El triángulo que conforman Chad, Sudán y Libia está en alerta roja una vez más

El inestable triángulo Sudán-Chad-Libia

Fuerzas de seguridad sudanesas hacen guardia en la capital de Sudán, Jartum - AFP/ASHRAF SHAZLY
photo_camera Fuerzas de seguridad sudanesas hacen guardia en la capital de Sudán, Jartum - AFP/ASHRAF SHAZLY

Este documento es copia del original que ha sido publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos en el siguiente enlace.

El conflicto armado en Sudán, su tercera guerra civil, impacta y se deja alimentar por la inestabilidad reinante en la región, que la convierte en un peligroso polvorín ante el que la opinión internacional se tapa los ojos.

  1. Introducción
  2. Sudán
  3. Libia
  4. Chad
  5. Conclusiones

Existe un sistema de alianzas y servidumbres en la región, que resulta indispensable para el sostenimiento del mercado de combatientes y mercenarios que se refugian en un país u otro a conveniencia.

En este documento de análisis se van a desentrañar las dinámicas regionales de apoyos, riesgos y amenazas particulares y compartidas.

Introducción

No es la primera vez que el triángulo que conforman Chad, Sudán y Libia se incendia, lo que alimenta una situación regional de conflicto latente o directamente abierto. La región ya se tambaleó en 2011 y 2017 y dejó, como una de sus consecuencias, la existencia de un mercado de combatientes transfronterizos que no da tregua.

El conflicto armado en Sudán tiene como fecha de inicio el mes de abril de 2023 con el enfrentamiento de los generales Al-Burhan, que ostenta la jefatura del Estado y de gobierno y ejerce el mando del ejército del país; y Hemedti del lado de los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés: Rapid Support Forces). Los distintos apoyos regionales a uno u otro bando prolongan la guerra, avivan viejas heridas de convivencia y frustran —hasta la fecha— todos los intentos necesarios de alto el fuego para paliar la magnitud de la emergencia humanitaria.

En este documento se van a analizar estas dinámicas regionales: cómo influye el conflicto armado a sus vecinos Libia y Chad, y a su vez, cómo participan estos de manera directa o indirecta en el mantenimiento del mismo.

Por un lado, el general del autoproclamado Ejército Nacional Libio, Khalifa Haftar ha explicitado su apoyo a las RSF sudanesas desde el inicio del conflicto, posicionándose en el mismo bando que Emiratos Árabes y Rusia, y en contra de Egipto. Por su parte, Chad no ha declarado su apoyo oficial a ningún bando. No obstante, Hemedti está relacionado con militares y políticos chadianos, puesto que él mismo es descendiente de nacionales árabes de aquel país, y su familia vive a ambos lados de la frontera.
Estas posiciones ejemplifican la dinámica de la región consistente en apoyar a los grupos rebeldes del país vecino, de forma más o menos explícita, pero también de compartir la situación de inestabilidad y los riesgos y amenazas aparejados a la misma.

Sudán

El enfrentamiento entre los dos generales sudaneses en contienda por el control del Estado retrata la batalla entre la élite político-militar del centro del país, encarnada en el general Al-Burhan; y la élite militar emergente de Darfur, siendo su cabeza visible el general Hemedti, pastor de camellos darfurí.

Es precisamente en la región de Darfur —que tiene el tamaño de España—, donde la creciente intensidad del conflicto de la mano de las victorias de las RSF genera unas dinámicas de violencia que hacen temer un capítulo más en el terror vivido en principios del milenio de la mano de las divisiones étnicas1.

La gravedad de la situación es de tal calado, que el portavoz del secretario general de la ONU se ha pronunciado al respecto, señalando que hay informes que indican la existencia de una violencia a gran escala de tinte interétnico2. En el mismo sentido se ha manifestado3 Josep Borrell aludiendo a una «aparente campaña de limpieza étnica» contra la comunidad masalit no árabe de Darfur Occidental. Con mayor contundencia aún se expresa Adam Mousa Obama, del grupo Darfur Victim Support, que habla de genocidio en la zona occidental de Darfur4.

Libia

Tras la caída y asesinato de Gadafi, Libia se encuentra dividida en dos. A instancias de Naciones Unidas se estableció un gobierno interino en el año 2021, el Gobierno de Unidad Nacional (GNU), con sede en Trípoli, en el oeste de Libia. Mohamed Menfi fue elegido presidente del Consejo Presidencial del Estado de Libia con Abdul Hamid Dbeibé como primer ministro. Este gobierno tenía el encargo de preparar las elecciones presidenciales y parlamentarias que debían celebrarse en diciembre de 2021.

