El Islam proclama que todos nacemos iguales (II)

Mirza Masrur Ahmad, quinto califa de la Comunidad Ahmadía

(Esta entrega es continuación de la anterior: “EL ISLAM PROCLAMA QUE TODOS NACEMOS IGUALES (I)”. 

Así, he citado algunos pasajes del Sagrado Corán que rechazan enteramente la noción de que el islam, Dios nos perdone, es una religión que se aprovecha de los derechos de los no-musulmanes o es un medio para la destrucción de la paz y el bienestar social. A este respecto, en el capítulo 28, versículo 58, del Sagrado Corán se pone de manifiesto el hecho de que el verdadero islam siempre se ha propagado pacíficamente, y esto no es algo nuevo que estemos propagando ahora. El versículo hace referencia a las personas que recibieron el mensaje del islam en la época del Santo Profeta Muhammad (lpbD) pero prefirieron rechazarlo. Declara que sus objetivos eran materiales más que espirituales, de modo que ellos mismos admitieron que la razón por la que rechazaron el islam era que temían ser desterrados de sus tierras y boicoteados por su gente. Temían, no a los musulmanes, pues habían presenciado las benevolentes enseñanzas del islam de primera mano, más bien les consumía el miedo de sus propios gobernantes y de su propia gente. Así, queda demostrado el hecho de que el Fundador del islam (lpbD) y sus compañeros simplemente procuraron transmitir el mensaje del islam pacíficamente y nunca recurrieron a ninguna forma de agresión o intimidación para difundir su fe. Esto prueba que el islam enseñado y practicado por el Santo Profeta (lpbD) no era una enseñanza extremista o violenta y que los no-musulmanes eran libres de rechazar sus enseñanzas, sin temor a ningún castigo. Si había alguien a quien temían, eran las tribus y líderes no-musulmanes, que no toleraban que aceptaran las enseñanzas de paz del islam. 

Así mismo, permítanme compartir con ustedes el incomparable ejemplo del Santo Profeta  Muhammad (lpbD) en el momento de la conquista de La Meca, ciudad natal del Profeta del islam (lpbD). Tras su proclamación de ser profeta, él y sus compañeros fueron sometidos a trece años de persecución despiadada e injusticia por parte de su propia gente. Los musulmanes eran asesinados, así como sus seres queridos y, por último, fueron sacados de sus casas y tuvieron que emigrar. Aún así, cuando el volvió victorioso a La Meca y la ciudad entera estaba bajo su mando, su primer pronunciamiento fue que no se tomaría ninguna venganza contra aquellos que persiguieron brutalmente a los musulmanes en años anteriores. En aquel momento de triunfo, el Santo Profeta (lpbD) mostró humildad y paciencia extrema, al declarar que, en conformidad con las enseñanzas pacíficas del islam, todos aquellos que habían atormentado a los musulmanes eran perdonados de manera inmediata. 

A la vista de todo cuanto he presentado, es mi deseo y plegaria ardiente que, en vez de hacer juicios impulsivos, basados en rumores, y tachar al islam como una religión violenta y cruel, la gente haga uso de la razón, observe los hechos y reflexione honestamente sobre todo cuanto el islam  representa. Solo entonces apreciarán por ustedes mismos que los actos de odio realizados en nombre del islam en los años recientes no tienen nada que ver con sus enseñanzas originales. Es del todo injusto culpar al islam, o cualquier otra religión, de los pecados de aquellos que actúan en contra de las verdaderas enseñanzas de su religión. Por ejemplo, a día de hoy, la gran mayoría de las armas fabricadas en el mundo son producidas por países predominantemente cristianos, y dichas armas se están empleando para asesinar y mutilar a personas inocentes en diferentes partes del mundo y están avivando conflictos brutales. ¿Significa esto que el cristianismo es inherentemente maligno y se haya de culparle de la horrenda carrera de armas? Por supuesto que no. 

