El fotógrafo Álvaro Ybarra Zavala pasó por los micrófonos de “De Cara al Mundo” en Onda Madrid para contar su experiencia y su trabajo realizado en Ucrania

Fotografía y periodismo en Ucrania: “Lo importante es no permitir que nos convirtamos en cómplices de la impunidad”

Servicio de prensa del Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania vía REUTERS - Una mujer con un niño sale de un edificio residencial dañado por los bombardeos en Kiev, Ucrania

Las fotos y reportajes de Álvaro Ybarra se han publicado en medios tan importantes como Time Magazine, New York Times, Le Monde, Libération, Newsweek, The Sunday Times Magazine, CNN, Vanity Fair, ABC XLSemanal, ha trabajado en grandes agencias internacionales como Vu y Getty Images, ha publicado cinco libros, ha trabajado con ONGs y con grandes empresas en proyectos muy interesantes, ha colaborado en documentales, da clases en universidades y ahora, además, dirige su propia productora audiovisual.

Álvaro Ybarra pasó por los micrófonos de “De Cara al Mundo” en Onda Madrid para contar en una entrevista con Javier Fernández Arribas su trabajo, sus fotografías y su experiencia en el conflicto armado de Ucrania y en otras partes del mundo.

Siempre me acordaré de aquella foto. Noviembre de 2008, República Democrática del Congo. Una bestia, un soldado del Ejército congoleño con un cuchillo en la boca, y en una mano la mano cortada de un soldado del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo y en la otra los órganos genitales de este soldado y una mirada terrible. La pregunta que le hice a Álvaro Ybarra fue ¿cómo has sido capaz de hacer esta foto? De aquellas situaciones tan espeluznantes hasta ahora en Ucrania, ¿qué valoración te merece?

Creo que por primera vez en 20 años de carrera y fotografiando todos estos acontecimientos que han marcado la historia reciente de nuestra civilización, del mundo en el que vivimos, nos estamos enfrentando de alguna manera a un conflicto en el que realmente se amenaza nuestra libertad, nuestra forma de entender la vida, la forma en la que hemos crecido y por la que hemos trabajado. Esa amenaza se llama Rusia.

Aquí el conflicto se ha generado sólo por una parte. Aquí hay un agresor y alguien que no solamente se defiende, sino que lucha por sobrevivir y por no desaparecer. Ese es el objetivo fundamental que está buscando Putin con esta agresión a Ucrania.

Creo que nos conocemos desde hace muchísimos años y sabes que no exagero. Nunca había visto tanta barbaridad, una violación sistemática de los Derechos Humanos, muerte. Ni tu ni yo vivimos la Primera Guerra Mundial, pero hoy viajar a Ucrania y viajar al frente de las líneas de contacto es como transportarse a esa guerra, a esas líneas del frente de artillería y de tierra quemada.

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En la Primera Guerra Mundial, el factor que hizo que esa guerra, sobre todo, en los frentes europeos fuera una guerra muy cruel fue el uso de armas químicas.

Si entendemos el fósforo como arma química es el pan de cada día. A Putin no le hace falta utilizar una bomba táctica nuclear, porque las consecuencias de utilizar un arma de estas características no le van a aportar absolutamente nada. Sin embargo, va a plantear un cambio radical en la presión hacia Rusia, es decir, para usar una bomba táctica nuclear antes vuela por los aires la central nuclear de Zaporiyia, que puede, tiene capacidad y la controla. Eso es un hecho. Es una posibilidad real que está sobre el tablero y es uno de los medios que puede poner a Putin contra las cuerdas, que ya lo está. Ahora queda saber hasta dónde está dispuesto a llegar.

Y luego, cualquier línea del frente es volver, como digo, a la Primera Guerra Mundial. Es una guerra en la que el número de bajas es altísimo, aunque no existen realmente cifras oficiales, pero estamos hablando de cifras muy similares al nivel de la Primera Guerra Mundial por lo que están diciendo muchísimos expertos en la materia. Yo lo he visto con mis propios ojos, cómo salen de la trinchera como como cuando ves una película sobre aquella guerra.

Todo lo que se llama el arco de Bajmut he visto salir oleadas, oleadas y oleadas de soldados rusos que son batidos con ametralladora. Luego te queda encima la artillería y otra vez así continuamente. Es una guerra de artillería, es una guerra que se está utilizando tecnología de los años 50, de los años 60 y como mucho de los 90. Por eso tanta destrucción. No es una guerra moderna. De hecho, no había munición. La mayor parte de la munición que se está usando en este conflicto es munición obsoleta.