En marzo de 2022, el país se vio fracturado con la formación del Gobierno Nacional de Estabilidad (GNS), administración paralela en el este del país, actualmente bajo la dirección del general Jalifa Haftar. Este recibe el apoyo de Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Rusia. Por su parte, el Gobierno de Unidad Nacional recibe el apoyo de Estados Unidos, la Unión Europea (con la excepción francesa), Turquía y Catar.

La comunidad internacional reconoce el gobierno de Menfi y Dbeibé, pero este convive de facto con el gobierno autoproclamado en el este de Libia. Cada coalición cuenta con sus propias instituciones de gobierno y sus estructuras militares.

En semejante contexto de división y caos, empeorado por las inundaciones que Libia ha sufrido hace tan solo unos meses, conviene situar la influencia en Libia de la guerra en el vecino Sudán y viceversa.

Haftar apoya activamente a Hemedti. Además de la devolución de apoyos prestados en el pasado, a ambos les une su rechazo a la subordinación al poder civil. Este posicionamiento les ha orientado a la creación de una estructura militar paralela tanto en Libia, en el caso de Haftar; como en Sudán, por parte de Hemedti5.

Según el analista Emadeddin Badi6, a estos lazos de lealtad se le suman otros dos elementos: los vínculos de ambos con los tráficos ilícitos en la región de Fezzan, y el apoyo militar que comparten por parte de Emiratos Árabes7. Los dos tienen, además, el soporte del Grupo Wagner ruso8. En líneas generales, los apoyos extranjeros en el conflicto sudanés son los mismos que se involucraron en la guerra libia.

En cualquier caso, parece claro que el apoyo de Haftar a Hemedti podría contribuir a la prolongación del conflicto sudanés que, a su vez, agrava la inestabilidad ya existente en Libia.

Otro elemento por destacar es el hecho de que Haftar puede estar apoyando a Hemedti en contraprestación por la ayuda que este le brindó cuando intentó tomar Trípoli en 2019. Este vínculo ejemplifica la importancia del sistema de alianzas y servidumbres en la región, que resulta indispensable para el sostenimiento del mencionado mercado de combatientes y mercenarios que se refugian en un país u otro a conveniencia. La situación de inestabilidad en la frontera entre Libia y Sudán les beneficia a ambos. En ella reina un profundo vacío de seguridad y una ausencia absoluta de instituciones y servicios. Los distintos grupos armados de ambos países, han explotado estas debilidades afianzándose en esta región y organizando y desplegando operaciones a uno y otro lado de la línea de demarcación.

Uno de los grupos que operan en esta zona, son los Janjaweed, milicia de entre cuyas filas nacieron las RSF. Los militantes de este grupo armado son, desde hace años, aliados de Haftar. Ambos se han ayudado mutuamente a tomar posiciones estratégicas en el sureste de Libia.

En cualquier caso, resulta de especial interés resaltar que, como expone Musa Tehusay9, la paz en Libia se verá afectada negativamente tanto si Hemedti sale victorioso de la contienda como si no. Esto es porque, en este último caso, el sur de Libia vería potenciada su condición de santuario de combatientes al sumarse aquellos derrotados en el conflicto sudanés. En caso de victoria de las RSF, la situación no sería muy diferente puesto que es previsible que Hemedti fortalezca su apoyo a aquella región a la que tanto debe.

Ante la posibilidad de una prolongación del empate táctico que alargaría la duración del conflicto, es esperable que el sur de Libia fortalezca su papel de retaguardia de las RSF, en especial de apoyo logístico, lo que sin duda empeoraría las deterioradas condiciones de seguridad de esta zona. Esta situación de inseguridad con visos de agravamiento independientemente de cómo discurran los acontecimientos, dificulta, además, la posibilidad de celebrar elecciones en Libia10.

Chad

El tercer país ligado a la situación de conflicto de esta región es la República del Chad. Su papel en este triángulo es el de receptor de retornados y refugiados de sus vecinos, de Sudán mayoritariamente. Además, desde su independencia colonial, Darfur ha sido refugio para los rebeldes chadianos. Se completa, de este modo, el triángulo fronterizo que alberga a rebeldes de una procedencia u otra al otro lado de la demarcación.