Siguiendo con el tema, al comienzo mencioné que no creo que los musulmanes sean los únicos que hayan contribuido en el desorden prevalente en el mundo; permítanme extenderme un poco más.  Todos somos bien conscientes de las horribles consecuencias de las dos guerras mundiales ocurridas a lo largo del siglo XX, donde millones de personas fueron asesinadas y las vidas de incontables personas fueron destrozadas. Esas guerras mundiales probaron ser una mancha oscura en la historia del mundo, y aún así, es causa de gran pesar que el mundo no haya aprendido de sus errores pasados y, una vez más, la humanidad se esté hundiendo aún más en un aterrador abismo. En vez de luchar por la paz a través del diálogo, la comprensión y el respeto mutuo, las grandes potencias mundiales han buscado la paz a través de la intimidación y el miedo, con el desarrollo de armas capaces de destruir el mundo. A pesar de ser testigos del tormento sin precedentes y la devastación absoluta, consecuencia de las armas nucleares usadas por Estados Unidos contra Japón durante la Segunda Guerra Mundial, varios países, Estados Unidos inclusive, han continuado el desarrollo de armas atómicas cada vez más potentes sin detenerse a reflexionar sobre las escalofriantes consecuencias. De los nueve países que han adquirido armas nucleares, solo uno, Pakistán, es una nación musulmana. Así, no se puede decir que el mundo musulmán sea el centro de estas armas mortales que suponen la mayor amenaza para el bienestar de la humanidad. Además, como ya he mencionado antes, la mayoría de las armas presentes en los países musulmanes se han producido en el mundo no-musulmán. 

Obviamente surge la pregunta de por qué las naciones no-musulmanas, por un lado, piden la paz en el mundo musulmán pero, por otro lado, alimentan las guerras y conflictos que ellos mismos condenan. Aunque de manera ocasional han adoptado medidas o políticas positivas tomadas por determinados gobiernos o instituciones, que han tenido un resultado beneficioso, por desgracia esas políticas han quedado ahogadas. En cambio, la característica que define los esfuerzos del mundo para garantizar la paz en los últimos setenta o más años ha sido la intimidación y las tácticas de miedo, por las cuales las naciones han buscado la paz mediante el desarrollo de armas cada vez más mortíferas. Indiferentemente a lo que se afirme, lo cierto es que dichas medidas no pueden lograr una paz duradera habiendo así muchas posibilidades de que un día alguien presione el botón que desencadene una matanza y una miseria tal que el mundo nunca antes habrá visto. Por ello en vez de construir la paz sobre el llamado “modelo disuasivo”, nosotros los musulmanes áhmadis creemos que sólo un camino conduce hacia una paz duradera, y ese es el camino hacia Dios Todopoderoso. 

Ha llegado la hora de que la humanidad reconozca a Su Creador y acepte que Dios Todopoderoso es en verdad, el Dios de todos los mundos, el que nos sostiene, nos provee y es nuestro Creador  Supremo. ¿A cambio de Sus infinitos favores, acaso no es Su derecho que tornemos a Él, nos inclinemos ante Él y busquemos Su cercanía? Mientras el mundo siga priorizando la riqueza y el poder material, no veremos la verdadera paz en el mundo. Ciertamente, el deseo primordial de usurpar los derechos de los demás en beneficio propio es lo que ha alimentado los conflictos extendidos en todo el mundo. 

Hace poco, un reconocido político veterano estadounidense declaró que no beneficiaba a Estados Unidos que el grupo terrorista Daesh fuera eliminado por completo de Siria, más bien, convenía a Occidente que quedara cierta presencia de este malvado grupo. Éste es el tipo de lógica que una persona sabia y pacífica jamás puede comprender ni tolerar. Por una parte, el mundo occidental insta a las naciones musulmanas a detener toda forma de terrorismo y adoptar la paz, pero por otra hay entre ellos mismos quienes temen que la paz en el mundo musulmán disminuya su propio poder y dominio. Esto es hipócrita y estas retorcidas ideologías sólo logran desestabilizar el mundo.  Además, como ya he mencionado, los países occidentales y los productores de armas tienen un interés comercial en mantener cierto grado de conflicto en los países musulmanes. Dichas políticas sesgadas y motivaciones egoístas son por completo lamentables y únicamente suponen un medio para la destrucción de la paz mundial.  

