Decenas de manifestantes opositores al castrismo se concentran en la capital de España desde el estallido social en Cuba

Cuban diaspora

PHOTO - Manifestante pide ayuda humanitaria para Cuba

Cuba atraviesa, quizá, las jornadas más determinantes de los últimos 62 años. Desde el triunfo de la revolución, el país caribeño no había vivido una oleada de movilizaciones similar a la que estalló el pasado lunes en San Antonio de los Baños, cuando una parte del pueblo cubano decidió tomar las calles en señal de protesta contra el Gobierno de Miguel Díaz-Canel. Las marchas pronto se propagaron por varios puntos de la isla bajo las consignas de “pan y libertad”, y el castrismo reprimió con dureza a los críticos. Hasta el momento se cifra en 187 las personas detenidas o desaparecidas, según la ONG Prisioners Defenders; y en uno el número de fallecidos, según la versión oficial.

En el otro lado del Atlántico, a más de 7.400 km de La Habana, una inestimable parte de la diáspora cubana ha decidido levantar la voz ante lo que consideran una persecución atroz contra el pueblo. A lo largo de esta semana, la estatua del oso y el madroño se ha vestido con la bandera de Cuba y el resto de la Puerta del Sol se ha teñido de rojo, blanco y azul, los colores característicos del país caribeño, en apoyo a la delicada situación que se vive en la isla ante la carestía de productos básicos, alimentos y medicinas. 

Protesta cubana en Madrid

Desde el martes, centenares de exiliados cubanos han desplegado una batería de concentraciones en Madrid que se espera continúen en los próximos días. Hay manifestantes que prácticamente no han abandonado las calles desde entonces, y muchos siguen integrando la punta de lanza de las protestas. Los cuarteles generales de la disidencia se han establecido frente a la Embajada cubana, ubicada en el Paseo de La Habana, y a escasos metros del Kilómetro Cero, donde cada tarde pueden oírse los gritos y las consignas.

El jueves, los ánimos se mantenían inestables tras una semana con los nervios a flor de piel. “Llevo varios días sin dormir”, reconocía uno de los manifestantes. La tensión crece por momentos ante la brutal represión puesta en marcha por el castrismo. El propio Díaz-Canel solicitó a los partidarios de la revolución a recuperar el pulso de la calles y acallar a los “contrarrevolucionarios”. Sin embargo, horas después cambió el registro y expuso un tono bastante más conciliador: “Hago un llamado a la solidaridad y a no dejar que el odio se apropie del alma cubana, que es un alma de bondad, cariño y amor”, trasladó.

Por su parte, la fuerza de las protestas en Madrid ha ido disminuyendo a medida que el goteo informativo cruzaba el charco. Lo que al comienzo insuflaba inéditas esperanzas a los opositores en el exilio, hoy es motivo de honda incertidumbre. Las últimas informaciones que se exportan de Cuba recogen que las concentraciones multitudinarias han perdido intensidad. Por el momento existe una especie de calma tensa que abarca toda la isla. “Que un volcán no esté inactivo, no quiere decir que por dentro no esté hirviendo de lava”, avisa el periodista disidente cubano, Mario Leclere, desde la Puerta del Sol. 

Leclere, conocedor de las prácticas informativas del castrismo, reconoce que es complicado saber lo que está ocurriendo en el país. “Van a tratar de contener toda esa rabia adentro de las casas, y eso puede explotar en cualquier momento. O simplemente nos están engañando y la gente sigue explotando… o de verdad se ha creado esa calma, algo que no creo”. “Hay que comprobar bien la información y las fuentes”, sostiene ante el creciente aumento de fake news que copan las redes sociales. 

Protesta cubana en Madrid

Los hechos que han trascendido, eso sí, son palmarios. El 11 de julio se produjo un estallido social en la localidad de San Antonio de los Baños, a hora y media de la capital, que se propagó con celeridad por toda la isla. Un sector de la sociedad cubana pretendía protestar pacíficamente por el maltrecho estado de la economía, la escasez de víveres, la endeble respuesta a la COVID-19 y las duras restricciones a la libertad de expresión. Sin embargo, las protestas fueron fuertemente reprimidas hasta el punto de que el Ministerio del Interior cubano informó del fallecimiento de Diubis Tejeda, un ciudadano de 36 años, tras los encontronazos con las autoridades en un barrio de La Habana.

