Tras la suspensión de militancia del líder Abdelilah Benkirane

El partido islamista marroquí vive sus horas más bajas

photo_camera PHOTO/REUTERS - Abdelilah Benkirane, ex primer ministro de Marruecos del partido Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD)

El partido islamista marroquí Justicia y Desarrollo (PJD), el más votado a lo largo de la última década, vive sus horas más bajas tras la aprobación de una ley electoral que le resultará lesiva y la "suspensión de militancia" anunciada ayer por su líder histórico, el carismático Abdelilah Benkirane.

Esta situación de crisis llega cuando quedan unos pocos meses para que el país entre en un largo ciclo electoral, con comicios generales, regionales y locales previstos a partir del otoño y que estarán regidos por leyes electorales que le harán perder decenas de escaños por el nuevo sistema de reparto.

Ha sido sorprendente el motivo que ha llevado a Benkirane (presidente del Gobierno entre 2012 y 2017) a suspender su militancia en el partido que él creó y al que aupó hasta responsabilidades gubernamentales: fue en protesta por la aprobación ayer por el Ejecutivo de una ley para legalizar los usos terapéuticos -que no recreativos- del cannabis.

Ruptura política y personal

En una carta escrita de su puño y letra y enviada ayer a los medios, Benkirane anunció además la "ruptura" con su sucesor al frente del partido y del Gobierno, Saad Eddine El Othmani, además de otros líderes históricos del partido como Mustafa Ramid, Lahcen Daudi o Aziz Rabah, compañeros durante décadas en las alegrías y en las penas del partido.

"Es la primera vez en que el partido entra en este túnel de querellas internas en donde ya no sirven los mecanismos de diálogo", comenta a Efe el politólogo Mohamed Masbah, director del Instituto Marroquí de Análisis Políticos.

El divorcio entre los islamistas "les va a afectar negativamente", aunque -precisó Masbah- "sigue siendo un partido fuerte, bien organizado y con una eficaz máquina electoral, algo de lo que carece el resto de las formaciones".

Es llamativo que el PJD haya aceptado en los últimos años decisiones más amargas que la ley del cannabis, como puede ser la renuncia a los Ministerios más poderosos del Gobierno -en favor de tecnócratas designados por el rey Mohamed VI- o el restablecimiento de relaciones con Israel, anunciada el pasado diciembre.

Atalayar_Marruecos Partido islamista

Sin embargo, Abdelalih Hamieddine, considerado ideólogo del partido, señala a Efe que el acercamiento a Israel fue una decisión tomada por encima del Gobierno, y el PJD siempre ha tenido muy clara su divisa de que "no hay enfrentamiento con el rey".

Distinto es el caso con la ley del cannabis, donde -argumenta- no ha importado tanto el fondo como la forma: "Ha sido una decisión tomada sin debate, no ha existido diálogo interno en el partido", que se ha visto obligado a aceptar el proyecto redactado únicamente por el Ministerio del Interior.

Hamieddine recordó que el partido se opuso en 2016 a cualquier proyecto de legalizar el cannabis, y desde entonces no había vuelto a tratar la cuestión, y cualquier cambio en su línea debe ser refrendado por las instancias del PJD, un partido que tiene a gala practicar la democracia interna y el debate en todas sus decisiones.

Todos contral el PJD

En cualquier caso, Hamieddine reconoce que el partido se encuentra en un momento crítico en vísperas de elecciones, sobre todo cuando ve formarse lo que llamó "un G7 de partidos" contra el PJD, como llamó al supuesto frente antiislamista urdido por partidos de derecha e izquierda de tendencia laica.

El politólogo Masbah abunda en la misma idea, al considerar que el PJD se encuentra solo: "Por un lado, tiene enfrente al 'establishment'; por otro, al resto de partidos, y ni unos ni otros quieren que el PJD tenga un tercer mandato al frente del Gobierno".

Incluso si el PJD gana las elecciones, como posiblemente suceda, "es muy probable que los otros partidos se nieguen a unirse a él en una coalición, con lo que va a ser muy difícil para el PJD llegar a formar Gobierno".

El PJD ha encabezado el Ejecutivo desde 2012, con los rescoldos aún calientes de la Primavera Árabe, pero su presencia en el Ejecutivo ha tenido unos resultados más que discretos, y queda muy lejos la imagen de partido de masas que hace solo cinco años aún consiguió proyectar.

"Para nosotros -concluye Hamieddine- es preferible pasar en adelante a la oposición".

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