Las sanciones impuestas por algunos países a Moscú no solamente dañan la economía rusa, sino que tienen también duras repercusiones en toda Europa

Ucrania: ni guerra relámpago, ni paz duradera

photo_camera AFP PHOTO /Ukrainian President press-service - Militares ucranianos depositando flores en la campana conmemorativa, situada en el territorio del Ministerio de Defensa en Kiev

The world is neither tranquil nor stable.
XI JINPING, marzo de 20221
 

Este documento es copia del original que ha sido publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos en el siguiente enlace

La prolongación de la guerra en Ucrania está teniendo graves consecuencias para todos los actores implicados. Las sanciones impuestas por algunos países a Moscú no solamente dañan la economía rusa, sino que tienen también duras repercusiones en toda Europa. La cohesión occidental está sometida a tensiones derivadas de las diferentes perspectivas a uno y otro lado del Atlántico. Y los alineamientos de la comunidad internacional ante la invasión rusa de Ucrania vienen fuertemente condicionados por los intereses de cada país en relación con su seguridad energética.

Fracasada la blitzkrieg rusa en Ucrania, la salida negociada del conflicto parece lejana. Las posturas de partida en torno a una hipotética mesa de negociación son irreconciliables. Todo apunta a un conflicto enquistado de larga duración: una guerra híbrida que descarta, indefinidamente, la paz duradera en la Europa del siglo XXI.

La que debería haber sido una campaña corta, que alcanzara sus objetivos en pocos días y lograra el derrocamiento del Gobierno de Zelenski, se ha convertido con el paso de los meses en una guerra híbrida, con todos los elementos de este tipo de confrontación: militar, económico, diplomático, desinformación e intensa actividad en el ciberespacio. La guerra relámpago no ha sido tal, y una solución definitiva, que satisfaga a los contendientes, no se vislumbra en un plazo de tiempo razonable. Y cuanto más dure la guerra, peores serán sus consecuencias y más difícil será encontrar una salida.

En estos meses transcurridos desde que el pasado 24 de febrero las tropas rusas invadieran Ucrania, hemos escuchado en innumerables ocasiones que nos encontramos ante un nuevo orden internacional. Es indudable que las consecuencias de esta guerra serán de un calado inimaginable antes de esa fecha; lo iremos viendo, sin duda alguna, de ahora en adelante. Pero ya en nuestro anterior Documento de Análisis, «Guerra en Ucrania, un puñetazo sobre el tablero internacional»2, apuntábamos que, siendo esto verdad, este nuevo capítulo del conflicto entre Rusia y Ucrania surge en un panorama internacional ya fuertemente tensionado, donde la guerra no hace sino añadir un renovado impulso a la conflictividad preexistente. Por no remontarnos más en el tiempo, recordemos cómo la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, aprobada en 2017, relegaba a un segundo plano la amenaza del terrorismo transnacional, hasta entonces primera prioridad, y la sustituía por la competición entre las grandes potencias, la great power competition.

Los últimos años de la década de 2010 vinieron marcados por el intercambio de sanciones y aranceles entre los Estados Unidos y China —a los que no fuimos ajenos el resto de países—, por vetos tecnológicos cruzados entre los dos grandes y por tensiones geopolíticas en todo el globo, especialmente preocupantes en los mares interiores de China. La pandemia de la COVID-19, las tendencias desglobalizadoras reflejadas en las cadenas de valor o la retirada caótica de Afganistán son solo ejemplos de ese perfecto caldo de cultivo en el que la guerra de Ucrania viene a añadir más, mucha más leña al fuego.


Los alineamientos internacionales

Tras el «America first!» de Trump, el «America’s back!» de su sucesor devolvía, en primera instancia, cierta tranquilidad a la comunidad internacional, especialmente a los países más próximos al liderazgo norteamericano: una confianza que pronto se vio truncada por la decisión unilateral del nuevo presidente de retirar sus tropas de Afganistán y por la forma de ejecutar esa retirada. No obstante, consciente de que los Estados Unidos, a pesar de ser la gran potencia occidental, necesitan a sus aliados y amigos, Biden trata de consolidar esa sintonía en una suerte de club privilegiado de las democracias del mundo3, una iniciativa que no ha dejado de suscitar dudas razonables sobre, por ejemplo, quién decide y en base a qué criterios si un determinado país es una democracia o no.

