Opinión

Regeneración y transformación de España

Muy a menudo se invoca la supuesta falta de una sociedad civil articulada y dinámica en España, para justificar con ello tanto la deriva autoritaria del poder ejecutivo como la falta de respuesta al generalizado deterioro de las instituciones. Para rebatir al menos este último argumento, Sociedad Civil Ahora celebró en Madrid su III Congreso Nacional, en el que casi un centenar de expertos y medio millar de asistentes debatieron sobre las causas de que España se esté descolgando paulatinamente del grupo más avanzado de la Unión Europea, y de las posibles acciones para su regeneración.

Bajo la batuta de su presidente, Aldo Olcese, y de la directora de este Congreso, Silvia Iranzo, los diferentes paneles vieron desfilar a numerosos empresarios, catedráticos, investigadores, diplomáticos, economistas e intelectuales, que expusieron sus diagnósticos y trazaron posibles líneas de actuación para esa hipotética nueva regeneración de la que parece estar necesitada España.

Como observador del acontecimiento hay no pocas sentencias y constataciones que me han llamado poderosamente la atención. Por ejemplo, la referencia a una afirmación que ya señalara en su día el nunca suficientemente bien ensalzado Ramón Menéndez Pidal: “En España, que históricamente ha sido el país más igualitario de Europa, nunca hubo élites sino personas poderosas”. Es evidente que no es lo mismo: las élites proyectan su saber y su impulso de anticipación sobre la sociedad a la que pertenecen, sin temor alguno a la represalia o la cancelación. Esa falta de élites, en efecto, crea un abismo con países con los que creemos competir en condiciones incluso de sobrepasarlos, como alardeó en su día el que fuera presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero.

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La falta de élites facilita, pues, la emergencia de “personas poderosas”, que lo son en función del puesto que coyunturalmente desempeñan, con la consiguiente capacidad tanto para propiciar el avance y desarrollo de grandes proyectos como, por el contrario, para multiplicar el nepotismo y la sustitución del mérito y el talento de los que de ellos dependen por la sumisión y la dependencia. Este fenómeno empobrecedor alcanza sus mayores cotas en la política, donde los teóricos representantes del pueblo se deben cada vez menos a éste y más al líder o hacedor de listas que los nombra y les proporciona por tanto un medio de vida, a menudo muy por encima de lo que hubieran conseguido en la dura competencia del sector privado.

Una temible arma de destrucción masiva

Particularmente demoledores fueron los análisis de la situación de las empresas y empresarios españoles, “sometidos implacablemente a ese arma de destrucción masiva que es el BOE”, según, Jesús Cacho. Para el fundador y director de Vozpópuli, “hay una evidente pulsión testicular en la relación autoritaria del poder con los empresarios: “No hay coj… para que una empresa española (Ferrovial) cambie su sede social”, aún cumpliendo todas sus obligaciones legales y tributarias. Cacho recordó que esa pulsión testicular ya la esgrimió en su día el presidente del Grupo Prisa, Jesús Polanco, cuando afirmó que “no había coj… en España para negarle una emisora de televisión”.

La intervención sistemática del poder en la vida de las personas y de las empresas ha ido copando cada vez más espacios, hasta el punto de hacer creerse a ese poder cada vez más impune, autoritario e irresponsable, al tiempo que los intervenidos y gobernados empequeñecían sus acciones o buscaban caminos alternativos para poner su espíritu emprendedor en territorios menos hostiles. En el fragor del debate salió a relucir el dato de que el presidente de Ferrovial, Rafael del Pino, tenía su cuenta de whatsapp llena a rebosar de mensajes de apoyo, muchos de ellos de enorme contundencia, aunque ninguno de sus ilustres remitentes haya salido a la palestra a repetirlos en público.

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Los muchos panelistas que intervinieron en las mesas de debate relativas al papel de España en Europa coincidieron en resaltar tanto el retroceso general experimentado por la propia Unión Europea en el mundo como el de la propia España dentro de la UE. Pero, también hubo casi total unanimidad en que España puede salir de la irrelevancia, para lo cual la primera condición es que opere como máquina tractora en las iniciativas y sectores en los que podría y debería ser líder, desde las energías renovables a las industrias agroalimentarias y turísticas. Pero, también haciéndose acreedora del respeto de los demás socios por el cumplimiento de sus obligaciones. Una deuda y déficit público desbocados no son la mejor tarjeta de presentación para ello, máxime cuando el análisis de capítulos como el de las pensiones presenta grandísimas dudas sobre su sostenibilidad.

Europa, África, América, mucho que hacer para contribuir a su prosperidad, que equivale a decir que también a la nuestra, tal es el grado de interdependencia actual. Ello solo será posible con entornos favorables al establecimiento y permanencia de empresas españolas, de cuya seguridad jurídica ha de ocuparse un Gobierno volcado en esa acción exterior.

Mención especial mereció también el periodismo, cuyos medios sobreviven gracias a la publicidad institucional que los poderes públicos manejan cada vez más como un coto privado, y a la ayuda que de diversas formas proporciona el tejido empresarial. “Qué pasaría -se preguntaba un director mediático- si un buen día se pusieran de acuerdo 3 ó 4 directivos del Ibex 35 para cortarnos el grifo”. A lo que él mismo se respondía: “No tendríamos más remedio que echar el cierre”. Probablemente, porque a diferencia de los países anglosajones, en España ni ha habido élites ni tampoco verdaderos editores de medios de comunicación.

Pese a tanto diagnóstico bien informado (una de las definiciones del pesimismo), la Sociedad Civil Ahora cree que hay motivos para creer en la regeneración y consiguiente relanzamiento de España. La primera cita para ello, las elecciones municipales y autonómicas del 28 de mayo.