Gabriel Ben-Tasgal, periodista y politólogo israelí, pasó por los micrófonos de “De Cara al Mundo” para analizar las protestas en Israel tras el aplazamiento de Netanyahu de su reforma judicial

Israel, en el alambre: “El nivel de tensión no es bueno para nadie”

photo_camera REUTERS/NIR ELEIAS - Los israelíes se manifiestan durante el Día de la Resistencia, mientras piden a los EE. UU. que intervengan para impedir que el gobierno de coalición nacionalista de Benjamin Netanyahu siga adelante con su polémica reforma judicial, frente al consulado de los EE. UU. en Tel Aviv, Israel, 16 de marzo de 2023

En la última entrega de “De cara al mundo”, en Onda Madrid, contamos con la participación de Gabriel Ben-Tasgal, periodista y politólogo israelí, quien analizó en una entrevista con Javier Fernández Arribas la situación de división en Israel tras las inéditas protestas contra la reforma judicial del Gobierno de Benjamín Netanyahu. 

¿Es una exageración decir que Israel está o ha estado al borde de una guerra civil por esta reforma judicial del primer ministro Benjamín Netanyahu? 

Sí, es un poco una exageración, pero realmente hay mucha tensión en este momento porque la reforma era muy drástica y el pueblo no está preparado para las ideas que se estaban presentando, por más que existía cierto justificativo a una necesidad de reformar el sistema judicial.

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Pero parecía que uno de los beneficiados podría ser el propio Netanyahu, ¿eso es cierto? 

Relativamente porque el argumento en contra de esa reforma decía que si se seguía el juicio en contra de Netanyahu y se sentenciaba en una manera que no le beneficiaba en un nuevo juicio posible, entonces él podría de alguna manera indirecta influir en el nombramiento de cierto juez, pero la verdad es que es bastante lejano ese tema.  

No era por eso por lo que venía el argumento fundamental de por qué se necesitaba una reforma. Es porque la población en Israel suele votar a los partidos conservadores. Son de partidos de derechas y religiosos, mientras que la Justicia es percibida de manera justa o injusta como representante de los valores universalistas o de izquierda, y ese desfasaje provocó que el Gobierno decidiese que tenga que intervenir de forma indirecta para que haya más representatividad. 

¿La crisis provocada por esta reforma quizá es fruto también de otros graves problemas que sufre la sociedad israelí y que esta reforma ha servido como espita para reformarla? 

Sí, por supuesto, totalmente. Por ejemplo, las decisiones que el Gobierno toma y que el Parlamento no decide y permite que la Justicia intervenga desde el punto de vista político, dañando también la imagen de esta política. Hay un montón de temas que no se ha decidido, no se decide, y ese terreno de nadie es aprovechado de una manera determinada por los jueces. 

¿En las manifestaciones se ha aprovechado también para utilizar el tema palestino? 

Muy poco. El tema palestino no entra dentro de la agenda nacional en estos momentos; es un tema más que nada interno. Ciertas decisiones que el Ejecutivo y el Parlamento han tomado en los últimos años han sido canceladas por una intervención, un activismo judicial excesivo, donde jueces anulan las decisiones del Ejecutivo bajo el argumento de razonabilidad. 

El tema de la razonabilidad es un tema muy subjetivo. En ese momento interviene la ideología del juez al fin y al cabo, porque si no hay ley y tú interpretas lo que consideras que es correcto, ahí es todo muy subjetivo y esa subjetividad es la que ha dañado el prestigio de la justicia.

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Lo que ha hecho el primer ministro ha sido aplazar esta reforma, pero hasta el 30 de abril, ¿volveremos a tener las mismas manifestaciones, el mismo problema y la misma crisis o peor? 

Puede ser. Depende de que el Gobierno y la oposición no logren llegar a un acuerdo para hacer una reforma que sea más aceptada por todos. Lo que ocurre es que lo que hizo el Gobierno fue proponer una cantidad de medidas demasiado extremas para lo que estaba preparado el público, como por ejemplo, darle al Parlamento la posibilidad de anular leyes con una mayoría de 61 diputados. Ese tipo de medidas son muy extremas a vista del público porque es una mayoría simple del Parlamento. Si no se llega a un acuerdo, por ejemplo, de cambiar este número, en vez de 61 sobre 120 que sean 70 o 75, no habrá consenso. Pero depende de lo que ocurra esas semanas, si se van a poder acordar o no acordar. 

Eso o lo que ha planteado el señor Netanyahu, el poder tener un diálogo o una negociación real, ¿será capaz?

Es complicado saberlo. Yo creo que sí porque hay un nivel de tensión en el país que no es bueno para nadie. Todo el mundo entiende que esa situación es anormal, o sea, que el tipo de protestas en un pueblo que está amenazado desde afuera lo que hace es presentarle a fuerzas como Hezbolá o Hamás que hay una debilidad social, y eso puede ser aprovechado. Como este tipo de lujos no puede darse la sociedad israelí, es probable que la presión social logre algún tipo de acuerdo, pero todavía es temprano para saberlo.  

La participación en la polémica del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, diciendo que Israel no puede ir por este camino y la contestación que ha recibido, ¿beneficia o perjudica a Netanyahu? ¿Cómo se valora que el presidente de Estados Unidos haya intervenido en esta cuestión? 

Es algo medio extraño. Por un lado, daña el prestigio de Israel a nivel internacional porque muestra que el aliado más importante que tiene el país ya no es tan aliado. Por otro lado, Netanyahu ha tenido y ha ganado fama por saberse enfrentar a por ejemplo Barack Obama por el tema nuclear iraní. Netanyahu salió al cruce de Obama y dijo que lo que estaba haciendo con Irán era un mal acuerdo, y en este punto específico demostró Netanyahu que tenía más razón que Obama. Netanyahu entendió mejor las intenciones de Irán que el presidente de Estados Unidos, y eso le hizo ganar prestigio interno, como que tiene Israel un primer ministro capaz de enfrentarse a la máxima autoridad de Estados Unidos si lo considera conveniente. 

Pero este enfrentamiento puede jugar de ambas partes, porque puede mostrar a Netanyahu como un líder fuerte y también como un líder que pierde su aliado más importante. 

La Guardia Nacional creada por Ben Gvir también está resultando muy polémica, ¿esto es más leña al fuego? 

Sí, es más leña al fuego porque el Gobierno del Israel actual se ha conformado con partidos de muy derechas en donde el primer ministro Netanyahu es visto como el más izquierdista de su Gobierno. Entonces esto no es bueno para la estabilidad, y si a esto le agregan una medida como una especie de guardia privada, que lo haga justamente una persona que es de extrema derecha como Itamar Ben-Gvir, no ayuda a que la oposición se sienta más respaldada por un Gobierno estable. 

Todo son problemas para el señor Netanyahu. Quizá habría que pensar en que la ley electoral debería cambiarse y buscar fórmulas de entendimiento, de consenso para que Israel pudiera tener una gobernabilidad más sencilla, por decirlo de alguna manera. 

Puede ser que el problema no vaya precisamente por ese camino, sino por el hecho de que Netanyahu está en proceso judicial en su contra y, por lo tanto, los aliados naturales del centro del mapa político lo boicotean y dicen que él no puede ser primer ministro. El problema es realmente que Netanyahu hace muchos años que está en el poder y eso crea un desgaste lógico. Mi opinión personal es que no puede un primer ministro estar tantos años en el poder por más que la ley lo permita. 

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