La impetuosa conducta del presidente Erdogan en sus aventuras exteriores desvía la atención sobre el hecho de que el crecimiento será solo del 0,3% en 2019, según BBVA Research

Nubarrones en el horizonte para la economía turca

photo_camera PHOTO/CEM OKSUZ/OFICINA DE PRENSA PRESIDENCIAL DE TURQUIA - El presidente de Turquía, Tayyip Erdogan, acompañado por el ministro de Defensa Hulusi Akar, asiste a una ceremonia en la Academia Militar Turca en Ankara

La locomotora turca empieza a griparse. El país que en 2017 había logrado un crecimiento del 7% y que ha cosechado los elogios del mercado internacional, se frenó en seco en 2018 por una caída del 30% del valor de la lira. Este desplome ha sido consecuencia de los aranceles y las sanciones que Estados Unidos ha impuesto al país. Tampoco han ayudado las dudas de los inversores sobre la independencia del banco central por las presiones del presidente Tayyip Erdogan para reducir los costes de los préstamos, según informa la agencia Reuters. Aunque la economía del país ha salido de la recesión tras crecer un 1,3% en el último trimestre, según los datos que maneja BBVA Research, los analistas del servicio de estudios de este banco apuntan a que el crecimiento en 2019 será solo del 0,3%. Todo apunta a que la osada línea de actuación tanto en política doméstica como exterior de Erdogan y su Administración busca de alguna forma desviar la atención sobre una circunstancia económica preocupante. 

Las previsiones que el FMI publicó en septiembre también indican que el crecimiento del país estará cerca del 0,25% y avisa de que los estímulos al crecimiento que el Gobierno ha puesto en marcha podrían tener consecuencias negativas en el futuro. Pero el organismo internacional advierte que el déficit fiscal se está incrementando y el país no dispone de mecanismos suficientes para frenarlo.

La pérdida de valor de la moneda nacional ha hecho que los precios de consumo se disparen hasta un 25%, la mayor inflación en 15 años. “Todo se ha encarecido. Yo he notado al ir a la compra que no podía adquirir todo lo que necesitaba. La carne roja es lo más caro, poca gente puede permitírsela”, explica Seda Dönder, desempleada turca de 27 años. “Con 50 liras no puedes comprar ni un kilo de carne”, denuncia Cumhur Erol, médico de 40 años. 

Como consecuencia de la acción militar desplegada por el presidente Erdogan en Siria, la lira se convirtió en la peor divisa del mundo en octubre, según recogía Reuters. Los datos sobre el desempleo tampoco son halagüeños, ha crecido cinco puntos desde el año pasado y ahora se sitúa en un 14%. “En los últimos dos años no he conseguido encontrar trabajo a pesar de que soy universitaria”, se lamenta Dönder, que estudió en la escuela de radio y televisión. La tasa de desempleo juvenil, que incluye a personas de entre 15 y 24 años de edad ronda el 20%, según la autoridad de estadísticas del país. 

El Gobierno ha intentado luchar contra el alza del coste de los productos con una reducción del IVA a muchos artículos de consumo. También se congelaron las facturas del gas y de la luz. Además, el ejecutivo ha subido los tipos de interés y ha lanzado un Nuevo Programa Económico. “Este plan ha conseguido equilibrar la economía. El ejecutivo se ha marcado seguir una política fiscal prudente”, según indica un documento del servicio de estudios de BBVA. El Gobierno también ha reforzado a los bancos del Estado, a los que ha inyectado un total de 4.400 millones de euros, ha anunciado una reforma fiscal y ha reducido el impuesto de sociedades

A pesar de que las exportaciones han aumentado, la industria se sigue enfrentando a un problema estructural: las empresas tienen que importar para producir lo que luego exportarán y, además, las compañías tienen dificultades para acceder a las divisas para financiarlo, por lo que se tienen que endeudar. Por ello, los banqueros esperan que haya un aumento de los créditos impagados. La caída de la demanda y el incremento del paro es probable que también lleven a un aumento de la morosidad. 

Liras turcas

 

Los esfuerzos del Gobierno no han surtido efecto, la debilidad de la lira ha llevado a muchas compañías que se endeudaron en la época de bonanza a la bancarrota. “En esta crisis económica han quebrado muchos negocios”, explica Cumhur Erol. Además, la pérdida de valor de la lira ha afectado a las empresas porque ha encarecido las importaciones y los precios de producción. También tienen dificultades para devolver los préstamos adquiridos en otras divisas en época de bonanza. 

Nuevas amenazas

La ofensiva emprendida por Erdogan contra los kurdos en Siria también puede suponer una amenaza para su economía. El presidente de Estados Unidos amenazó a Turquía con represalias y advirtió a Erdogan de que sería capaz de “destruir la economía el país si Turquía se pasaba de la raya” cuando comenzó la incursión a principios de mes. Aunque la semana pasada el presidente Donald Trump reculó y retiró la amenaza de seguir con las sanciones a Turquía.

El banco central del país reaccionó inmediatamente y rebajó de nuevo los tipos de interés desde un 16,5% hasta un 14%, según informa la edición en inglés de Aljazeera. Se trata del tercer recorte en el precio del dinero desde julio para reactivar la economía para que empresas y familias empiecen a gastar más. Pero un banquero citado por la agencia Reuters que no quiere revelar su identidad apunta a que la inestabilidad geopolítica derivada de la incursión turca en Siria puede ser más peligrosa para la economía del país que las sanciones económicas

Para aplacar estos temores, el Departamento del Tesoro de Turquía explicó en un comunicado que no preveían que la incursión militar de Siria tuviera un efecto negativo prologado en la economía nacional. Esta tiene, según el citado organismo, una estructura robusta que le permitirá aguantar a pesar de las turbulencias geopolíticas. El tiempo y, quizá, las nuevas aventuras de Erdogan dictarán sentencia. 

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