Opinión

La concepción integral de la estrategia rusa

REUTERS/DADO RUVIC - Banderas de Estados Unidos y China
photo_camera REUTERS/DADO RUVIC - Banderas de Estados Unidos y China

En el ámbito de la competición estratégica Estados Unidos-China, la guerra de Ucrania ha sido el catalizador de las sinergias geopolíticas que afectan directamente a Europa. Se predica que el foco estratégico ha terminado su emigración a Europa Central desde la mitad occidental, relegando, aparentemente, a Alemania y a Francia. Por su parte, el golpe de Estado militar en Níger es probable que sea el heraldo de la cronificación de una zona de alta inestabilidad en el norte de África-Sahel, que afectaría directa y primariamente a Europa. 

En la reciente Cumbre de la OTAN en Vilna, no quedó establecida una estrategia explícita contra Rusia, pero se ha aportado una versión de futuro de la Alianza más global, muy diferente de la clásica de la Guerra Fría, que debe ser puesta a prueba en el nuevo escenario global. En relación con la Europa meridional, su “área” primigenia, y sus “accesos”, siguen siendo zonas de gran inestabilidad que soportan, desde hace años, desplazamientos de población, a través del Mediterráneo, el archipiélago canario y Grecia. Del tono del comunicado final se deduce, una vez más, la imperiosa necesidad de la implicación estadounidense en la defensa de Europa.  

En relación con Ucrania, en los últimos días, el desarrollo de las operaciones militares es recogido en la “prensa amiga” con un tono pesimista, tras abandonar el habitual “paltering”, a Kiev.  

La “cronificación” de la inestabilidad en la zona norte de África-Sahel es probable que se incentive y desarrolle desde Moscú, como un esfuerzo secundario de apoyo a la acción rusa en Ucrania. Puede afirmarse que los acontecimientos en curso constituyen una maniobra estratégica de Rusia para redirigir el conflicto, específicamente de Ucrania a la región de África occidental. Esta región es considerada como uno de los reductos franceses más cruciales, mantenido firmemente durante numerosas décadas. Si bien no es inusual que las naciones de África occidental experimenten golpes de Estado, los recientes en Mali, Burkina Faso, y el golpe en curso en Níger exhiben una característica compartida en la alineación de los nuevos regímenes con Rusia. Esto se pone en evidencia en las protestas en curso en estas naciones, donde la bandera rusa se exhibe en las manifestaciones populares.  

La acción de Wagner lleva años desarrollándose en la zona, no encontrando “resistencia” por parte de la antigua “potencia colonizadora”: Francia, que abandonó la zona. Una potencia que no logra encontrar su lugar en el contexto internacional, predica la “autonomía estratégica” para Europa, pero oscila y modifica la postura según las circunstancias. En esta situación, Francia, Italia, España y Turquía cobran un potencial protagonismo en el Mediterráneo, espacio marítimo que fue testigo en 2021 de incidentes navales entre turcos, por un lado, y franceses y griegos, por otro. 

Francia ha tenido vocación de Señor del Desierto, en la presente reforzada por la necesidad de uranio, pero otra intervención militar en la zona es problemática. Una opción sería tomar el conflicto del Sahel como la oportunidad para dar sentido a la Defensa Europea. En ese caso, “Libia 2011”, con sus carencias operativas, debe estar presente como referencia para la toma de decisiones y no caer en los mismos errores. Una posible presencia de Turquía y el Reino Unido desvirtuaría la naturaleza europea, ya que no es asumible que Ankara ocultase sus impulsos “neotomanos”, ni que Londres dejase de ser el embajador atlántico. Con este panorama, queda la alternativa de configurar y establecer el Frente Sur de la OTAN, lo que implicaría la actuación de los Estados Unidos.  

También es relevante la situación en el Magreb con la postura de Argelia, su probable alineamiento con Rusia y el potencial conflicto con Marruecos motivado en la disputa sobre la soberanía del Sáhara. Hay que tener presente la sustancial ayuda militar al reino alauí, desarrollada en los últimos años, de Washington, desde donde se contempla la colaboración de Rabat con Jerusalén con agrado. Esta situación afecta a España.    

En la situación descrita en el norte de África-Sahel, las potencias occidentales esperan poco de Madrid. España da continuas muestras de “pivote estratégico”, al mostrar continuamente su debilidad estatal, que en el ámbito exterior se convierte en “abulia estratégica”, solo hay que recordar la retirada de las tropas españolas de Irak en pleno combate, en abril de 2004, o su nulo protagonismo en la situación geopolítica presente. En los últimos años no ha existido una verdadera política exterior española, motivo de amplios vaivenes de pura incompetencia.  

En esta situación tampoco puede obviarse la inestabilidad política en Francia, con problemas muy serio de convivencia ciudadana entre diferentes grupos producto de la inmigración y de las previsiones económicas. Los disturbios del mes pasado dejan constancia de ello.  

Aunque pueda parecer exagerado concebir que Rusia está habilitando otro frente en su conflicto con Occidente, la situación en Níger presenta una lógica convincente. Los esfuerzos estratégicos de Rusia en África se extienden más allá del mero objetivo de apoyar el actual conflicto en Ucrania. Su objetivo estratégico seria asegurar el acceso a valiosos recursos naturales y aumentar la influencia geopolítica. El despliegue del Grupo Wagner como representante moscovita en Níger representa el refuerzo de la amenaza para la estabilidad y la seguridad de la región, que constituye su presencia desde hace años en toda la región del Sahel.  

Independientemente de los motivos a corto plazo del despliegue del Grupo Wagner en apoyo a los rebeldes de Níger, la ventaja a largo plazo para Rusia sería la presencia plena y activa de una fuerza militar delegada en Níger, lo que permitiría a Rusia mantener una presencia casi total en África occidental y oriental y desafiando así los intereses estratégicos de Occidente en África.