Antes de que estallara el conflicto armado, Sudán acogía a una de las mayores poblaciones de refugiados del continente. Estos migrantes, acompañados por nuevos movimientos, en su mayoría de mujeres y niños, provocados por la guerra, buscan refugio principalmente en el vecino Chad. Por este motivo, la escalada de violencia en Sudán ha desembocado en una crisis humanitaria de altas proporciones también en el país vecino. Las cifras oscilan mucho según informa una organización u otra. ACNUR calculaba, a finales del mes de julio de 2023, que más de 2 millones de personas habían huido en busca de refugio seguro desde el inicio del conflicto. De esa cifra, tres cuartas partes se calcula que son desplazados internos y el resto refugiados y retornados11.

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El polígono regional de inestabilidad que se retroalimenta se amplía con el concurso del país más joven del mundo. Sudán del Sur también sufre la avalancha de refugiados y retornados.

Las más de 50 organizaciones humanitarias presentes en Sudán del Sur están al borde del colapso porque no tienen fondos para cubrir las necesidades de tanta gente en un lugar tan desprovisto de todo: solo se ha concedido el 10 % de los 1.238 millones de euros solicitados en 2023 para esta emergencia humanitaria. No es una crisis mediática.

«Lo que estamos viendo es una falta de respuesta absoluta», advierte Dominique Hyde, directora de relaciones externas del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Además de la desproporcionada crisis de refugiados, Chad convive con otros riesgos y amenazas. Una de ellas es la inestabilidad política. El presidente Mahamat Déby Itno ostenta el cargo de manera provisional tras la muerte de su antecesor, que era su padre, en 2021. Esta transicionalidad se alarga al mismo ritmo que lo hace la sombra del descontento y su represión. Existe un foco de conflicto abierto desde el mes de mayo en la región de Tibesti con grupos armados en esa zona y también en el norte de la vecina República Centroafricana. Otra amenaza más es la vivida en la frontera occidental, tras el golpe de Estado en Níger.

La inseguridad socioeconómica es otra de las grandes lacras que sufre Chad. A pesar de tener abundantes recursos naturales y una población relativamente pequeña —17 millones de personas—, no abandona los últimos tres puestos del Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas12.

La región es actualmente un polvorín. A los condicionantes de inestabilidad ya señalados, se suma la situación de inseguridad de la frontera entre Sudán y Chad, que abarca 1.400 kilómetros.

Ya desde la independencia de Chad, grupos de rebeldes chadianos encontraban refugio en Darfur. Destaca el hecho de que, antes de dar el golpe de Estado que le dio el poder en 1990, Idriss Déby y su milicia tenían su base de operaciones en Darfur. A su vez, en ocasiones, Chad ha dado cobijo a grupos rebeldes darfuríes, como en la época del anterior presidente Idriss Déby.

La inestabilidad que provocaba este intercambio de apoyos, provocó que en 2010 Sudán y Chad encontraran indispensable firmar un pacto de no agresión que, si bien, sigue vigente en el nivel político, no lo es en una escala más informal debido a las conexiones de clanes y a los favores debidos entre un lado y otro de la frontera13. Es muy probable que por dicho pacto y el deseo de no enfrentarse a su vecino, el gobierno de Déby haya elegido no declarar oficialmente su apoyo a ninguno de los dos bandos de la contienda sudanesa y se presente como mediador en la misma.

El conflicto armado sudanés posibilita crecientes oportunidades, no solamente para los rebeldes chadianos, sino para las fuerzas opositoras y terroristas de toda la región. En Libia encuentran cobijo grupos chadianos, fundamentalmente del grupo étnico Goran y combatientes árabes. En 2021, el líder del grupo rebelde Front for Change and Concord in Chad, Mahamat Mahadi Ali, organizó una incursión a Chad desde su refugio en el sur de Libia. Aunque su ataque fue repelido, quedó patente la fuerza de este grupo y las posibilidades que ofrece la inestabilidad regional para este tipo de actuaciones. Este grupo podría estar contando con el apoyo del Grupo Wagner. A su vez, en Chad se refugian militantes de grupos terroristas como Boko Haram o Estado Islámico del África Occidental.

La situación de inestabilidad de Libia se ofreció como el refugio que habían perdido estos grupos tras el mencionado acuerdo de paz de 2010 entre Chad y Sudán. En dicho acuerdo, estos dos países se comprometieron a no apoyar a los grupos armados de su vecino. No obstante, la situación de conflicto y caos en Sudán, y de manera especial en Darfur, posibilita la reubicación de estos grupos en Chad. Su proximidad a la capital, Djamena, podría facilitar el desarrollo de incursiones para el aprovechamiento de mercados ilícitos como el de armas14, drogas, combustible o vehículos.