picture 1-ieee


La invasión rusa de Ucrania ha puesto a prueba la solidez de ese liderazgo más allá del tradicional núcleo duro de las democracias occidentales. Pocos días después de la agresión, el 2 de marzo, la Asamblea General de las Naciones Unidas la condenaba con una amplísima mayoría de 141 votos a favor, con solo 5 votos en contra, pero con la significativa abstención de China. Semanas después, el 7 de abril, ese mismo foro decretaba la expulsión de Rusia del Consejo de Derechos Humanos con el apoyo de 93 países; una mayoría todavía muy considerable, pero ya claramente menor que la anterior de condena, y con la oposición, esta vez, de Pekín. Poco después, el 26 de abril, en el fragor de los más duros combates sobre suelo ucraniano, el secretario de Defensa norteamericano, Lloyd Austin, convocó en la base militar estadounidense de Ramstein, Alemania, a los países contrarios a la invasión para establecer el Grupo Consultivo para la Seguridad de Ucrania (Ukraine Security Consultative Group) con el objeto de coordinar todos los apoyos al país invadido en su lucha contra las fuerzas rusas. A la llamada de Austin acudieron apenas unos cuarenta países, pocos más de los que forman parte de la OTAN, la Unión Europea y las democracias del Pacífico4. De ellos, apenas una veintena están decididamente implicados en el suministro de armamento y equipo militar de combate.

El resto de la comunidad internacional navega en una calculada ambigüedad. Sin apoyar ni justificar la invasión, mantiene abiertos los canales de relación comercial con Moscú, que a su vez busca recolocar los excedentes de hidrocarburos que antes vendía a su principal cliente, Europa. Por su parte, China aprovecha las circunstancias para surtirse de gas ruso a precio de amigo, pero evita al mismo tiempo un apoyo militar directo al esfuerzo bélico de Moscú. La India, un actor global que no puede quedar al margen del conflicto, mantiene también sus tradicionales buenas relaciones con Rusia, especialmente en lo relativo a la adquisición de armamento y al suministro energético, pero ha comenzado ya a diversificar sus importaciones para reducir esta dependencia5 al mismo tiempo que refuerza su papel en las iniciativas de seguridad lideradas por los Estados Unidos en el Indo-Pacífico6, como es el caso del marco de diálogo cuadrilateral para la seguridad en esa región, QUAD, que incluye además a Japón y a Australia.


Parte de guerra

Es evidente que las peores consecuencias de esta guerra, en el corto y en el largo plazo, las pagará Ucrania de una manera dramática: un país amputado territorialmente ya desde que Rusia se anexionó la península de Crimea en 2014, con sus infraestructuras arrasadas, su población diezmada por los combates y por la emigración forzada y con su economía destruida. La concesión a Ucrania de la condición de país candidato a la adhesión a la UE apenas supone una pizca de esperanza en tan desolador panorama7. La agresión de Moscú, paradójicamente, ha contribuido sobremanera a consolidar aquello que tanto se empeñaba en negar: el concepto de Ucrania como nación. Pero ha sucedido a costa de destruir los puentes emocionales entre dos pueblos que compartían lazos históricos, culturales, lingüísticos y religiosos.

En los cálculos que llevaron a Putin a considerar que la invasión de Ucrania sería un éxito rápido y no demasiado costoso en términos militares figuraba, posiblemente, el precedente de la timorata reacción occidental a las agresiones en Crimea y el Donbás de 2014. Y también, cómo no, la dependencia europea de los hidrocarburos rusos; dependencia que no solo no disminuyó a raíz de esos acontecimientos de hace ocho años, sino que se incrementó a lo largo de este período. La construcción del gasoducto Nord Stream 2 es el ejemplo más palpable de lo poco dispuesta que estaba Alemania a disminuir esa vulnerabilidad. Pero, para sorpresa de propios y extraños, en 2022 la Unión Europea reaccionó de manera rápida y decidida. El objetivo de cortar las importaciones de gas y petróleo rusos, aun con todas las dificultades derivadas de las posturas divergentes de los países miembros, obliga a Rusia a buscar mercados alternativos. También la importación de los componentes tecnológicos desde países occidentales supondrá una rémora para la industria rusa, incluida la espacial y la militar. No obstante, los ingresos en las arcas de Moscú siguen siendo enormes: dada el alza de los precios de la energía en los mercados internacionales, las sanciones no han hecho colapsar su economía y, definitivamente, Putin no está aislado del resto del mundo8.

picture 2-ieee

Europa figura también en cabeza de la lista de perjudicados por esta guerra en el corazón del continente. El conflicto tendrá consecuencias inevitables de carácter social (millones de inmigrantes) y económico (ralentización del crecimiento e inflación), así como acarreará fuertes tensiones para la cohesión en el mantenimiento de la presión sobre Rusia. Esta cohesión se debilitará a medida que la guerra se prolongue, como también se resentirá el apoyo de las opiniones públicas, que se están ya acostumbrando a las imágenes impactantes que en las primeras semanas provocaron una increíble ola de solidaridad con el pueblo ucraniano. Las dificultades para alcanzar la imprescindible unanimidad en la adopción de las decisiones en Bruselas han revivido el viejo debate sobre la necesidad de modificar algunos aspectos de la gobernanza de los 27. Voces muy significadas en las capitales europeas llaman incluso a la refundación de Europa, algo tan necesario como inviable en estos momentos9.