“Ya estamos viendo que va a haber derramamiento de sangre. Cinco días atrás decía sin derramamiento, ahora tan solo pido que no haya mucho”, expuso el periodista. En este sentido, Leclere avisa que “si el Gobierno dice que ha habido un muerto, yo le echo 10”. Con relación al número de detenidos, el periodista denuncia que muchos de ellos están siendo secuestrados: “Si llega una persona por detrás y no se identifica, y te lleva consigo, eso no es una detención. Eso es un secuestro”. Entre ellos se contaba la corresponsal del diario ABC, Camila Acosta, excarcelada este viernes y puesta bajo arresto domiciliario.

Fuera de la isla, las concentraciones se han reproducido en numerosas capitales del mundo. Madrid ha sido testigo de las más sentidas, ya que España constituye el segundo destino principal de la diáspora cubana por detrás de Estados Unidos. Cerca de 170.000 personas residentes en territorio español proceden del país caribeño, y hasta 11.500 lo hacen en la Comunidad de Madrid. Una comunidad que, a diferencia del Gobierno de la nación, sí ha mostrado públicamente su apoyo a las protestas.

Tanto es así que la enseña cubana iluminó por dos noches consecutivas la fachada de la Real Casa de Correos, sede de la presidencia madrileña ocupada por Isabel Díaz-Ayuso. La dirigente popular expresó su apoyo a la oposición del castrismo: “Madrid es el Kilómetro Cero de la Libertad y la casa de los cubanos valientes que estos días se levantan contra quienes llevan seis décadas robándoles la vida, la democracia y los derechos más básicos”. “Hoy más que nunca: comunismo o Libertad”, sentenció.

Protesta cubana en Madrid

“La libertad se conseguirá si seguimos luchando”, exhortaba a sus compatriotas uno de los organizadores que, horas antes, había mantenido una reunión con la cúpula del Partido Popular. Las consignas lanzadas por los exiliados parecían calar en el ánimo de algunos transeúntes; otros, sin embargo, pasaban de largo. Sin ni siquiera detenerse. Algunos, incluso, han aprovechado para hacer negocio. El capitalismo sin perspectiva, que diría Fidel, encontró una rendija para introducirse en la concentración: “¡Bandera de Cuba, señoras y señores! ¡Tengo banderas de Cuba! ¿Una bandera, caballero?”, voceaba un ávido vendedor que acabó haciendo ‘sold out’..

Lenny X, artista cubano que abandonó el país hace dos décadas, reconoce haber sentido vergüenza de sí mismo por haber guardado silencio durante tanto tiempo, todo, según él, por temor a las represalias contra su familia. “Llevo 20 años como una rata, escondido aquí por miedo, pero ya me cansé”, asegura. Él, casado con una italiana, pudo abandonar el país, sin embargo, “todo el que habla no puede volver”. Y él ya ha hablado.

“Ahora me miro en el espejo y me siento orgulloso de mí. Soy un hombre libre por primera vez en mi vida "

“He decidido salir del clóset político”, reconoce. Las gafas de sol no ocultan su rostro compungido, ni la mascarilla disimula su voz trémula. “Ya no más, hermano. Me he liberado. Me miraba en el espejo y sentía vergüenza de mí, sabes. Me decía: «Eres una rata». Y una vez que salí, dije: «No más». Ahora me miro en el espejo y me siento orgulloso de mí. Soy un hombre libre por primera vez en mi vida”.

Las concentraciones vienen produciéndose sin sobresaltos. Un tipo se atrevió a cruzar ataviado con una gorrilla al estilo comunista, color caqui y con la estrella roja de cinco puntas en la frente, una temeridad que a punto estuvo de pasarle factura si no llega a ser por dos agentes de la Policía Nacional. En todo caso, el movimiento apenas ha contado con la presencia de españoles. De los pocos que se han significado expresamente en el conflicto cubano, algunos lo han hecho del lado del Gobierno de Díaz-Canel. Y es que, mientras los disidentes protestaban enfrente de la Embajada de Cuba, contados miembros del Partido Comunista de España se encontraban en el interior del recinto reivindicando el papel del castrismo en el país caribeño.

Protesta cubana en Madrid
Motivos del estallido

Desde el 5 de agosto de 1994, fecha en que se produjo el denominado ‘Maleconazo’, no se ha visto nada parecido en Cuba. El estallido social responde a un cúmulo de circunstancias, un goteo que ha colmado el vaso y la paciencia de parte de la sociedad cubana. El balance es cada vez más negativo tras más de seis décadas bajo el régimen castrista. El desabastecimiento en las tiendas, la pobreza extrema, el establecimiento del partido único y la carencia de libertad de expresión son algunos de los motivos. “Si algo tiene nuestra revolución, es que no se ha revolucionado”, sentencia Leclere. Todo sigue igual, hasta los vehículos.

