Las mujeres de Daesh

Isabel García García

Desde la autoproclamación del Califato en Siria e Irak en junio de 2014 se ha producido una sorprendente fuga de mujeres occidentales hacia los territorios controlados por Daesh. Son, aproximadamente, 550 las mujeres que han decidido abandonar su residencia en países como Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda o España y han buscado otra forma de vida, regulada bajo la estricta interpretación de la sharia, en una zona en la que las bombas y la violencia explícita están a la orden del día.

Su edad, clase social, nivel cultural o razones para viajar varían de unos casos a otros y por este motivo es difícil establecer un único patrón que logre identificar a estas mujeres  para que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado puedan anticiparse a sus intenciones. Entre las que han iniciado la hijrah (término que alude a la migración llevada a cabo hacia Siria e Irak) se pueden encontrar jóvenes con niveles educativos altos y provenientes de hogares de clase media estructurada, pero también hay casos de chicas que han tenido dificultades en los estudios o se han criado en entornos de bajo nivel socioeconómico. Y, aunque la mayoría de ellas son de familias musulmanas moderadas, también hay casos de mujeres convertidas al islam.

Una vez en su destino, tal y como indicaba un manifiesto hecho público por Daesh a principios de 2015, las jóvenes tienen prohibido participar activamente en los combates. Sin embargo, y con el propósito de detectar a los hombres que se disfrazaban con ropa de mujer para eludir los chequeos de Daesh, surge en 2014 la brigada Al-Khansaa, que ha evolucionado hasta convertirse en una especie de policía femenina que se encarga de castigar las conductas consideradas inmorales de las mujeres dentro del Califato.

No obstante, la participación femenina occidental en el terrorismo yihadista no surge con Daesh, sino que tiene sus antecedentes en varias figuras. Este es el caso de la española Raquel Burgos García, viuda de Amer Azizi, uno de los hombres que organizó el atentado del 11 de Marzo, y que actualmente ha vuelto a casarse con un líder de Al Qaeda. No es el único, la belga Muriel Degauque inundaba las portadas de los principales periódicos occidentales después de que se inmolara en Irak en el año 2005; se trataba de la primera terrorista suicida europea. Y sin salir de la región, destaca el caso de Malika el Aroud, una marroquí afincada en Bélgica desde niña y que fue una de las prominentes figuras que utilizó Internet como medio para reclutar y propagar sus ideas radicales.

La construcción del Califato

Ha sido la autoproclamación del Califato lo que les ha dado otro rol que desempeñar aparte de apoyar a la yihad a través de las redes sociales y que ha supuesto un gran factor movilizador que no se ha visto en otro tipo de conflictos como en el de Irak o Afganistán. Poder desplazarse a un territorio conquistado les ha permitido a las mujeres desempeñar su principal función: ser las madres de la nueva generación de yihadistas y participar en la construcción de esta nueva visión de la sociedad regulada bajo la estricta interpretación de la sharia que ellas comparten. Esta nueva generación de niños, criada entre derramamientos de sangre y crucifixiones, está siendo adoctrinada para perpetuar esta concepción de vida. Su integración de nuevo en la sociedad será, sin duda, uno de los retos más importantes a los que se enfrentará la Comunidad Internacional en un futuro no tan lejano.

Sin embargo, una vez que las mujeres alcanzan su destino y pasan un periodo de prueba pueden ejercer otros roles, además del de ser madres. Y es que, siempre y cuando este  papel no se vea menoscabado, las mujeres pueden ocupar cargos dentro de hospitales o colegios, impartiendo clase o suministrando cuidados a personas de su mismo género. Esta circunstancia puede explicar el número de casos de mujeres occidentales con estudios que se han marchado a estos territorios. El propio grupo terrorista suele anunciar el comienzo de estos programas para formar a mujeres que no tengan preparación previa en dichas materias y las redes sociales suelen ser uno de los canales que utilizan para dar a conocer dichas actividades.

La propaganda Muhajirah

Y es que Daesh se ha dado cuenta que necesita a mujeres para construir esa nueva sociedad que predica y su interés en reclutarlas ha ido en aumento. Por este motivo, y desde hace ya varios números, les dedica una sección en su revista de cabecera ‘Dabiq’, publicación en la que da consejos a las mujeres para llevar a cabo la hijrah o en la que justifica la violencia de sus acciones a través de la religión. Sin embargo, las propias mujeres también son muy activas en la red y uno de los canales que más éxito está demostrando tener en la difusión de sus mensajes debido a su naturaleza es Twitter. Éstas, que se describen en sus perfiles sociales como muhajirah (que significa mujer migrante) vuelcan cuatro principales mensajes para intentar aglutinar la voluntad de las más jóvenes.

En primer lugar, les muestran una imagen idílica y edulcorada de la realidad que se está viviendo en Siria e Irak. Apoyan esta idea a través de imágenes de restaurantes, paisajes bucólicos o comida occidental como pizza o chocolatinas de marcas estadounidenses. Además, siempre utilizan un lenguaje cariñoso entre ellas; es recurrido el término ‘hermana’ para interpelarse y siempre aluden al concepto de comunidad. De tal manera, que cuando una joven tiene dudas sobre abandonar a su familia y marcharse a una de las zonas más peligrosas del mundo a miles de kilómetros de distancia, siempre lo hará más segura pensando que se encontrará con una nueva familia en los territorios controlados por Daesh.

Esta propaganda onírica, nueva en un grupo terrorista y que es más difícil de paliar, también juega con el carácter romántico de casarse con un combatiente. Aunque la prensa ha bautizado a estas mujeres migrantes con el término de “las novias de la yihad” de manera un tanto reduccionista, es cierto que en numerosas ocasiones pueden verse mensajes en los que se alude al orgullo que supone contraer matrimonio con un yihadista valiente y que se juega la vida, según sus creencias, por salvar a la Ummah o comunidad musulmana. Y es que bastantes jóvenes como la australiana Zehra Duman, la británica Khadijah Dare o la española Aisha Ahmed decidieron marcharse una vez que establecieron contacto con un combatiente a través de las redes sociales.

Internet se ha convertido en un nuevo canal de reclutamiento y las mujeres están demostrando que tienen un rol muy activo dentro del mismo, como se ha visto en las últimas detenciones en España, tanto en la difusión de propaganda como a la hora de integrarse en las redes de captación. Por el momento, aún es pronto para determinar el alcance o la evolución que tendrán las mujeres dentro del Califato, pero lo que sí se puede afirmar es que éstas están adquiriendo cada vez más un papel protagonista dentro del entramado de Daesh y que deben dejar de ser consideradas, simplemente, como “las novias de la yihad”.

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