El Rey destaca la grandeza de España y pide entendimiento y unidad

 J.LG.G/lainformacion.com

Pie de foto: El Rey cambió de escenario para un discurso pronunciado con convicción y una gran fuerza gestual

Video del mensaje de Navidad del rey Felipe VI

https://www.youtube.com/watch?v=PtVm83f2vmk  

Una frase resume el discurso: debemos mirar hacia delante, porque en el mundo de hoy nadie espera a quien solo mira hacia atrás. Felipe VI defiende la unidad de España y llama a desterrar los enfrentamientos y los rencores, y sustituir el egoísmo por la generosidad, el pesimismo por la esperanza y el desamparo por la solidaridad.

El Primer gesto lo ha dado el rey Felipe VI eligiendo el lugar desde el que ha pronunciado el discurso de Nochebuena. Nada menos que en el Palacio Real en lugar de la Zarzuela por primera vez en la historia (el Rey se arriesga ahora a que algunos le critiquen que hablar desde el Palacio Real sea un signo contrario a los tiempos, pero estos tiempos no son tan normales y requieren golpes de efecto).

El mismo Rey siente la necesidad de justificar este hecho y abandonar la Zarzuela para dar "más dignidad y solemnidad del acto", y subrayar "la grandeza de España". Dijo mucho el Rey sin tener que decir casi nada. España es el Estado más antiguo de Europa, vino a decir el Rey, para poner en tierra a todos aquellos que quieren inventar Estados y naciones.  Las primeras palabras también fueron un toque de atención a los líderes políticos. El Rey  llama a la voluntad de entendimiento y a la convivencia, imprescindibles tras el 20D en un país que siempre se ha definido por lo contrario: los bandos y el enfrentamiento.

Deja claro el Rey para los que no saben o no quieren saber la historia de España que el Palacio Real es de todos los españoles (no faltarán voces que se acuerden de Franco y Felipe VI se anticipa, "está abierto a todos los ciudadanos").  Y reincide en que este es un país que tiene una historia común que se refleja en nuestra cultura. 

Felipe VI llama a la unidad, pese a las diferentes formas de sentirse español

Felipe VI está más que preocupado por la deriva independentista catalana y por todos los que con el pretexto del derecho a decidir pueden poner en peligro la unidad de España. Una vez abierta la brecha será difícil cerrarla y la descomposición podría ser imparable. Por eso el Rey apela a todos a "reconocer lo que nos une". Algo que hacemos, hay que reconocerlo, muy poco, porque vende más lo que nos separa y porque como bien reflejó Goya en sus cuadros, los españoles nos hemos comportado como cainitas a lo largo de nuestra historia.

"Es necesario poner en valor lo que hemos construido juntos". Con sus errores y aciertos, señala el Rey, que pone así en valor lo realizado en la construcción y de manera colateral el trabajo de su padre.

Pero el Rey deja abierta la puerta a "diferentes formas de sentirse español", que también son parte de nuestra identidad. Un claro mensaje a los millones de catalanes que se sienten catalanes y españoles, y también a aquellos que sienten hoy un hartazgo por lo español que el Rey insta a que sea reconducido respetando sentimientos y lenguas. Felipe VI ha puesto en valor también a aquéllos que a lo largo de los siglos "han dado su vida por España".

El Rey ve a España a un gran Estado que respeta la voluntad democrática y el autogobierno

Contesta al Rey a todos los que dicen que España presenta un déficit democrático importante. No lo ve así el Rey que en su discurso habla de "un gran Estado, que reconoce la diversidad en el autogobierno (otra respuesta a todos los que dicen que España no lo respeta lo suficiente),  y que respeta la voluntad democrática de todos los españoles (de nuevo contesta a todos los que han puesto en duda la calidad de nuestra democracia, mejorable, pero no tan deplorable como a veces se transmite).

El Rey reivindica el orgullo de sentirse español

La exaltación de España del discurso de Felipe VI continúa. "Tenemos -tengo- muchas razones para poder afirmar esta noche que ser y sentirse español, querer, admirar y respetar a España, es un sentimiento profundo, una emoción sincera y un orgullo legítimo".

Los políticos sí están en el punto de mira del Rey tras el 20D. Les exige que miren por el interés general de los españoles y fortalecer la cohesión social, un proyecto común. Destierra así el Rey, como no podía ser de otra forma, cualquier aventura que se salga de ese cauce. El Rey deja claro que "el sincero espíritu de reconciliación y superación de nuestras diferencias históricas. Esta es una lección que nunca debemos olvidar".