En marcado contraste, las enseñanzas del islam buscan establecer la paz en todos los niveles de la sociedad y nuestra religión también ha dejado claro que la clave de la paz es la verdadera justicia. La justicia y la equidad son los pilares de la paz, en la medida en que el islam sostiene que una persona o nación ha de estar preparada para testificar contra sí misma a fin de mantener la verdad y hacer prevalecer la justicia. Así, no es posible establecer la verdadera paz, sea ya dentro del hogar, en el pueblo o ciudad, dentro de una nación o a nivel internacional, hasta que no haya justicia. 

Siguiendo con el tema y en respuesta a quienes preguntan por qué se libraron guerras en los primeros tiempos del islam permítanme explicar brevemente que en el capítulo 22, versículos 40 y 41 del Sagrado Corán, Al’lah Todopoderoso concede permiso a los primeros musulmanes para luchar una guerra defensiva por primera vez. Sin embargo, estos versículos dejan absolutamente claro que dicho permiso no se ha otorgado para que el islam domine o conquiste territorios, sino que Al’lah concedió el permiso para apaciguar el desorden y la crueldad y para consagrar por siempre el principio de la libertad de creencia universal. Así, en el versículo 41, incluso antes de que se hubiera ordenado a los musulmanes defender las mezquitas, se les ordena proteger las iglesias, los templos, las sinagogas y los lugares de culto de todas las religiones. Además, el capítulo 2, versículo 194, del Sagrado Corán también deja claro que aún cuando se permiten las guerras defensivas, éstas han de ser proporcionales y su propósito ha de ser siempre poner fin a la crueldad, la persecución y la opresión. Una vez que las condiciones hayan mejorado y se pueda vivir en paz, entonces se ha de poner fin a la guerra de manera inmediata. El versículo también dice que durante las guerras, solo se debe atacar a los agresores o presos, mientras que las personas inocentes han de ser salvaguardadas y sin lugar a ningún tipo de daños colaterales, como los que trágicamente presenciamos en las guerras de hoy. Dondequiera que el islam ha autorizado algún tipo de fuerza, se ha hecho con fin de detener la mano del opresor y nunca como un medio de conquista o agresión. La sola idea de provocar a los demás e incitar el desorden es algo que el islam toma muy en serio y por ello que el Sagrado Corán dice que tal incitación, que busca crear y aumentar el odio entre los pueblos y naciones, es un crimen aún mayor que el asesinato. 

La verdad es que las enseñanzas del islam son aquellas que buscan salvar las diferencias que existen entre las personas y unir a la sociedad bajo un paraguas de paz, amor y armonía. De hecho, el Santo Profeta Muhammad (lpbD) nos enseñó que un verdadero musulmán es aquél de cuya boca y manos están a salvo todas las demás personas. Por ello que causar dolor y pena innecesaria a otros, independientemente de a qué escala, es un pecado y se opone al islam. 

Para terminar, reitero que las enseñanzas del islam son completamente pacíficas y son un medio de seguridad para todas las personas, de todos los ámbitos de la vida. No hay necesidad de temer al verdadero islam. Así espero que estén de acuerdo conmigo en que quienes califican al islam como una religión violenta o intolerante son culpables de una gran injusticia. 

Con estas palabras, les agradezco a todos por tomar tiempo para asistir a nuestro Yalsa Salana (Convención Anual) y escuchar cuanto he dicho. Muchas gracias. 

(lpbD) – que la paz y las bendiciones de Dios sean con él. 

(lpD) – que la paz sea con él. 

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