La sombra del dictador Omar al Bashir crea divisiones en la cúpula militar sudanesa: Hemeti vuelve a criticar el proceso de transición militar

El inalcanzable proceso de transición en Sudán

PHOTO/AFP - Manifestantes sudaneses levantan una pancarta con la imagen tachada del jefe del ejército, Abdel Fattah al-Burhan, durante una manifestación para exigir el retorno al gobierno civil

Incluir al Ejército en el proceso de transición o no. Ésa es la cuestión que divide a Sudán desde el golpe de Estado de octubre de 2021 y que erosiona cada vez más el sueño de encontrar una paz que devuelva la estabilidad al país africano. El jefe del Consejo de Soberanía de Sudán y cabecilla del golpe, Abdelfatá al Burham, afronta ahora las dificultades de una transición paralela en El Cairo, sus vinculaciones con el dictador Omar al Bashir y un vicepresidente descontento con la actuación militar de su propia junta. Manifestaciones en todo el país, mediante. 

La ciudad de Juba, capital de la vecina Sudán del Sur, ha sido el último escenario en el que se llamaban a todas las partes de la sociedad civil y la oposición sudanesa a unirse al acuerdo de paz oficial impulsado por el Ejército, el conocido como Acuerdo Marco, creado el pasado diciembre. Y es que si de algo conoce esta ciudad es precisamente de la solución de conflictos. Fue aquí donde se firmó en 2020 el Acuerdo de Paz de Juba que ponía fin a 17 años de conflicto armado en Sudán.

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Y con el pretexto de acelerar la implementación del acuerdo, el propio presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir, ha instado a los grupos reticentes sudaneses a unirse a la mesa de negociación. Kiir defendió que la firma de la matriz de implementación del acuerdo ayudaría a acelerar la formación del gobierno de transición de unidad nacional es Sudán. “Como garante que lideró el proceso, permítanme reiterar en nombre de otros garantes que este taller no es un proceso político paralelo o una renegociación del Acuerdo de Paz de Juba. Su objetivo es contribuir al diálogo en curso en Sudán sobre las opciones para la transición y el mejor enfoque hacia el tema de la transición democrática”, afirmaba Kiir. Se refería, irremediablemente, a los grupos reticentes como la facción SPLM-N dirigida por Abdel Aziz Al-Hilu y el Movimiento de Liberación de Sudán bajo Abdul Wahi Al-Nur. 

Sin embargo, estos grupos no son los únicos que se oponen a la propuesta de la junta militar. Varios miembros de la sociedad civil han abierto otra propuesta de transición política en El Cairo, una en la que no tienen cabida los militares, tal y como han pedido miles de manifestantes que han estado protestando en las calles de Jartum desde el golpe de Estado de 2021. En todo caso, la propuesta no está siendo respaldada por la comunidad internacional. El proceso del Acuerdo Político Marco sigue siendo, en nuestra opinión, la mejor base sobre la cual formar un gobierno de transición liderado por civiles”, expresaron en un comunicado representantes de Estados Unidos y la Unión Europea, pronunciándose contra “procesos de transición paralelos”.

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Un descontento al que se suma ahora el propio Mohamed Hamdam Dagalo, “Hemeti”, vicepresidente del Consejo Soberano de Transición de Sudán y líder de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF). A su juicio, el proceso de transición en Sudán es “un error que ha abierto la puerta a un retorno del antiguo régimen”. Unas declaraciones que se producen días después de que Hemeti calificara el golpe de Estado de octubre de 2021 como un “error” que había beneficiado políticamente a los partidarios del exmandatario Omar al-Bashir

La sombra del dictador se cierne sobre la junta militar sudanesa en un momento complicado. Un problema más del que al Burham quiere echar balones fuera. El jefe de la cúpula militar ha reiterado que el Ejército que lidera tiene un carácter completamente neutral y sólo obedece a la voluntad del pueblo. “En la naturaleza de las Fuerzas Armadas no está ni causar problemas ni verse arrestados a enfrentamientos con nadie”, defendió Al Burham.

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Pero lo cierto es que los dos hombres, Al Burham y Hemeti, han tenido relación con Omar al-Bashir, al igual que gran parte de la sociedad que exigen ahora la liberación del dictador y de sus ayudantes, que fueron detenidos con el golpe de Estado del 30 de junio de 1989. 

Desde que la junta militar de al Burham tomara el poder del Gobierno civil de Abdalla Hamdok, Sudán ha enfrentado graves turbulencias económicas y políticas, mientras que el proceso de transición democrática parece quedar cada vez más lejos. 

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