La ruptura de la ley de forma unilateral solo provoca decadencia, pobreza y aislamiento

El discurso del Rey, certero, afilado y duro en su contenido, porque duros son los momentos que atraviesa el país, no se olvida de los dirigentes catalanes con Mas a la cabeza que han colocado al Estado en una situación límite. No cita el Rey expresamente, porque eso no es posible, pero sí indirectamente a aquellos que olvidan que "la ruptura de la ley, la imposición de una idea o proyecto de unos sobre la voluntad de los demás, solo conduce al empobrecimiento, la decadencia y el aislamiento".

Serenidad, tranquilidad y confianza en la unidad y continuidad de España

El Rey ha hecho en su discurso una encendida defensa de la Constitución que considera el pilar de nuestra convivencia, la que asegura la defensa y los derechos de todos los ciudadanos y nuestra propia diversidad.

Empleo digno porque no se puede ver el futuro sin ilusión

La economía ha ocupado un importante espacio del discurso. Un término ha sido clave. Empleo digno. No cualquier empleo. Eso es lo que ha señalado Felipe VI que España necesita para que todos veamos el futuro con ilusión. Y en clara sintonía también con algunas sensibilidades de país, apuesta por lo público y lucha contra la desigualdad. Una frase deja clara la opinión de Felipe VI: que nadie se quede en el camino.

El Rey pide a los españoles que dejen de mirar atrás porque el mundo no espera

Felipe VI recrimina a los españoles un vicio que nos persigue. Nuestra obsesión por mirar atrás. Como si fuéramos incapaces de construir el futuro sin ataduras, dogmas o rencores. Ahora lo hemos vuelto a ver con las calles de Madrid, pero es algo común a la política y sociedad españolas. Siempre se mira atrás para justificar los errores o el presente y sus deficiencias. El Rey anima a todos a mirar hacia delante porque hoy nadie espera a quien solo mira atrás.

La corrupción, tocada muy de pasada

No ha querido profundizar el Rey esta vez en el tema de la corrupción, pese a que es una de las grandes preocupaciones de los españoles. Solo una frase toca de pasada el comportamiento que debe exigirse a los representantes políticos: "unas instituciones sensibles con las demandas de rigor, rectitud e integridad".

Felipe VI ha pronunciado un discurso pues, menos afable y más directo que el del año pasado. Más político porque lo que se juega hoy en España es la unidad de España, en riesgo, la estabilidad política, también entre alfileres, y la inseguridad de una Constitución que ha sido el pilar del Estado y que ahora se quiere sustituir sin ideas claras y sin un consenso a la vista.

El reto, trabajar unidos para evitar la ruptura del país y de la sociedad

Por eso el discurso del Rey ha puesto en valor lo logrado y ha dejado claro que cualquier aventura debe ser la de todos, respetando el Estado y la voluntad de la mayoría.

Lo ha resumido en dos mensajes claros, que los representantes españoles deben mirar hacia adelante, que la unidad de España es intocable si queremos tener futuro y que "ya es hora de desterrar los enfrentamientos y los rencores: y sustituir e egoísmo por la generosidad, el pesimismo por la esperanza y el desamparo por la solidaridad en la confianza de que los españoles, pese a mirar siempre al pasado y poco al futuro (esa tara) siempre han vencido a las dificultades.

Es hora de darse la mano y no de darse la espalda, dice Felipe VI, de no dejar a nadie en el camino. Es consciente Felipe VI de que no solo el país sino la sociedad corre el riesgo de dividirse. Y deja claro que es responsabilidad de todos que esto no ocurra. No repetir la historia de nuestros fracasos está en nuestra mano.

DISCURSO ÍNTEGRO DEL REY

Buenas noches,

En esta nochebuena, quiero especialmente desearos junto a la Reina y nuestras hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, unas muy felices fiestas y todo lo mejor para el año nuevo.

Desearía también que la voluntad de entendimiento y el espíritu fraternal, tan propios de estos días, estén siempre muy presentes entre nosotros, en nuestra convivencia.

Esta noche me dirijo a vosotros desde el Palacio Real, donde la Corona celebra actos de Estado en los que queremos expresar, con la mayor dignidad y solemnidad, la grandeza de España.

Este Palacio es de todos los españoles y es un símbolo de nuestra historia que está abierto a todos los ciudadanos que desean conocer y comprender mejor nuestro pasado. En sus techos, en sus paredes, cuadros y tapices, en definitiva, en todo su patrimonio, se recogen siglos y siglos de nuestra historia común.