A mí en redes sociales se me criticó porque dije que los blindados y los carros de combate rusos eran chatarra, sobre todo los que fueron enviados a Ucrania al principio, T-64, T-72. Quizá lo más novedoso del conflicto en Ucrania desde el punto de vista militar es el papel que están jugando los drones ahora mismo en las estrategias de ambos bandos. Pero queda atrás el sistema de comunicaciones ruso – y eso expertos militares lo han contado aquí en directo – porque era muy primitivo. El hecho de que haya 16 generales del Ejército ruso muertos en primera línea es relevante. Además, que iban también para intentar elevar la moral de unos soldados iban engañados.

Sí, es sorprendente. Además, se está hablando ahora de una contraofensiva que esconde tras de sí un cambio de táctica, es decir, lo que no quieren los aliados y todos los países occidentales que están apoyando a Ucrania es que se siga combatiendo un conflicto siguiendo las reglas que ha puesto sobre el tablero Putin.

Estamos hablando de una estrategia antigua, de una estrategia en la que la tecnología apenas tiene ningún tipo de protagonismo. Todo el armamento que está llegando ahora es para un cambio totalmente de estrategia, de movimientos rápidos de tropas, que rompan reglas y que sea una guerra muchísimo más interesada y actual.

Rusia tiene grandes problemas. El primero es que los ucranianos les están destrozando, en primer lugar, con las líneas de comunicaciones y de logística con todo lo que es el sistema HIMARS, que ha marcado un antes y un después en el conflicto. Por otro lado, la falta de formación, porque no tienen soldados formados. En la primera oleada el número de bajas fue salvaje. Y luego la pérdida de armamento, de tanques y de blindados, es decir, va a tardar mucho Rusia en recuperarse. Entonces ahora mismo la gran contraofensiva que se está hablando creo que va a plantear grandes sorpresas sobre el terreno porque buscan cambiar la forma de combatir y dejar atrás la guerra de posiciones como estamos viendo en el Donbás o como se vio durante los primeros meses también en el frente sur, en el frente de Jersón.

¿Estamos pudiendo contar la guerra o estamos lo que nos dejan contar? Del bando ruso, los que conozco que están allí son sus propios medios de comunicación, de Russia Today, para hacer su propia propaganda, pero en el lado ucraniano creo que sí están gestionando la presencia de los medios internacionales que nos habían echado de la última gran guerra que fue en Siria. Los terroristas de Daesh con sus secuestros y asesinatos habían echado a periodistas y fotógrafos internacionales y teníamos que trabajar con los periodistas sirios, que se jugaban la vida para poder informar. Pero ahora hay un despliegue importante de medios de comunicación occidentales sobre el terreno en Ucrania y me cuenta que sí, que están gestionando bien la información, pero controlándola.

A nivel de fotografía, a mi lo que me alegra mucho ver es que los trabajos más en profundidad, que realmente reflejan y explican lo que se está viviendo sobre el terreno, están siendo producidos por fotógrafos ucranianos. Es impresionante el trabajo que están realizando. Al final nosotros somos extranjeros y simplemente unos invitados al territorio.

Es cierto que yo llevo desde 2014 cubriendo el conflicto en Ucrania, pero es un conflicto muy complejo y difícil de entender. Simplemente la primera barrera que tienes es el idioma. Pero sí, que creo que el acceso está siendo único.  Evidentemente con las limitaciones de operaciones los black-out que siempre han existido sobre el terreno. El trabajo está siendo, por decirlo de alguna manera, relativamente fácil dentro de la complejidad en sí misma de cualquier conflicto armado.

Y a la hora de contrastar. Yo también ponía como ejemplo la cobertura que nosotros podíamos hacer en la guerra de Bosnia, donde te llegaba la noticia: “en un pueblo en Bosnia central hay 14 mujeres violadas y asesinadas”. Tenías dos opciones: creértelo y contarlo o otra coger el coche – que es lo que hacíamos – e irte hasta Bosnia central llegar al pueblo y se presentaban, de nuevo, dos opciones. Una, que hubiese sido mentira, con lo cual el viaje no te servía para nada. Dos, que por desgracia el 80% de las veces era verdad, y poder contarlo. ¿Hasta qué punto ahora mismo podemos contrastar las informaciones que nos llegan por parte de los contendientes? Insisto, la información para ellos es un arma más, sobre todo cuando el presidente Zelenski necesita que las opiniones públicas occidentales sigan mostrando el apoyo de los Gobiernos occidentales en el envío de armas y de dinero para respaldar a Ucrania.

Es cierto que es complejo llegar a determinadas zonas. Creo que hay mucha actualidad informativa a día de hoy centrado en Bajmut. A escasos 100 kilómetros, un poco más al norte, hay otra ciudad que se llama Siversk, por llamarla ciudad.

