Los humos arrastrados por la quema de residuos tecnológicos en este barrio de Accra, Ghana, llegan hasta los mercados locales y contaminan los alimentos a la venta

Agbogbloshie: La fiebre del desarrollo occidental

photo_camera AFP/CRISTINA ALDEHUELA - El vertedero de Agbogbloshie está situado en un antiguo humedal de los años 60 y hogar de refugiados que huyeron del conflicto en el norte de Ghana durante los años 80.

Ghana es comúnmente conocido como “el África para principiantes”, ese pequeño país en la costa occidental del continente que bajo la mirada europea se concibe como uno de los lugares más pacíficos dentro del enorme conjunto que conforma este territorio.

Pese a que la globalización y las nuevas tendencias sociales hacen que entender el continente sea cada vez más relevante, lo cierto es que África continúa siendo un coloso ignoto muy estigmatizado. De este modo, y con la mentalidad precavida que caracteriza al ciudadano del siglo XXI, desde múltiples organizaciones, proyectos sociales e incluso experiencias personales se recomienda viajar a África bajo ciertas medidas de seguridad, lo que lleva a numerosos viajeros y estudiosos a querer visitar este lugar “por niveles” de peligro. Este modo de actuar ha llevado a Ghana a confirmarse como uno de los mejores destinos para establecer un primer contacto con la realidad africana.

Sin embargo, todavía existen múltiples verdades ocultas en sus profundas extensiones.

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AFP PHOTO / CHARLY TRIBALLEAU Componentes eléctricos y teléfonos móviles desechados, para extraer y refinar los metales raros y preciosos de los aparatos eléctricos. 

Allí donde la tierra besa el océano Atlántico, se encuentra la que desde 1887 es considerada la capital de Ghana, Accra. Y si observamos con lupa en un mapa, o ampliamos la sección suroeste en Google Maps, nos encontramos de lleno “inmersos” en el barrio de Agbogbloshie. Esta región, que puede parecer diminuta e insignificante en una primera instancia, contiene bajo sus delimitaciones las ascuas ardientes del desarrollo occidental.  

Lo cierto es que tan solo es una forma poética de decirlo, pues casi podría considerarse el retrete de Occidente, el lugar donde van a parar todos los desechos tecnológicos de las grandes potencias lo que lo hace la zona más contaminada del planeta, según organizaciones como Green Cross Switzerland y Blacksmith Institute. Este barrio de Accra, en el que viven cerca de 40 mil personas, se ha convertido en los últimos años en el vertedero tecnológico más grande del mundo, el cual acumula chatarra procedente tanto de Europa como de Norteamérica.

Una nube densa de humo negro constituye el distintivo de Agbogbloshie, resultado de la incesante quema de aparatos para obtener los metales que los componen. De este modo, la ribera del río Densu, antaño un lugar de gran riqueza natural, lidia en sus inmediaciones con la contaminación que se deriva de esta práctica. Plomo, berilio, aluminio, cadmio o bronce son algunos de los preciados elementos que dan trabajo a una buena parte de la población más pobre de Accra. Así, desprovistos de otras posibilidades para plantar cara a la necesidad, los ghaneses recolectan estos metales por los que obtienen un beneficio no mayor a 30 cedis (4,94 euros) diarios, según National Geographic. 

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AFP/CRISTINA ALDEHUELA Unos jóvenes queman residuos en el vertedero de Agbogbloshie, en Accra, el 29 de noviembre de 2017.  

También los más jóvenes encuentran una ocupación en este inusual comercio que ha generado todo un ecosistema económico propio. Muchos de ellos son enviados por sus padres desde la capital para obtener ingresos y mantener a la familia y la mayoría poseen edades que oscilan entre los 11 y los 18 años, aunque ha habido constancia de niños de 5 años. 

¿Por qué Agbogbloshie?