Y esa historia, sin duda, debemos conocerla y recordarla, porque nos ayuda a entender nuestro presente y orientar nuestro futuro y nos permite también apreciar mejor nuestros aciertos y nuestros errores, porque la historia, además, define y explica nuestra identidad a lo largo del tiempo.

Creo sinceramente que hoy vivimos tiempos en los que es más necesario que nunca reconocernos en todo lo que nos une. Es necesario poner en valor lo que hemos construido juntos a lo largo de los años con muchos y grandes sacrificios, también con generosidad y enorme entrega. Es necesario ensalzar todo lo que somos, lo que nos hace ser y sentirnos españoles. En mi discurso de proclamación manifesté que en la España constitucional caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben las distintas formas de sentirse español, de ser y de sentirse parte de una misma comunidad política y social, de una misma realidad histórica, actual y de futuro, como la que representa nuestra nación.

Una gran nación definida por una cultura que ha traspasado tiempos y fronteras, por las artes y por una literatura universal, enriquecida por nuestra lengua común, junto a las demás lenguas de España, que también explican nuestra identidad.

Un país que a lo largo de los siglos han tejido pensadores, científicos, creadores, y tantos y tantos hombres y mujeres, muchos de los cuales han dado su vida por España.

Y es también un gran Estado, cuya solidez se basa hoy en unos mismos valores constitucionales que compartimos y en unas reglas comunes de convivencia que nos hemos dado y que nos unen, un Estado que reconoce nuestra diversidad en el autogobierno de nuestras nacionalidades y regiones, y que tiene en el respeto a la voluntad democrática de todos los españoles, expresada a través de la Ley, el fundamento de nuestra vida en libertad.

Por todo ello, tenemos –tengo- muchas razones para poder afirmar esta noche que ser y sentirse español, querer, admirar y respetar a España, es un sentimiento profundo, una emoción sincera, y es un orgullo muy legítimo.

Con estas razones, y compartiendo estos sentimientos, haremos honor a nuestra historia, de la que hoy somos protagonistas y cuyo gran legado tenemos la responsabilidad de administrar, y fortaleceremos nuestra cohesión nacional, que es imprescindible para impulsar nuestro progreso político, cívico y moral, para impulsar nuestro proyecto común de convivencia. Porque ahora, lo que nos debe importar a todos, ante todo, es España y el interés general de los españoles.

Tras las elecciones generales celebradas el pasado día 20, y como siempre después de cada renovación del Congreso de los Diputados y el Senado, se inicia el procedimiento establecido en nuestra Constitución para la gobernación de nuestro país.

En un régimen constitucional y democrático de Monarquía Parlamentaria como el nuestro, las Cortes Generales, como depositarias de la soberanía nacional, son las titulares del poder de decisión sobre las cuestiones que conciernen y afectan al conjunto de los españoles: son la sede donde, tras el debate y el diálogo entre las fuerzas políticas, se deben abordar y decidir los asuntos esenciales de la vida nacional

La pluralidad política, expresada en las urnas, aporta sin duda sensibilidades, visiones y perspectivas diferentes, y conlleva una forma de ejercer la política basada en el diálogo, la concertación y el compromiso, con la finalidad de tomar las mejores decisiones que resuelvan los problemas de los ciudadanos.

España inicia una nueva legislatura que requiere todos los esfuerzos, todas las energías, todas las voluntades de nuestras instituciones democráticas, para asegurar y consolidar lo conseguido a lo largo de las últimas décadas y adecuar nuestro progreso político a la realidad de la sociedad española de hoy. Unas instituciones dinámicas que caminen siempre al mismo paso del pueblo español al que sirven y representan, y que sean sensibles con las demandas de rigor, rectitud e integridad que exigen los ciudadanos para la vida pública.

La España actual es muy distinta de la España de los siglos que nos preceden gracias a una auténtica y generosa voluntad de entendimiento de todos los españoles, a un sincero espíritu de reconciliación y superación de nuestras diferencias históricas y a un compromiso de las fuerzas políticas y sociales con el servicio a todo un pueblo, a los intereses generales de la Nación, que deben estar siempre por encima de todo. Esta es la gran lección de nuestra historia más reciente que nunca debemos olvidar.

Como tampoco debemos olvidar que la ruptura de la Ley, la imposición de una idea o de un proyecto de unos sobre la voluntad de los demás españoles, solo nos ha conducido en nuestra historia a la decadencia, al empobrecimiento y al aislamiento. Ese es un error de nuestro pasado que no debemos volver a cometer.

