de integración y estabilización, siempre que se garantice la seguridad.
Arquitectura regional integrada
La convergencia de estos cambios podría conducir a una nueva arquitectura regional: integración económica Magreb-Sahel-África Occidental (mercado de 500 millones de habitantes), cooperación de seguridad regional que asocia a todos los actores voluntarios, centro energético magrebo-sahelieno que valora los recursos regionales (uranio, gas, solar, eólica), estabilidad política compartida a través de mecanismos de diálogo permanente.
El proyecto nuclear de Níger y la AAGP son los dos pilares energéticos de esta arquitectura: uno para la electricidad y otro para el gas. Juntos, transformarían la región en una encrucijada energética continental e intercontinental, catalizando el desarrollo, el empleo y la prosperidad.
Escenarios prospectivos
Escenario óptimo: integración acelerada
Horizonte 2030-2035: seguridad efectiva del Sahel a través de una arquitectura de cooperación que asocia a los Estados del Sahel, Marruecos y socios internacionales. Lanzamiento y avance significativo de la central de Níger y la AAGP. Reconocimiento casi universal de la soberanía marroquí. Normalización Marruecos-Argelia facilitando la integración óptima. Regreso francés aceptado en un marco multipolar. Aparición de un polo magrebo-sahelino integrado, centro energético continental. Crecimiento económico regional sostenido, reducción de la pobreza, creación masiva de empleo.
Escenario intermedio: integración parcial
Horizonte 2030-2035: frágil seguridad del Sahel con zonas de inestabilidad persistentes. Central de Níger y AAGP en construcción con retrasos y dificultades. Reconocimiento mayoritario de la soberanía marroquí. Normalización Marruecos-Argelia muy progresiva o estancada. Retorno francés parcial y disputado. Integración Magreb-Sahel limitada a ciertos sectores. Crecimiento moderado, progreso desigual. Argelia mantiene una postura de espera, marginando gradualmente.
Escenario degradado: fragmentación persistente
Horizonte 2030-2035: fracaso de la seguridad saheliana. Abandono o interrupción del proyecto nuclear y de la AAGP. Bloqueo diplomático en el Sahara. Tensiones mantenidas o agravadas. Ausencia de integración regional. Respuesta nacionalista. Declimiento relativo del Magreb y el Sahel. Marginación internacional. Oportunidad histórica perdida. Argelia congelada en una postura de molestia, agravando su aislamiento y su declive.
Conclusión: una ventana histórica bajo condición de seguridad imperativa
El anuncio de la construcción de una central nuclear en Níger, junto con el proyecto del gasoducto Africa Atlantic, revela un cambio geopolítico de magnitud histórica, que articula la recomposición saheliana, el regreso francés post-francafricano, la consagración de la soberanía marroquí y, potencialmente, el cambio argelino.
Sin embargo, este cambio no podrá concretarse sin una condición absoluta: la seguridad y la estabilización del Sahel. Esta seguridad, piedra angular de toda transformación regional, requiere el compromiso coordinado de los Estados sahelíes, las potencias magrebíes y los actores internacionales, respetando estrictamente las soberanías nacionales.
La urgencia de esta seguridad se ve reforzada por los desafíos de la AAGP, un verdadero instrumento de integración económica y despegue regional. Cientos de millones de personas en el Sahel y en África Occidental esperan las consecuencias de estos proyectos estructurantes: empleo, electricidad, industrialización, prosperidad.
La comunidad regional e internacional solo puede permitir que la postura de un solo Estado hipoteca este futuro. La seguridad del Sahel se hará con o sin Argelia. Si Argel decide contribuir de forma constructiva, será acogida y se valorará su participación. Si mantiene su bloqueo, la región avanzará sin ella.
La central nuclear nigeriana y la AAGP constituyen mucho más que proyectos energéticos: son la prueba y el símbolo de una capacidad regional para superar las lógicas extractivas, neocoloniales y conflictivas para construir una arquitectura de integración, soberanía compartida y prosperidad colectiva.
Lo que está en juego va más allá del Magreb y el Sahel. Afecta a toda África, Europa y el Mediterráneo. Una región magrebo-saheliana segura, integrada, estable y próspera sería un polo de estabilidad global, un modelo de cooperación Sur-Sur y un socio fiable para las potencias del Norte.
Sin seguridad, nada es posible. Con ella, todo se vuelve posible. El futuro de cientos de millones de personas no puede esperar.
Instituto Geopolítico Horizontes (IGH). Dirigido por Hakim Yamani. Tánger, Marruecos
