Todo por la patria y por la paga
Bélgica es por ahora el último de los países de la Unión Europea en restablecer el servicio militar
Las amenazas de Rusia a sus vecinos fronterizos, pero también la reiterada invasión de otros, como la propia Bélgica, mediante el hostigamiento constante a sus aeropuertos por enjambres de drones, ha generalizado el debate tanto sobre la necesidad de rearmarse como de que la población civil debe formar parte de la tarea de salvaguardar la integridad nacional.
Todos los jóvenes belgas a punto de cumplir los 18 años, es decir unas 150.000 personas han empezado a recibir cartas en las que se les explica todo esto, a la vez que se les insta a que, con carácter voluntario, se comprometan a unirse a las Fuerzas Armadas durante un período de entre diez semanas y un año para adiestrarse en el manejo de armas y formación para combatir en su caso contra un enemigo forzosamente extranjero.
El Gobierno belga, que califica la operación, como “proyecto social”, remata la oferta con el mejor de los ganchos posibles: un salario neto mensual durante dicho periodo de 2.000 euros. Si se añaden a tal sueldo algunos extras como la manutención o incluso la pernoctación cuartelera, dicho salario rayaría prácticamente el salario medio belga, y se situaría unos 500 euros por encima del mínimo. Cuenta el Gobierno con que en esta primera hornada de cartas pueda reclutar a unos mil nuevos soldados voluntarios, contingente susceptible de ser ampliado hasta 7.000 en sucesivas oleadas.
La carta deja planear la idea de que los jóvenes tienen el deber de colaborar a la defensa de la patria, lo que, si bien implica abandonar por el tiempo voluntariamente convenido estudios o trabajo, también le proporciona una nueva visión del mundo, en la que se incluirían no sólo la adquisición de destrezas bélicas, sino también la posibilidad de otros horizontes laborales en los que seguramente no habría pensado el futuro recluta. Se sobreentiende asimismo que el nuevo soldado voluntario se impregnaría de los valores castrenses, especialmente la disciplina, el compañerismo y el trabajo en equipo, cimiento fundamental de lo que antiguamente se denominaba en todas las latitudes amor a la patria. En todo caso, la oferta salarial es la que seguramente será el incentivo más atractivo a los ojos de los posibles candidatos al voluntariado.
Antes de Bélgica, Alemania, que había suspendido en 2011 el servicio militar obligatorio, ya había anunciado su plan de restablecerlo con carácter voluntario, con el fin último de conformar unas Fuerzas Armadas compuestas por 260.000 soldados activos, unos 80.000 más de los que cuenta la Bundeswehr actualmente. Asimismo, Dinamarca ha anunciado introducir en 2026 el servicio militar obligatorio para mujeres, quienes hasta ahora podían alistarse no obstante como voluntarias.
Se va extendiendo así en el seno de la UE la percepción de que, por muy profesionalizado que esté el Ejército, este no puede estar al margen del pueblo y la sociedad que defienden y a los que se deben. Y, desde luego, cunde la percepción de que la paz perpetua no existe, salvo después de la muerte, y que la próxima guerra, sea de la envergadura que sea, está hoy más próxima que ayer mismo.
Junto a los citados Bélgica, Alemania y Dinamarca, con sus diversas modalidades, los miembros de la UE que mantienen el servicio militar obligatorio son: Estonia, Letonia, Lituania, Suecia, Finlandia, Austria, Croacia, Grecia y Chipre. Francia también está por reimplantarlo mientras que en España no solo no existe intención alguna de restablecerlo, sino que ni siquiera existe un debate general en la sociedad respecto de la amenaza que puede representar Rusia, si bien existe una percepción creciente de que las posibles amenazas de guerra para España proceden de su flanco sur, especialmente del Sahel.
Fuera de la UE, pero dentro de Europa también cuentan con el servicio militar obligatorio Suiza, Noruega, Moldavia y Turquía. Y, por razones obvias, la invadida y agredida Ucrania.
Este mismo año, un sondeo de YouGov señalaba a España como el país cuyos habitantes están más opuestos al servicio militar (58 %). El Reino Unido e Italia están prácticamente empatados entre los que están a favor y en contra; en Alemania, 58 % de la población está a favor mientras que en Francia esa tendencia favorable sube al 68 %, todos ellos en cualquier caso por debajo de los países bálticos y nórdicos, donde más del 80 % de la población se pronuncia en favor de rearmarse y de que la población civil se adhiera a las Fuerzas Armadas y se prepare para el combate.
Hay en todo caso convicción general en que la próxima guerra no tendrá mucho que ver con la imagen proyectada por las anteriores. No serían necesarios tanto los soldados en un hipotético frente como las habilidades tecnológicas de sus integrantes. Pero, en todo caso, además de adquirirlas por parte de los nuevos soldados, sí será imprescindible enmarcarlas en una planificación y disciplina común.

