Turquía decide no presionar a Irán
Irán se encuentra en un momento convulso con Occidente por culpa de la imposición de sanciones europeas en cuanto al programa nuclear iraní. Turquía, por su parte, prefiere apoyar y negociar diplomáticamente con Teherán.
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, insistió en medidas basadas en la conversación y aseguró que Ankara apoya las negociaciones del acuerdo nuclear entre Irán y Occidente que llevan estancadas desde 2018.
Según Al Arab, lo que une a ambos países es el rechazo a la presión unilateral occidental. Ankara está profundizando su posición en las relaciones y alianzas euroasiáticas a través de la Organización de Cooperación de Shanghái, en la que Teherán figura como miembro clave.
Lo que buscan es la preservación de sus esferas de influencia por las constantes presiones, a través de esas alianzas que van formando.
Ninguno está de acuerdo con el mecanismo “snapback” que Europa quiere devolver, un mecanismo que fue fundamental para la aprobación del acuerdo nuclear JCPOA, pues permitió a Estados Unidos levantar las sanciones internacionales sin perder la oportunidad de volver a implementarlas unilateralmente. Irán amenazó con cesar todas las conversaciones y Ankara lo criticó diciendo que no aportaba ningún beneficio.
En la reciente Cumbre de Shanghái, el presidente turco y el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, discutieron temas que trascienden el nuclear, como la creciente influencia israelí en Oriente Medio o el colapso del régimen de Bashar Al-Assad en Siria. Es decir, asuntos sobre seguridad regional y cooperación.
Según el informe de L’Ifri “Turquía 2050: trayectoria económica, inmigración, Turquía-Irán”, existe una rivalidad basada en las diferencias de práctica religiosa (chiíes y suníes) y la competición por el control de regiones en países como Irak.
Y, como refirió también Otralectura, se encuentran en una guerra proxy, es decir, “un enfrentamiento indirecto entre dos potencias que apoyan a diferentes facciones en conflictos locales, sin enfrentarse directamente”.
En los casos de Siria, Yemen, Libia o el Cáucaso; Ankara apoyó a un bando, mientras que Teherán apoyó al contrario como señales de su constante lucha por la “hegemonía regional”.
También hay tensiones por la escalada de la ofensiva israelí hacia Irán o por los ataques estadounidenses a los yacimientos de uranio. Esto ha causado que muchos escapen hacia Turquía, aumentando así, el riesgo de que se infiltren combatientes kurdos dentro del país otomano. Además, supone un riesgo energético para Ankara.
Pero en el informe se añadió que, a pesar de las tensiones, las dos naciones están unidas en temas como el energético: “Turquía importa una parte importante de su gas natural de Irán (16 % en 2024); por lo tanto, su seguridad energética depende de la estabilidad de este vecino”.
“Han incrementado su comercio, alcanzando los 5.680 millones de dólares en 2024, y Ankara pretende aumentar este volumen a 30.000 millones de dólares a medio plazo diversificando los cruces fronterizos y la cooperación aduanera”, explicó el informe.
Las palabras de apoyo entre Erdogan y Pezeshkian vienen de un deseo de mantener el equilibrio de la región y, evitar así cualquier tipo de escalada del escenario convulso que se está viviendo actualmente.