Conclusiones

El triángulo que conforman Chad, Sudán y Libia está en alerta roja una vez más. Las dinámicas de apoyo entre los grupos armados de uno u otro país les hacen poderosos y extraordinariamente nocivos para la estabilidad y el bienestar de la población. La situación regional es de conflicto permanente de desigual latencia.

Es apropiado hablar ya de la tercera guerra civil sudanesa. También es correcto hablar de un nuevo genocidio en Darfur. Y no conviene olvidar la magnitud de la crisis humanitaria regional que está siendo ignorada.

Cuanto más se permita, por acción e inacción de la comunidad internacional, que se prolongue el conflicto en Sudán, más probabilidades hay de que actores como los grupos rebeldes regionales o los mercenarios rusos se beneficien y fortalezcan a costa de cientos de vidas humanas.

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Las perspectivas de futuro no se presentan halagüeñas para la región. Sirva de ejemplo el caso de Chad. Una victoria de Hemedti haría peligrar el papel supuestamente transicional del presidente chadiano Déby, pero también su derrota, puesto que los chadianos árabes podrían intentar tomar el poder. Y en ningún caso parece real un escenario en el que Hemedti renuncie a Darfur, cuyo oro es el sustento de su fuerza.

El mismo día de cierre de este trabajo, 4 diciembre de 2023, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha puesto fin a la misión política UNITAMS en Sudán a petición de su gobierno.

No hay visos de pronta resolución del conflicto y eso contribuirá, sin duda, a que se agrave aún más la situación de inseguridad en toda la región. Como apuntábamos al comienzo de este trabajo, la región es un peligroso polvorín.

Blanca Palacián de Inza*
Analista del IEEE

Referencias:

1 INTERNATIONAL CRISIS GROUP. «Sudan’s Collapse and the Demise of Peacemaking». Podcast. 10/11/2023. Disponible en: Sudan’s Collapse and the Demise of Peacemaking | Crisis Group
Nota: Todos los enlaces están activos con fecha de 4 de diciembre de 2023.
2 AGENCE FRANCE-PRESSE. «L’ONU s’inquiète de l’« escalade » des violences interethniques au Darfour», La Presse. 4/12/2023. Disponible en: La Presse
3 AGENCE FRANCE-PRESSE. «EU 'Appalled' By Reports 1,000 Killed In Darfur». 12/11/2023. Disponible en: Barron's
4 AHMED, Kaamil y SALIH, Zeinab Mohammed. «Sudan’s cycle of violence: ‘There is a genocide going on in West Darfur’», The Guardian. 21/11/2023. Disponible en: Sudan’s cycle of violence: ‘There is a genocide going on in West Darfur’ | Global development | The Guardian
5 TASCI, Ufuk Necat. «Haftar and Hemedti: Two sides of the same coin», The New Arab. 1/5/2023. Disponible en: Haftar and Hemedti: Two sides of the same coin (newarab.com)
6 Emadeddin Badi es investigador y analista político en Atlantic Council.
7 TASCI, Ufuk Necat. Op. cit.
8 CENTER FOR PREVENTIVE ACTION. «Civil Conflict in Libya». 19/9/2023. Disponible en: Civil Conflict in Libya | Global Conflict Tracker (cfr.org)
9 Musa Tehusay, investigador libio especializado en África.

10 AGENZIA NOVA. «Sudan, analysts at "Nova": this is why the conflict could also have repercussions in Libya». 21/4/2023. Disponible en: Sudan, analysts at "Nova": this is why the conflict could also have repercussions in Libya (agenzianova.com)
11 ACNUR. «Sudán: el país olvidado que sigue en guerra». 25/7/2023. Disponible en: Sudán: el país olvidado que sigue en guerra | eAcnur
12 Información disponible en: https://hdr.undp.org/
13 PICCO, Enrica. «The Fallout in Chad from the Fighting in Darfur», International Crisis Group. 10/8/2023. Disponible en: The Fallout in Chad from the Fighting in Darfur | Crisis Group
14 MICALLEF, Mark et al. «After the storm: Organized crime across the Sahel-Sahara following upheaval in Libya and Mali», Global Initiative Against Transnational Organized Crime. 2019. Disponible en: After_the_storm_GI-TOC.pdf (globalinitiative.net)

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