La disputa por la comercialización de agua potable podría poner en peligro ‘la perla de Asia’

Eloísa Cózar Navarrete

Pie de foto: La aldea siberiana de Listvyanka, a orilla del lago Baikal cubierto de hielo en la región de Irkutsk, Rusia, el 13 de marzo de 2019. REUTERS/VASILY FEDOSENKO

La guerra por el agua no es una lucha lejana. Dentro de un escenario global en el que la seguridad, la paz y el pleno acceso a recursos naturales y energéticos están intrínsecamente relacionados, es cada vez mayor el porcentaje de población mundial que no dispone de libre acceso al agua potable. Una problemática que no solo se expandirá en las próximas décadas, sino que también puede desencadenar nuevas crisis humanitarias, sociales y económicas. Aún más de las ya existentes. 

Sería de suponer que, dentro del contexto mundial actual, en el que los avances tecnológicos, los esfuerzos por la defensa de un activismo eficaz y los discursos por lograr el impulso de los países menos favorecidos están a la orden del día, hablar de una gestión adecuada del agua potable debería ser una garantía plenamente universal. Sin embargo, la escasez de agua se ha posicionado como uno de los desencadenantes principales de conflictos y tensiones regionales a nivel internacional, revelándose como uno de los motores de inestabilidad principales del siglo XXI.

El acceso al agua potable ha sido, históricamente, una de las fuentes de conflicto más evidente: el aumento de la demanda de un bien que es irremediablemente, finito. A ello se le suma que el pleno desarrollo, tanto económico como social, de una región no puede entenderse sin el completo acceso al agua potable. Una confluencia de factores que conducen a que la variabilidad de la disposición de agua potable en el mundo sea significativa y determinante a la hora de medir la pobreza, la prosperidad y el nivel de conflictividad de un país. ¿Es el agua un bien de lujo?

El agua potable, el nuevo oro líquido

Hablando de cifras, según el último informe mundial de las Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hídricos: ‘no dejar nadie atrás’, publicado en marzo de 2019, tres de cada diez personas en todo el mundo no tenían acceso a una fuente segura de agua potable en el año 2015. La mayor brecha se encuentra, como cabe esperar, entre países o continentes ricos y pobres. De acuerdo con el estudio, en África alrededor de la mitad de la población tiene acceso al agua desde fuentes no protegidas, siendo en África subsahariana donde las cifras son más alarmantes: solo el 24% de la población tiene acceso a agua potable y el 28% a instalaciones de saneamiento básico. 

Pie de foto: MAPA FÍSICO Y ECONÓMICO DE LA ESCASEZ DE AGUA. FUENTE/CAWMA

Además, de los 844 millones de personas que actualmente carecen de servicios básicos de agua potable, 263 millones, es decir, alrededor de un 4% de la población mundial, pasaban más de 30 minutos en viajes de ida y vuelta para recolectar agua de una fuente mejorada con condiciones de saneamiento aceptables, mientras que 159 millones recolectan agua potable directamente de fuentes de agua superficial. Esto afecta especialmente a mujeres y niñas, colectivo que más se dedica a esta práctica, en detrimento de otras actividades dedicadas a su educación, por ejemplo. La brecha entre zonas rurales y ciudades también resulta muy abultada. 

Igualmente alarmante es la situación de los centros médicos en el mundo. Uno de cada cuatro carece de servicios básicos de agua, lo que afecta a 2000 millones de personas, de acuerdo con un estudio emprendido por Naciones Unidas, a través de la Organización Mundial de la Salud y UNICEF.

Para ampliar: ‘1 de cada 4 centros de atención médica en el mundo carece de servicios básicos de agua’

A nivel adquisitivo, las diferencias entre países o regiones ricas y pobres son disparatadas. Según el informe publicado por la organización internacional WaterAid: ‘El agua: ¿A qué precio?’, sobre el estado mundial del agua del año 2016, para una persona que vive en un país en vías de desarrollo, el acceso a un suministro de agua diario de alrededor de 50 litros puede suponer una enorme porción de un salario ya de por si precario. Por ejemplo, en zonas de Papúa Nueva Guinea, obtener 50 litros de agua potable supone cerca de un 54% de un salario de nivel bajo, mientras que en Reino Unido este porcentaje desciende a un 0,1% del salario mínimo interprofesional del país. 

Unas cifras que sitúan el agua potable a la cabeza de recursos más codiciados en la actualidad. Sin desmerecer el protagonismo del petróleo, los bienes hídricos podrían haberse convertido en el nuevo oro líquido.

Sumado a la falta de acceso al agua potable de casi 2000 millones de personas, la Organización de las Naciones Unidas ha estimado que para el año 2050 la demanda de agua subirá un 44%, presagiando además que alrededor de 300 zonas en el mundo entrarán en conflicto por la escasez de agua para el año 2025. Esta subida del uso de agua para fines industriales, principalmente, ha llamado la atención de numerosos actores globales. 

Pie de foto: GRÁFICO DEL PRECIO DEL AGUA EN: NUEVA GUINEA,MADAGASCAR,GHANA,MOZAMBIQUE Y EL REINO UNIDO.