Siversk tiene un contexto muy parecido a Bajmut y no está en la actualidad informativa. Y en Bajmut tienes muchísima actualidad en toda la línea del frente. También está Marinka, que es otro punto en la línea de contacto en frente del Donbás.

Llegar es complejo. Uno de los grandes problemas que tienes es, como también pasaría me imagino en Bosnia, que puedes pasar un check point y también el siguiente, pero estás hablando de unas líneas de frente que son bastante volátiles y te puedes poner en situaciones muy complejas en las que no quieres estar. Es complejo llegar a estas regiones, se llega, tienes libertad una vez que llegas, pero no solamente es eso. Es una guerra en la que la artillería está marcando el tempo del conflicto y no para de caer artillería por todos lados. Aquí no tienes un conflicto tanto de francotiradores, sino más de artillería, muchísimas minas, de tierra quemada. En cualquiera de estos lugares te puedes encontrar un contexto en el que a lo mejor estás en territorio ocupado en vez de en territorio ucraniano sin darte cuenta.

En tu experiencia en 20 años has recorrido todo el mundo. Hablábamos antes del Congo, pero Ucrania ahora está apagando o escondiendo situaciones muy graves. Por ejemplo, llevamos mucho tiempo sin hablar de Venezuela, de Cuba o de Colombia. ¿Debemos guardar huecos también para contar lo que está pasando en esos países?

Yo creo que sí. Al final no podemos olvidar que se habla de Ucrania, pero podemos estar hablando casi de una confrontación como la Guerra Fría en la que el tablero de ajedrez es Ucrania. No me atrevería a llamar la Tercera Guerra Mundial, pero no es que estemos muy lejos de ello y es comprensible que haya copado todo el espectro informativo.

Pero también estamos siendo testigos de las barbaridades que están ocurriendo hoy en Sudán, que han quedado totalmente olvidadas por Ucrania. Podemos hablar del contexto venezolano, del contexto colombiano, de Somalia, que está en estos momentos en una crisis humanitaria apocalíptica, y otras regiones del mundo que han caído un poco en el olvido. También el drama de los refugiados y la inmigración.

Son temas que al final tú también has fotografiado. Recomiendo entrar en alvaroybarra.com y ahí tienen buena parte de esos 20 años de trabajo en distintos lugares del mundo y que ofrecen una reflexión.

Creo que al final el fotógrafo no es lo importante. Lo que es relevante es dejar la constancia de algo que pasa delante de ti y que es parte de la historia. Nosotros somos testigos de lo que presenciamos y no somos importantes. Lo importante es no permitir que nos convirtamos en cómplices de la impunidad.

Creo que en Ucrania se está volviendo a poner en valor la importancia de estar en terreno en un tiempo en el que no vamos a hablar de si son fake news o no; creo que caminamos hacia un mundo en el que nos tenemos que plantear ¿es real o no es real?, porque vivimos en un riesgo en el que la inteligencia artificial puede simular momentos de la historia que no han existido. Y eso es secuestrar el legado para las siguientes generaciones para saber de dónde venimos.

Ucrania está demostrando la importancia de fotografiar, de estar presentes, para que el ser humano o el humanoide podamos dejar para las siguientes generaciones nuestra historia. Imaginemos haber crecido sin la constancia de haber vivido dos guerras mundiales, el genocidio judío o las difierentes revoluciones industriales. caminamos hacia un mundo en el que ya no hablamos de fake news, sino que nos vamos a empezar a plantear qué existió y qué no existió, y eso es un arma muy peligrosa en un mundo cada vez más lleno de autócratas y de populismo.

Creo que Ucrania está demostrando la importancia de estar y de que haya testigos directos ante casos como Bucha, Izium y de las barbaridades que han sido cometidas por las tropas rusas durante la invasión.

Estamos hablando de esa inteligencia artificial en los conflictos, pero en el día a día, en campañas electorales, nos podemos encontrar con noticias más o menos fabricadas. Creo que ahora mismo el compromiso de los profesionales de la información es mucho mayor porque la sociedad necesita tener la mejor información ante posibles engaños, manipulación, propaganda que ha existido toda la vida, pero quizá ahora con las redes sociales tienen una difusión mucho mayor.

Los oyentes habrán oído estas semanas varios reportajes en varios medios sobre un abrazo de Yolanda Díaz con Pablo Iglesias o una foto de Feijoo tomando cañas con Sánchez. Estaban muy bien hechas, y porque estabas en contexto, pero si no te la cuelan. Solamente digo el pensar por un momento lo que eso significa, lo tentador que es construir un relato que quede para las siguientes generaciones de circunstancias que no existieron. Eso es un riesgo real.

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