Desde Irán niegan la venta de drones suicidas, que supondría una violación de la resolución 2231 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas

Piden nuevas sanciones contra Teherán por la venta de armas a Rusia para la guerra de Ucrania

photo_camera PHOTO/FILE - Las tropas rusas han hecho uso de los drones iraníes para atacar zonas del sur de Ucrania, como Mykolaiv u Odesa

A la más que inestable situación que atraviesa Irán se siguen sumando nuevos episodios que agitan la realidad del país presidido por Ebrahim Raisí. Mientras las calles de Teherán se inundan de miles de ciudadanos que protestan día tras día para acabar con la dictadura, desde Europa acusan al régimen de vender armas a Rusia para su uso en la guerra de Ucrania. Y es que Kiev no está sólo. Cuenta con el apoyo de sus socios europeos, cuyos ministros de Asuntos Exteriores se reunirán el lunes para discutir la posible venta de drones suicidas iraníes a Moscú.

Los drones Shahed-136 fabricados por Irán están siendo usados por las tropas rusas para causar estragos en las líneas ucranianas. No hay que ir demasiado atrás en el tiempo para nombrar algún ataque perpetrado con estos. El jueves de esta misma semana, Rusia utilizó tres drones suicidas para atacar la ciudad de Makariv, al oeste de la capital ucraniana. Sin embargo, desde Teherán niegan que se haya producido la venta de los Shahed-136 “para ser utilizados en la guerra de Ucrania”. A lo que el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Hossein Amir-Abdollahian, añadió que “la República Islámica de Irán no ha proporcionado ni proporcionará ningún arma para ser utilizada en la guerra en Ucrania”.

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Los lazos entre Irán y Rusia son innegables, y ninguna de las partes, a pesar de los conflictos en que están sumidos ambos, se niega a reconocer. Amir-Abdollahian explicaba que, aunque tienen “cooperación de defensa con Rusia (…), la política con respecto a la guerra en Ucrania es no enviar armas a las partes en conflicto, detener la guerra y terminar con el desplazamiento de personas”. Estas palabras no convencen del todo ni a Ucrania ni a los países de la Unión Europea, aun cuando el propio ministro iraní mantuvo una conversación telefónica con el Alto Representante de la UE, Josep Borrell, en la que reiteró la posición neutral iraní en la guerra.

No es de extrañar que desde Kiev no quieran creer las palabras de los iraníes. Ya el mes pasado, Ucrania decidió reducir significativamente las relaciones con Teherán por los supuestos envíos de armas a Rusia. Ahora, los indicios que provocaron el distanciamiento del país presidido por Vlodímir Zelenski cogen aún más fuerza. Sin embargo, Irán asegura que la noticia de la venta de armas a los rusos está “impulsada por información sin fundamento proporcionada por la propaganda de los medios extranjeros” y reiteran que “no hemos considerado y no consideramos que la guerra sea el camino correcto ni en Ucrania ni en Afganistán, Siria y Yemen”, según Amir-Abdollahian.

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Uno de los aspectos más importantes de esta posible venta de drones por parte de Irán es que supondría una violación de la resolución 2231 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Esta resolución está vinculada al Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), firmado en 2015 y abandonado de forma unilateral por Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump en 2018. Si bien es cierto que el embargo de armas a Irán expiró hace dos años, la resolución incluye restricciones sobre misiles y tecnologías entre las que se encontrarían estos drones Shahed-136, hasta octubre de 2023.

De confirmarse, la venta de los drones suicidas iría en contra de esta resolución que impide la exportación y compra de sistemas militares avanzados. Esta violación, además, traería consigo nuevas sanciones económicas para el régimen liderado por Ali Jamenei, que, mientras tanto, vive uno de los momentos más complicados desde su llegada al poder a causa de las protestas contra la dictadura. Precisamente estas posibles sanciones componen una de las medidas por las que abogaban varios expertos para debilitar el músculo económico iraní, y ayudar en la medida de lo posible a los manifestantes que luchan en las calles contra la teocracia Ayatolá.
 

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