FUENTE/WATERAID.

El lago Baikal en botella

La disputa por lograr tener un hueco en la guerra del agua está haciendo mover ficha a las potencias de primer orden, como son China o Rusia. Ambas han aumentado en los últimos años su presencia en países en vías de desarrollo, llegando a desembolsar sumas millonarias para poner en marcha grandes infraestructuras y proyectos industriales colosales. 

Y uno de estos puntos de especial interés es el lago Baikal. Situado en plena estepa siberiana, es considerado uno de los más antiguos del planeta. Con más de 600 kilómetros de largo, casi 80 de ancho y una profundidad de 1.600 metros, contiene alrededor del 20% del total del agua dulce del mundo. Un gran tajo cristalino con un volumen de agua equivalente al del Mar Báltico, en el que viven más de 2.000 especies diferentes de seres vivos. Calificado como ‘la perla de Asia’, ha sido incluso declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 

Aunque es desde hace varios años cuando se comenzó a especular acerca de la posibilidad de llevar a cabo proyectos a gran escala para exportar agua del lago Baikal, ha sido la iniciativa de la empresaOOO Aquasib la que más repercusión ha causado, ya que China posee un 99% del capital de dicha empresa e importaría la producción de la planta embotelladora construida a orillas del lago. 

Pie de foto: . Ecologistas y autoridades locales han promocionado previamente el embotellamiento del agua del lago más grande del mundo como una forma "verde" de aprovechar los recursos naturales de Siberia.

El proyecto chino radica en la construcción de una embotelladora, que estaba prevista que comenzara a funcionar a finales de año y con plena capacidad de producción para el año 2021, cuando se preveía que empezara a fabricar 500.000 litros al día de agua embotellada. La planta fue inicialmente bienvenida por el pueblo ruso en el que se iba a construir, Irkutsk, en 2017, llegando incluso a darle alta prioridad al proyecto. Sin embargo, el apoyo de las autoridades locales ha ido disminuyendo, en gran medida por verse incumplidas las promesas de empleo que OOO Aquasib hizo a la población de Irkutsk.

Pese a este inicial soporte, los ecologistas y las autoridades de la región han comenzado una serie de protestas ante lo que consideran que es una “invasión china” a una joya natural que los rusos califican de “sagrada”. Al respaldo de una compañía china al proyecto se le une al miedo ruso de perder una herencia nacional que ha sido históricamente protegida. De hecho, las protestas para paralizar la construcción de la planta han llevado a masivas protestas en el pueblo de Irkutsk, la última de ellas el 5 de marzo. Según medios nacionales, el gobernador de la región de Irkutsk Serguéi Levchenkoponía en duda el correcto funcionamiento de la fábrica por las infracciones ya cometidas, opinando que: “el proceso es insalvable. No veo perspectivas al embotellamiento de agua en ese lugar”.

Además de las reclamaciones meramente locales con respecto a la paralización de la exportación del agua del Baikal a China, el pasado 12 de marzo el primer ministro ruso Dmitri Medvédev ordenó inspeccionar la trayectoria de la construcción de la fábrica embotelladora por razones meramente medioambientales. Resulta inevitable afirmas que las aspiraciones económicamente expansionistas, tanto de Rusia como de China, han provocado que el lago Baikal sufra desde hace años las consecuencias de la instalación de fábricas cerca de sus límites. De hecho, ya en el año 2013 Putin mandó cerrar la planta de celulosa Baikalski por los contaminantes vertidos que depositó en el lago durante casi medio siglo y hace apenas dos años, anunció la limpieza del lago y una inversión de 5,5 millones de dólares en proyectos ecológicos, científicos y de conservación de especies en peligro de extinción. 

Pie de foto: Colectores de agua construidos sobre el hielo del lago Baikal en el pueblo de Kultuk, un proyecto financiado por China para embotellar agua del lago Baikal de Rusia AFP/VADIM DANILOV.

Mientras que las autoridades nacionales chinas y rusas están a la espera de una decisión definitiva por parte del sistema judicial sobre la continuidad de la construcción de la planta, la cual será tomada a principios de mayo, un tribunal de Irkutsk ya ha declarado como ilegal la extracción de agua embotellada del lago Baikal. Una sentencia que no ha sentado nada bien a la población china que vive a apenas unos kilómetros de la frontera. 

Al margen de los planes de ambas potencias sobre el futuro de la extracción “verde” del agua del lago ante la inminente ‘guerra’ por la escasez de agua potable, el lago Baikal sigue recibiendo cada año miles de turistas. Los informes internacionales siguen apuntando hacia un detrimento de las condiciones medioambientales del lugar, al tiempo que China resiente una inversión que no tiene visos de progresar en el corto plazo. Mientras tanto, se puede seguir encontrando agua embotellada del lago Baikal en portales web, para ser adquirida desde cualquier parte del mundo, fijando el origen de éstas en el pueblo ruso de Irkutsk. A la luz de la continuidad de la comercialización de este producto, cabe plantearse si con esta decisión se busca únicamente la exclusión de China en el mercado de las plantas embotelladoras, o realmente preocupa a las autoridades locales la protección medioambiental de la zona.

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