Ha sido la OTAN, aquejada de desorientación estratégica en los últimos años y herida en su prestigio tras la caótica retirada de Afganistán, la que inesperadamente se ha visto más beneficiada por los acontecimientos. La cumbre celebrada en Madrid, a finales de junio, ha sido pródiga en acuerdos y mensajes de calado. Los aliados han cerrado filas, el nuevo Concepto Estratégico de Madrid recupera la seguridad colectiva como piedra angular indiscutible, la razón de ser de la Alianza. Alemania ha dado un giro radical a su postura previa en temas de defensa; Suecia y Finlandia se encaminan al ingreso; Dinamarca abandona su absentismo en la Política Común de Seguridad y Defensa de la UE. Parece que esta vez sí, el compromiso de incrementar los gastos militares va en serio. Este refuerzo de la seguridad y defensa en Europa, efecto nada deseado por Moscú, supone para Rusia tener que gestionar una frontera común con la OTAN que se duplicará en el momento en el que se consume la ampliación nórdica. Tendrá que incrementar su gasto militar para reforzar las nuevas regiones fronterizas con un creciente despliegue, la creación de unidades, la construcción de bases y otras infraestructuras, la realización de ejercicios de gran entidad y el incremento de su arsenal10.

Por poner una pega en este panorama de entendimiento y unanimidad trasatlántica, está por ver si la llamada de los países del Este para contener la agresividad rusa no volverá a relegar a un segundo plano, una vez más, la imperiosa necesidad de contener también esa misma presencia rusa en África, y más concretamente en el Magreb y en el Sahel, escenarios en los que el deterioro de la situación de seguridad es alarmante. La mención expresa al Sahel en el nuevo Concepto Estratégico es un buen paso en esta dirección que no debería quedar solo en buenas intenciones11.

China observa con mucho interés lo que está sucediendo en el Viejo Continente. Mientras Norteamérica permanezca «enganchada» en Europa, la República Popular seguirá ampliando su influencia entre los medianos y pequeños países del Pacífico12. Si bien su sintonía con Rusia es evidente, la prolongación indefinida de la guerra y las pésimas consecuencias de la misma no pueden ser del agrado de una potencia comercial global, que tiene además en Europa a su más preciado cliente. Con la vista puesta en la rivalidad con los Estados Unidos en su entorno inmediato, extraerá valiosas lecciones del desarrollo de los acontecimientos en Ucrania y de las reacciones en Occidente, pero consciente de que este país y Taiwán son casos radicalmente diferentes. Norteamérica, a su vez, ha de buscar formas de contener a Pekín en el Pacífico mediante el incremento de la cooperación con los países asiáticos —no solo con los de siempre (Japón, Corea del Sur o Australia)— a través de acuerdos mutuamente ventajosos en materia de seguridad, pero también en lo económico y en lo comercial. Con esta intención, el presidente Biden realizó el pasado mes de mayo una gira por los países del Pacífico, una gira en la que el primer mandatario estadounidense insistió, de manera más contundente de lo habitual, en la determinación de Washington de defender el actual estatus de la isla Fermosa en caso de una invasión de la República Popular13. Este exceso de entusiasmo hubo de ser posteriormente matizado desde la Administración norteamericana.

Bueno, y llegados a este punto… ¿qué?

La primera prioridad de la comunidad internacional debe ser poner punto final a los combates. Cada vez son más numerosas las voces que se alzan en este sentido, pero también es cierto que otras muy poderosas abogan por continuar la guerra hasta la total derrota de Rusia14, apuesta especialmente peligrosa por ser este país la primera potencia nuclear del mundo. La mesa de negociación se ve lejana, pues ambos bandos parten de posiciones irreconciliables: Ucrania reclama su innegable derecho a la integridad territorial y a su soberanía y Rusia, una vez iniciada la guerra, no puede aceptar una derrota. Desde este lado de la trinchera, el europeo, el debate se plantea entre dos posicionamientos difíciles de conciliar: por un lado, el de quienes sugieren taparse la nariz y buscar un (mal) acuerdo, en el que Ucrania pagaría el precio de la mutilación de su soberanía y su territorio para que Putin pudiera cantar victoria15, aunque fuese pírrica; por el otro, el de quienes alertan del riesgo de repetir el error de 1938 en aquel Pacto de Múnich, en el que el premier Chamberlain optó por el apaciguamiento ante Hitler, con los resultados de todos conocidos. Para estos últimos, la única opción aceptable pasa por la completa derrota de las fuerzas rusas16picture 3-ieee