John es de Reino Unido, acaba de terminar sus estudios y tiene que deshacerse de su viejo portátil. Le ha acompañado durante varios años, muchos quebraderos de cabeza e innumerables insomnios, pero su vida útil ha tocado a su fin y es hora de sustituirlo por uno nuevo. Pese a haber intentado encontrarle una solución, lo cierto es que es totalmente inservible y se ha convertido en un estorbo. ¿Qué hacer con él?

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AFP/CRISTINA ALDEHUELA Una foto tomada el 29 de noviembre de 2017 muestra una vista general del vertedero de Agbogbloshie en Accra.  

Aunque la Unión Europea cuenta con una serie de leyes que impiden la exportación de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE), sí que está permitido el transporte de productos reutilizables. Así, distintos aparatos bajo las mismas condiciones que el ordenador de John, pueblan un gran número de contenedores etiquetados como “mercancía de segunda mano” (incluso si la posibilidad de reutilización es inexistente). Estos depósitos desembarcarán en el puerto de Tema, el principal de Ghana, debido a la falta de controles que prohíben la importación de estos residuos en el país. Tampoco disponen de directrices que puedan diferenciar estos mismos de los artículos de segunda mano.

Como consecuencia, esta inocente iniciativa para reducir la brecha digital se transforma en una venenosa práctica que refuerza la precariedad y el retroceso. 

El problema medioambiental y la mala gestión de los residuos electrónicos

A una prudente distancia del barrio se yergue el imponente mausoleo dedicado al padre de la independencia ghanesa, Kwame Nkrumah. Los árboles custodian el parque que rodea al monumento, casi como si protegieran la memoria del líder político. No muy lejos de allí, tan solo a un par de calles de distancia, se encuentra uno de los mercados más importantes del país, el Mercado de Makola. Frutas, verduras, carne… todo ello a disposición de los ghaneses.

Sin embargo, pese a que estos alimentos parezcan estar en buen estado, lo cierto es que la toxicidad presente en el aire también los ha convertido en soldados contra la salud de los ciudadanos y terminarán afectando a quien los coma. Todos los humos contaminantes generados por la quema para obtener los metales son arrastrados por el viento más allá de los límites del vertedero y alcanzan los humildes puestos del mercado. 

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REUTERS/FRANCIS KOKOROKO. Mercado de Makola en Accra, Ghana. 

Según un informe de Greenpeace titualdo 'Envenenando la pobreza. Residuos electrónicos en Ghana', en Agbogbloshie la mayoría de las muestras tomadas indicaron que ciertos metales estaban presentes en concentraciones que superan cien veces los niveles normales en suelos. Igualmente, algunas de las sustancias tóxicas empleadas en esta zona como retardantes de llama (plastificadores) están prohibidas en Europa por su capacidad de acumulación en el medio ambiente. Pero en Accra no tienen ese privilegio. Las gentes de Agbogbloshie se exponen cotidianamente a estos riesgos, que generan en múltiples ocasiones tos, dolores de cabeza e incluso cáncer de pulmón o de riñón. 

Todos estos problemas comparten una misma raíz: la mala gestión de los residuos electrónicos a nivel mundial. A nivel mundial, un informe elaborado por varias agencias de la ONU advertía que tan solo se ha reciclado correctamente el 20% de los 50 millones de toneladas de RAEE producidos en 2018. 

La incapacidad de los agentes implicados en el reciclaje de estos productos para ejercer prácticas al respecto genera un gran sedentarismo en la actividad conjunta contra la contaminación. Así pues, nos encontramos frente a un escenario en el que los fabricantes miran hacia otro lado cuando se habla de reutilización; los puntos limpios se convierten más en lugares de envejecimiento que de aprovechamiento de aparatos; y las personas se deshacen de sus electrodomésticos en la calle. Esto impide tener un control efectivo de la cantidad de aparatos electrónicos reutilizables o inservibles y hace que los residentes del barrio de Agbogbloshie sufran de primera mano la fiebre del desarrollo occidental. 

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