El presidente ruso desafía a la comunidad internacional desde la castigada ciudad de Mariúpol

Putin visita por primera vez la Ucrania ocupada desde la invasión

KREMLIN/ANNA SADIVNIKOVA - El presidente ruso, Vladímir Putin, en su primera visita a Crimea en dos años

Nunca el presidente ruso estuvo tan cerca de la línea del frente. Vladímir Putin visitó por sorpresa en la madrugada del domingo la ciudad de Mariúpol, escenario de encarnizados combates durante los primeros compases de la invasión rusa de Ucrania. El enclave cayó finalmente en manos del Ejército ruso en mayo tras dos meses de duros enfrentamientos que acabaron con la toma de la planta siderúrgica de Azovstal, donde habían quedado recluidos decenas de soldados y civiles ucranianos convertidos después en prisioneros de guerra.  

El asedio convirtió entonces a Mariúpol en un símbolo imperecedero de la resistencia de Ucrania. Un símbolo que Putin quiere enterrar a toda costa.

Los bombardeos rusos se cobraron la vida de más de 20.000 civiles y dejaron el 90% de la ciudad sepultada bajo los escombros. El ataque contra el Teatro Dramático de Mariúpol, en el que se refugiaban unos 1.200 civiles, cumplió el pasado 16 de marzo su primer aniversario. Aquel “evidente crimen de guerra”, como lo describió Amnistía Internacional, resumió el método que las fuerzas rusas utilizaron para tomar la ciudad. A sangre y fuego. El control de Mariúpol revestía entonces una enorme importancia estratégica.

Contar con este enclave permitía a Rusia ocupar más del 80% de la costa ucraniana del mar Negro y encapsular el óblast de Donetsk. 

Putin llegó a Mariúpol a primera hora del domingo en helicóptero en “una visita de trabajo”, de acuerdo con la versión del Kremlin. Era la primera vez del presidente ruso en la región del Donbás, que concentra en la actualidad el grueso de los combates. Venía de Sebastopol, la capital de la península ucraniana de Crimea anexionada de forma ilegal a la Federación Rusa en 2014.  

Putin hizo coincidir su desplazamiento no anunciado a Crimea con el noveno aniversario del referéndum no reconocido por la comunidad internacional que utilizó para dar una pátina de legitimidad a su ocupación. 

El viceprimer ministro Marat Jusnulin le acompañó en su recorrido por Mariúpol. El presidente ruso condujo por la ciudad en primera línea “sin una escolta completa”, asegura la agencia estatal de noticias RIA Novosti. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, añadió que el viaje a la ciudad portuaria había sido “espontáneo”.

Después de visitar algunos barrios bajo el seguimiento de una cámara de la televisión estatal, Putin se desplazó hasta la ciudad rusa de Rostov del Don para reunirse con altos mandos militares implicados en la denominada “operación militar especial”. 

La hiperactividad del presidente ruso después de haber evitado exponerse durante meses, habiendo llegado incluso a restringir sus encuentros con funcionarios y miembros del Gobierno, y aproximarse a la línea del frente en el Donbás tiene una explicación. Pretende mandar un mensaje de autoridad tras haber recibido una sonada orden de arresto por parte de la Corte Penal Internacional (ICC, por sus siglas en inglés) por su presunta implicación en el secuestro y la deportación de niños ucranianos junto a la funcionaria rusa Maria Lvova-Belova. La decisión del tribunal reforzó su aislamiento y condición de paria internacional. 

El presidente ruso podría ser detenido en los 123 países que hayan ratificado el Estatuto de Roma, el instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional. Rusia, como es evidente, no reconoce la autoridad del organismo. Estados Unidos, por ejemplo, tampoco. 

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