La urgencia de los acontecimientos en Ucrania no nos debe llevar a ignorar la situación en otros escenarios. Que el árbol de Ucrania no nos impida ver la totalidad del bosque global. El multilateralismo está siendo cuestionado por potencias que no comparten las normas y las reglas en las que se basa el orden internacional hasta ahora vigente. Como hemos visto, Occidente está lejos de suscitar adhesiones generalizadas e inquebrantables. La guerra de Ucrania pone de manifiesto cómo la gobernanza global se resiente: las Naciones Unidas están paralizadas por el veto de quien, precisamente, ha violado salvajemente la legalidad internacional; el G-7 ya no volverá a ser el G-8 integrador que invitaba a Rusia a sumarse al club de los más grandes; el G-20 difícilmente podrá alcanzar consensos entre China y Rusia, de una parte, y las potencias democráticas por otra; los más necesarios que nunca acuerdos de control de armamento y de medidas de confianza son, en estas circunstancias, una quimera; volver a algún tipo de acuerdo con Irán sobre su carrera nuclear tampoco será sencillo…La globalización es víctima de sus excesos, de las crisis económicas de los últimos quince años, de una pandemia que paralizó el mundo y hasta de un accidente en la navegación a través del canal de Suez que interrumpió el tráfico marítimo por esta ruta durante apenas una semana. La reconsideración de las cadenas de valor nos está llevando a un modelo de globalización más pausada —«slowbalisation» la denominó The Economist—, más regionalizada —al acortar y diversificar dichas cadenas de valor— y más proteccionista —recordemos la guerra de aranceles durante la presidencia de Trump—. La citada publicación volvía sobre este asunto en su número de este mes de junio: Reinventing globalisation17. En un mundo en todo caso globalizado y fuertemente interconectado es muy preocupante imaginar una partición en dos bloques, en torno a los Estados Unidos y China respectivamente, con sistemas comerciales estancos, sin comunicación entre sí y en un decidido rumbo de colisión geopolítica. 

Por último, cuando callen las armas habrá que establecer una nueva arquitectura de seguridad en Europa a partir de los cambios derivados de la revitalización de la OTAN y de su nuevo Concepto Estratégico. Que incorpore además las iniciativas de la Unión Europea contenidas en la recientemente aprobada Brújula Estratégica. Que incluya un sincero y decidido enfoque 360º, el sur también existe18. Lamentablemente frente a Rusia, aunque sería deseable todo lo contrario. Algo imposible con esta Rusia agresiva, amenazadora y destructora, pero imprescindible con otra Rusia fiable y respetuosa de la legalidad internacional. No habrá estabilidad ni paz duradera en el continente hasta que la integración de Rusia en el diseño de la seguridad de Europa no forme parte de la ecuación. Pero esto no va a ocurrir mañana.


Francisco José Dacoba Cerviño*
General de Brigada ET Director del IEEE @fran_dacoba

Bibliografía

1 Afirmación hecha por el presidente Xi en videoconferencia con el presidente Biden, el 18 de marzo de 2022 (HUAXIA [ed.]. «Xi stresses joint China-U.S. efforts for world peace, tranquility», Xinhua. Disponible en: https://english.news.cn/20220318/b32e7ff2f8f744e7a4d41c2d4bf6ec2a/c.html).

2 DACOBA CERVIÑO, Francisco José. «Guerra en Ucrania, un puñetazo sobre el tablero internacional» (Documento
de    Análisis,    26).    IEEE,    2022.    Disponible    en: https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2022/DIEEEA26_2022_FRANDAC_Ucrania.pdf        y https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2022/DIEEEA26_2022_FRANDAC_Ucrania_ENG.pdf (versión en inglés).