El castrismo se ha mantenido sin la presencia de Fidel, pero aún con Raúl y con un sucesor designado por la familia gobernante y perteneciente al núcleo duro del régimen, Miguel Díaz-Canel, que carece del carisma del impulsor de la revolución. “Fidel era más inteligente y podía engañar al pueblo. Este no lo supo hacer, nunca estuvo preparado para dirigir el país”, señala Fran, 44, exiliado político residente en España desde hace dos años.

“Ya no gritamos patria o muerte, sino patria y vida”, reza la canción escrita por un grupo de artistas disidentes. El lema ha sido parte las concentraciones porque refleja cómo el gremio ha sido capaz de aglutinar el sentir de una parte del pueblo cubano. De hecho, el grupo de artistas denominado Movimiento San Isidro fue en diciembre de 2020 el precursor de las protestas con el inicio de una huelga de hambre en reivindicación de libertad de expresión, y también para exigir la puesta en libertad de uno de sus miembros.

Protesta cubana en Madrid

La respuesta ante la crisis de la COVID-19 por parte del Gobierno ha sido otra de las grandes motivaciones que han impulsado las protestas. Desde el inicio de la pandemia, el país contabiliza 263.086 contagios y un total de 1.726 fallecidos, 67 de ellos en las últimas 24 horas, el máximo de muertes en un día. Con estos números, los manifestantes aseguran que “el tema sanitario está terrible. No tienen nada que darle a la gente”. “Ha muerto gente sin atención. ¡En un país que se las da de potencia en eso, en sanidad!”, denuncia Lenny X. “Se han enfrentado a la dictadura sabiendo que el coronavirus está en la calle”, remarca Leclere.

En este sentido, Cuba no forma parte del mecanismo Covax, creado por la OMS para el acceso a dosis de aquellos países con ingresos medios y bajos, ni tampoco las ha adquirido en el mercado internacional, sino que desarrolla dos vacunas propias: Abdala y Soberana 02. La primera de ellas recibió la autorización de uso de emergencia, siendo la primera vacuna latinoamericana contra el coronavirus, mientras que la segunda sigue en prueba.

“Si algo tiene nuestra revolución, es que no se ha revolucionado”.

Otra de las razones ha sido el surgimiento de una nueva generación, los nietos de la época revolucionaria, jóvenes mucho más formados y alejados “del adoctrinamiento”. Sin embargo, el factor decisivo que ha marcado las movilizaciones ha sido internet. Decenas de manifestantes transmitieron en directo las movilizaciones de San Antonio de los Baños, y a través de las redes se han tejido todos los hilos de la oposición, tanto dentro como fuera del país. “Ahora se puede filmar y documentar todo lo que está sucediendo”, apunta Fran. Por este motivo, el Gobierno cortó el acceso a la red y dificulta todo tipo de conexiones con la isla, unas conexiones que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, estudia restaurar.

Díaz-Canel y el resto del Gobierno cubano ha dirigido todas las críticas a Estados Unidos. El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, declaró que Washington “a veces veladamente y a veces de una manera pública ha estado llamando, convocando, instigando al estallido social y trabajando de manera desenfadada y de manera encubierta para provocarlo”. En cualquier caso, la recriminación principal es la del bloqueo.

“¿Bloqueo? Pero, ¡¿qué bloqueo?! Si siguen construyendo grandes hoteles opulentos para los turistas. El dinero que Europa le da lo usan en hoteles, en sus cosas... y siguen diciendo que es el bloqueo”, recrimina con vehemencia Lenny X. Lo que existe es un embargo cimentado sobre un amplio ordenamiento jurídico que, en ocasiones, restringe y en otras prohibe la actividad comercial con la isla. Aunque Cuba mantiene en el presente estrechos lazos económicos con Europa e, incluso, con Estados Unidos, su principal exportador de alimentos y medicamentos, la isla sale perjudicada. El problema de fondo, sin embargo, radica en “la pésima gestión y el modelo económico del Gobierno”, según el escritor y periodista cubano Amir Valle. 

“Todo es negativo en Cuba”, asegura Fran. El diagnóstico parece claro: nadie está contento con la situación que atraviesa el país. Sin embargo, para unos el castrismo es la solución; mientras que para otros es el problema en sí mismo. Las complicaciones llegan a la hora de definir qué porcentaje de apoyo tiene cada tendencia, porque detrás del estallido social no parece haber una plataforma definida. Además, la oposición política está laminada por el castrismo. “No pensé que mi pueblo se iba a levantar en armas como se ha levantado, sino me hubiera quedado allá”, reconoce un exiliado desde el centro de Madrid. “Ahora lo estoy sufriendo”.

Coordinador América Latina: José Antonio Sierra

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