Tras la salida de Mali en mayo de 2022, Níger y Burkina Faso creen que su participación en este G5 no es compatible con su “camino a la independencia y la dignidad”

Burkina Faso y Níger abandonan el G5 Sahel y dejan en evidencia la debilidad del grupo

REUTERS/VINCENT BADO – El líder militar de Burkina Faso, Ibrahim Traoré
photo_camera REUTERS/VINCENT BADO – El líder militar de Burkina Faso, Ibrahim Traoré

La alianza que nació como respuesta a la amenaza terrorista pierde dos miembros y se profundiza la crisis que comenzó Mali. Tras su salida en mayo, el G5 Sahel quedó muy tocado y se sumió en una crisis que atraviesa ahora la que podría ser su estocada definitiva. Los golpes de Estado en Burkina Faso y Níger pusieron sobre aviso a toda la región. La estabilidad, que ya brillaba por su ausencia en el Sahel, acabó por dinamitarse con lo que ahora se confirma como el abandono de la alianza.

El comunicado emitido de forma conjunta por ambas administraciones asegura que Niamey y Uagadugú “decidieron, con plena soberanía, que Burkina Faso y Níger se retirarán de todos los organismos afiliados al G5 Sahel, incluida la fuerza conjunta”, con efecto inmediato. De esta forma, el grupo que nació con Mali, Burkina Faso, Níger, Mauritania y Chad, queda ahora formada por estos dos últimos. Los dos que dejan ahora el G5 creen que “la organización se enfrenta a dificultades para alcanzar sus objetivos”.

PHOTO/AFP - Varios simpatizantes ondean banderas rusas y una pancarta con un lema contra Francia mientras se manifiestan en apoyo de la junta nigerina en Niamey el 30 de julio de 2023
PHOTO/AFP - Varios simpatizantes ondean banderas rusas y una pancarta con un lema contra Francia mientras se manifiestan en apoyo de la junta nigerina en Niamey el 30 de julio de 2023

La asociación que nació en 2014 con la intención de erradicar el terrorismo queda ahora desguarnecida por el abandono de más de la mitad de sus miembros. Todos ellos tras haber sufrido golpes de Estado en su historia reciente. La llegada de regímenes militares al Sahel ha hecho, como era previsible, que la poca estabilidad que había tratado de traer el G5 acabase por completo. Una labor que desarrollaba, además, en parte gracias a la ayuda financiera de la Unión Europea.

Fue en el año 2017 cuando, en vistas del crecimiento del terrorismo en el Sahel, se lanzó de forma conjunta en fuerza militar. Este paso también estuvo motivado por la debilidad manifiesta de los ejércitos de los cinco Estados. Ahora, con más de la mitad de los miembros fuera del G5, surge la idea de una nueva alianza – entre los dos que acaban de abandonar el G5 y previsiblemente, Mali – como respuesta al fracaso de este intento de bloque frente al terrorismo que no ha logrado soportar una serie de golpes de Estado que alcanzó su punto más álgido en julio de este año en Níger.

PHOTO/AFP/OUSMANE MAKAVELI - Un partidario del presidente interino de Mali, Assimi Goita, sostiene su imagen durante una concentración a favor de la Junta y de Rusia en Bamako, el 13 de mayo de 2022
PHOTO/AFP/OUSMANE MAKAVELI - Un partidario del presidente interino de Mali, Assimi Goita, sostiene su imagen durante una concentración a favor de la Junta y de Rusia en Bamako, el 13 de mayo de 2022

Tanto Burkina Faso como Níger entienden que la organización se encuentra bajo “el control de los socios extranjeros que trabajan para sus propios intereses en la destitución de los sahelianos”. Consideran que, actualmente, el G5 está mirando antes por los intereses extranjeros que los de los propios países del Sahel, achacando a la alianza el no reconocimiento del derecho a la soberanía de estos.

Sin embargo, lo que acaba por confirmar esta salida de Burkina Faso y Níger es la debilidad de una región que, además de sufrir el terrorismo que motivó la creación del G5, está cada vez más amenaza por los regímenes militares. Se está creando una amalgama de Estados controlados de facto por el ejército en los que la tendencia no debería ser otra que seguir sumiendo en la pobreza y la decadencia a muchos de estos países.

Ni siquiera las mencionadas ayudas de la UE al G5 consiguieron cohesionar a estos Estados que ven enemigos en los que deberían ser aliados. Se abre así un momento más complicado si cabía. Una de las pocas alianzas que debían velar por la endeble situación en el Sahel está abogada al fracaso – si es que no se considera que ya lo haya hecho –, y los golpes no hacen sino seguir sumiendo la región en un pozo de caos e inseguridad.

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