El este de Libia es sinónimo de horror, devastación, hambre, sed y enfermedades físicas y mentales tras el paso arrollador de la tormenta Daniel, que ha dejado miles de muertos, más de 10.000 desaparecidos y casi 50.000 personas sin hogar

Libia: vidas rotas y niños que se niegan a beber agua por miedo a ahogarse

@alvarocuadrado/HambreCero.es
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Afloran las secuelas psicológicas de los libios y especialmente de los miles de menores afectados por las inundaciones que dejó a su paso, a mediados de septiembre, la tormenta Daniel. Son niños que han visto morir a sus padres, a sus hermanos, a sus tíos o a sus abuelos, o simplemente sus familiares han desaparecido igual que lo hicieron sus casas. Sin dejar rastro. 

Entre otras ONG´s, Médicos Sin Fronteras ya está sobre el terreno y ha comenzado a trabajar en actividades asistenciales centradas, sobre todo, en el apoyo a la salud mental gracias a un nutrido equipo formado por médicos, psicólogos y voluntarios. Uno de ellos es Michel Olivier Lacharité, coordinador de la organización en Libia, que describe el terror de unos niños traumatizados por lo que han visto y por lo que han vivido. Reconoce que desde MSF están muy preocupados porque se están encontrando “muchos niños en el este de Libia que se niegan a beber agua por miedo a ahogarse”.

Eso sí, igual que hay niños que no quieren beber por miedo a ahogarse, recuerda Olivier que hay muchísimas personas que se están viendo obligadas a beber agua contaminada para poder sobrevivir. Es su único salvoconducto. Saben que está contaminada, que les puede hacer enfermar e incluso causar la muerte, pero también son conscientes de que no tienen otra opción si quieren seguir con vida. 

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Obligados a beber agua contaminada para sobrevivir  

Álvaro Cuadrado, fundador de HambreCero.es, ha viajado hasta el epicentro de la catástrofe con un avión repleto de material sanitario. Una vez allí reconoce que el mayor problema al que se enfrentan ahora los libios, además de las epidemias, tiene que ver con el agua. “Son zonas de difícil acceso y gran parte de la población está bebiendo agua contaminada. Por eso, vamos a centrar nuestra acción a partir de ahora en llevar generadores de agua atmosférica a las regiones de difícil acceso”, donde está convencido de que va a suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Lo que les puede salvar en las zonas de difícil acceso son estos generadores Bluemont que transforman el aire en agua potable, reconoce Álvaro Cuadrado

Aunque la situación geopolítica del país es muy compleja, HambreCero.es (en colaboración con Libia y Farmacéuticos Solidarios) ha conseguido fletar un avión y ya está pensando en los siguientes. 

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Derna, una ciudad de duelo 

Derna, la ciudad más afectada por las mortíferas inundaciones de mediados de septiembre, ha acabado literalmente partida en dos por la fuerza de la naturaleza. El puente que unía la parte oriental y la parte occidental de la ciudad ha desaparecido por completo. Y el pasado 10 de septiembre la fuerza del agua terminó destruyendo dos presas que se llevaron todo por delante en cuestión de horas. Cuando reventaron la población dormía, esa es la explicación de que en Derna haya habido muy pocos heridos y un altísimo número de fallecidos.

La mayoría de los habitantes de Derna están de luto, miles de personas lloran a sus muertos y deambulan por las calles atestadas de escombros y coches del revés. No saben ya a dónde ir ni qué hacer. No hay mucho que hacer por los muertos, pero mucho que hacer por los supervivientes.  

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Hassan, que vive en Derna, ha perdido a cuatro de sus hijos en las inundaciones. “El agua inundó la casa mientras mis hijos estaban dentro con sus tíos. Y aunque ellos les pedían que salieran una y otra vez, mis hijos no podían. El agua empezó a entrar por las ventanas, intentaron salir por la parte de atrás, pero el agua inundó la casa también por ese lado, y cuando intentaron subir hasta el tejado mis cuatro hijos y mi nieta desaparecieron en la oscuridad”. 

Lamenta Hassan que como no estaba aquella noche en casa no pudo hacer nada para salvarlos. “No me entristece sólo su muerte, me entristece haberme ido y no haber podido cumplir mi papel de padre, garantizar el futuro de mis hijos y prepararlos para casarse. Con ellos también estaba mi nieta, pero la corriente de agua se la llevó”, recuerda emocionado este vecino de Derna. “Ahora estoy solo y este es el fin. No culpo a Dios, culpo a los responsables de todo esto”. Hassan no es el único libio que cree que hay cosas que se han hecho mal en la gestión de esta crisis o en materia de prevención, por ejemplo, en el caso de las dos presas. Es el desgarrador testimonio de Hassan, aunque podría ser el de cualquiera de los 150.000 vecinos de esta ciudad del este de Libia, donde todos se han visto afectados en mayor o menor medida.

Los residentes de Derna han solicitado la instalación de un nuevo hospital de campaña porque los dos centros hospitalarios que ya existían se han convertido en morgues improvisadas. En esta ciudad fantasma sigue habiendo miles de cadáveres bajo los escombros, a quienes ya nadie busca, y otros tantos que cada día devuelve el mar. De hecho, los equipos de rescate reconocen que la corriente podría seguir llevando cuerpos a la costa durante varias semanas. 

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El este de Libia es un laberinto de escombros lleno vidas rotas

Según las primeras evaluaciones de un comité técnico libio, la cuarta parte de Derna -unas 90 hectáreas- ha quedado completamente devastada. Además, como las carreteras de acceso a la ciudad están colapsadas por el agua, el barro y los escombros, la ayuda humanitaria está llegando con cuentagotas. Y la población se derrumba cada día al ver que su tierra natal se ha convertido en un laberinto de escombros intransitable. 

Es como un sueño, nos cuenta otro vecino de Derna. “Un sueño que todavía no podemos entender”, admite Ayyad. Su historia se repite una y otra vez a lo largo y ancho de esta ciudad completamente arrasada. “Me iba a dormir cuando mi hija se levantó, miró por la ventana y vio que el piso de abajo estaba inundado de agua. Luego nos despertó a todos y subimos a la azotea. Volví a cerrar la puerta con llave porque el agua nos inundaba por todos lados”. 

Aún en shock por lo vivido, Ayyad relata que dejó que sus hijos subieran las escaleras y trató de cerrar la puerta, pero se abrió de golpe y el agua le arrojó a uno de los dormitorios, llenando la habitación y cubriéndole casi entero. “Sobreviví por la gracia de Dios, durante casi media hora apenas pude respirar. El agua me llegaba al cuello. Pensé que iba a morir”, recuerda nervioso. 

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El descorazonador antes y después de la tormenta Daniel

La arrolladora tormenta Daniel ha dejado miles de damnificados y las imágenes satelitales de Libia son escalofriantes. El antes y el después es descorazonador, pura imagen de la devastación y prueba certera de la fuerza que tiene la naturaleza. El Mediterráneo que baña las costas libias ya no es azul, sino de color marrón como el barro que inunda hectáreas y hectáreas de casas tierra adentro. 

Que el mundo no se olvide de Libia es clave para una población que lo ha perdido todo y que lamentablemente seguirá por mucho tiempo en shock.  

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