Nuestro camino es ya, de manera irrenunciable, el del entendimiento, la convivencia y la concordia en democracia y libertad. Por ello, respetar nuestro orden constitucional esdefender la convivencia democrática aprobada por todo el pueblo español, es defender los derechos y libertades de todos los ciudadanos y es también defender nuestra diversidad cultural y territorial.

Por eso, esta noche quiero reiterar un mensaje de serenidad, de tranquilidad y confianza en la unidad y continuidad de España, un mensaje de seguridad en la primacía y defensa de nuestra Constitución.

Y me gustaría también transmitir un mensaje de esperanza en que la reflexión serena, el contraste sincero y leal de las opiniones, y el respeto tanto a la realidad de nuestra historia, como a la íntima comunidad de afectos e intereses entre todos los españoles, alimenten la vigencia de nuestro mejor espíritu constitucional.

Por otro lado, la mejora de la economía es una prioridad para todos. Creo que todas las instituciones tenemos un deber con los ciudadanos, las familias y especialmente los más jóvenes, para que puedan recuperar lo que nunca se debe perder: la tranquilidad y la estabilidad con las que afrontar el futuro y la ilusión por un proyecto de vida hacia el mañana. Todos deseamos un crecimiento económico sostenido. Un crecimiento que permita seguir creando empleo —y empleo digno—, que fortalezca los servicios públicos esenciales, como la sanidad y la educación, y que permita reducir las desigualdades, acentuadas por la dureza de la crisis económica.

Europa es, sin duda, otra de nuestras grandes realidades, pero también con grandes desafíos en su seno. Todos hemos sentido la indignación y el horror ante los atentados que han costado la vida a compatriotas nuestros, ante los terribles crímenes de París y de otros lugares del mundo, que son auténticos ataques a nuestro modelo de convivencia y a los más elementales valores humanos. Y todos nos hemos conmovido ante el drama de los refugiados que llegan a nuestras fronteras huyendo de la guerra, o el de los migrantes angustiados y acosados por la pobreza.

Ante estos desafíos, y otros muchos como el de la lucha contra el cambio climático, es necesario que la voz de España se haga oír en la Unión Europea y en las instituciones internacionales en todo aquello que afecta a nuestras convicciones y a nuestros intereses vitales. Porque el mundo de hoy exige naciones fuertes, responsables, unidas, solidarias y leales a sus compromisos con sus socios y aliados y con el conjunto de la comunidad internacional.

Finalmente, no quiero despedirme esta noche sin deciros, con total convicción, que a los españoles de hoy nos corresponde seguir escribiendo la historia de nuestro tiempo y que vamos a hacerlo como ya hemos demostrado que sabemos: Contando con todos: hombres y mujeres, jóvenes y mayores, nacidos aquí o venidos de fuera, empujando todos a la vez, sin que nadie se quede en el camino.

Debemos mirar hacia adelante, porque en el mundo de hoy nadie espera a quien solo mira hacia atrás. Debemos desterrar los enfrentamientos y los rencores, y sustituir el egoísmo por la generosidad, el pesimismo por la esperanza, el desamparo por la solidaridad.

Tengamos fe y creamos en nuestro país. España tiene una resistencia a la adversidad, una capacidad de superación y una fuerza interior mucho mayor de lo que a veces pensamos. La fortaleza de España está en nosotros mismos, está en nuestro coraje, en nuestro carácter y en nuestro talento. Está también, por qué no decirlo, en nuestra forma de vivir y de entender la vida.

Los españoles nunca nos hemos rendido ante las dificultades, que han sido grandes, y siempre las hemos vencido.

Y sabemos, además, que tenemos que seguir caminando con la voluntad de entendimiento y con el espíritu de unión a los que me refería al principio. Con diálogo y con compromiso, con sentido del deber y con responsabilidad, sintiendo y viviendo, cada día, cada uno de nosotros, ese compromiso ético que hace grande a un pueblo, uniendo nuestros corazones, porque hace décadas el pueblo español decidió, de una vez por todas y para siempre, darse la mano y no la espalda. Hagámoslo con toda la fuerza y la confianza de quienes estamos orgullosos —con razón— de lo que hemos conseguido juntos y, sobre todo, de lo que juntos vamos a conseguir.

Con esa emoción, con esa confianza en nuestro futuro — en ese futuro de España en el que creo— os deseo a todos una muy Feliz Navidad, Eguberri on, Bon Nadal, Boas Festas y un próspero año 2016.

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