3 BIDEN, Joseph R. «The Summit for Democracy». U.S. Department of State, febrero de 2021. Disponible en: https://www.state.gov/summit-for-democracy/

4 HERSZENHORN, David M. y BAYER, Lili. «US rallies global allies to help Ukraine repel Russia», Politico. 26 de abril de 2022. Disponible en: https://www.politico.eu/article/ukraine-war-russia-united-states-defense-consultative-group/

5 TOI EDIT. «Defence independence: India has to reduce Russian imports, but dependency on the West no solution either», The Times of India. 8 de marzo de 2022. Disponible en: https://timesofindia.indiatimes.com/blogs/toi-
editorials/defence-independence-india-has-to-reduce-russian-imports-but-dependency-on-the-west-no-solution-either/

6 TIMESOFINDIA.COM. «PM Modi arrives in Japan to attend Quad summit», The Times of India. 23 de mayo de 2022. Disponible    en:
http://timesofindia.indiatimes.com/articleshow/91730806.cms?utm_source=contentofinterest&utm_medium=text&utm
_campaign=cppst

7 CONSEJO EUROPEO. «El Consejo Europeo concede a Ucrania la condición de país candidato a la adhesión a la UE». 23-24 de junio de 2022. Disponible en: https://www.consilium.europa.eu/es/policies/eu-response-ukraine- invasion/

8 BRICS SUMMIT. «Vladimir Putin took part in the 14th BRICS Summit, held via videoconference and chaired by China». 23 de junio de 2022. Disponible en: http://en.kremlin.ru/events/president/news/68696

9 BERRETTA, Emmanuel. «Macron appelle à une Convention de révision des traités européens», Le Point. 9 de mayo de 2022. Disponible en: https://www.lepoint.fr/politique/emmanuel-berretta/macron-appelle-a-une-convention-de- revision-des-traites-europeens-09-05-2022-2474839_1897.php

10 ALJAZEERA. «Russia’s defence chief says 12 military units and divisions in the western region will be launched in response to the Finnish and Swedish bids to join the alliance». 20 de mayo de 2022. Disponible en: https://www.aljazeera.com/news/2022/5/20/russia-vows-countermeasures-to-finland-sweden-bid-to-join-nato

11 «We will work with partners to tackle shared security threats and challenges in regions of strategic interest to the Alliance, including the Middle East and North Africa and the Sahel regions» (OTAN. Strategic Concept 2022. 29 de junio de 2022. Disponible en: https://www.nato.int/nato_static_fl2014/assets/pdf/2022/6/pdf/290622-strategic- concept.pdf).

12 MCCARTHY, Simone. «China and Cambodia break ground at naval base in show of “iron-clad” relations». CNN, 10 de junio de 2022. Disponible en: https://edition.cnn.com/2022/06/09/asia/china-cambodia-naval-base-military-intl- hnk/index.html#:~:text=The%20denials%20came%20after%20The,province%2C%20Cambodia%2C%20in%202019

13 FRANCE 24. «Joe Biden en su gira en Asia: EE. UU. defenderá a Taiwán si China intenta una invasión». 23 de mayo de 2022. Disponible en: https://www.france24.com/es/asia-pac%C3%ADfico/20220523-biden-taiwan-china- acuerdo-comercial-indopacifico

14 APPLEBAUM, Anne. «Offering the Russian president a face-saving compromise will only enable future aggression», The Atlantic. 23 de mayo de 2022. Disponible en: https://www.theatlantic.com/ideas/archive/2022/05/why-ukraine- must-defeat-putin-russia/629940/

15 DW. «Macron: paz en Ucrania no se logra con humillación de Rusia». 9 de mayo de 2022. Disponible en: https://www.dw.com/es/macron-paz-en-ucrania-no-se-logra-con-humillaci%C3%B3n-de-rusia/a-61738315

16 BLANK, Stephen. «The utter necessity of a Russian defeat», The Hill. 20 de mayo de 2022. Disponible en: https://thehill.com/opinion/national-security/3495945-the-utter-necessity-of-a-russian-defeat/

17    «Reinventing    globalization»,    The    Economist.    18    de    junio    de    2022.    Disponible    en: https://www.economist.com/weeklyedition/2022-06-18

18 DACOBA CERVIÑO, Francisco José. «Nuevo Concepto Estratégico OTAN: el Sur también existe», Tribuna Norteamericana,    n.o    36.    Instituto    Franklin,    noviembre    de    2021.    Disponible    en:
https://institutofranklin.net/sites/default/files/revistas/%5B2022-01/tn36-dacoba.pdf
 

Más en Política
Josua Harris usa argelia
En vísperas de las elecciones presidenciales de noviembre, el presidente Joe Biden no tiene intención de abandonar la Casa Blanca sin haber dejado su impronta sobre el papel de los Estados Unidos de América en la resolución del largo conflicto entre Argelia y Marruecos

Joe Biden nombra al "Sr. Sáhara" embajador en Argel